miércoles, 17 de junio de 2026

Jerez no sólo fue receptor: también fue un centro creador de formas. ¿Dónde está la novedad?

Continúa David Caramazana Malía, seguramente confiado en elevadas promesas profesionales que le ha debido de realizar su director de tesis, publicando artículos sin ton ni son en eso que llamamos "revistas de impacto". En el que acaba de sacar este mismo mes de junio aprovecha una vez más, en esa obsesión que tiene hacia mi persona, para poner en entredicho todo mi trabajo. Es respetable que esté en desacuerdo con mis ideas, pero lo que no voy a dejar es que mienta. Observen, observen lo que escribe (el subrayado es mío).
"Tratando de explicar la originalidad de la arquitectura jerezana bajomedieval, algunos investigadores han expuesto la teoría de un posible contacto con maestros cordobeses en el siglo XIV (López Vargas-Machuca, 2014, pp. 64-99). No obstante, las características técnicas y elementos constructivos de este taller jerezano-portuense, que llegó a influir fuera de sus fronteras y cuyos oficiales al frente alcanzaron la maestría mayor de la catedral de Sevilla desde el siglo XV, no parece ser un mero centro receptor de formas; a menos que se demuestre por medio de otros enfoques metodológicos o documentales. Consideramos necesario seguir profundizando en la revisión documental del período (Martínez de Aguirre, 1989, pp. 15-32, 1991, pp. 11-28; Caramazana Malia, 2023, pp. 335-369, 2024, pp. 35-60)."
Pues bien, la idea central de mis investigaciones consiste precisamente en defender que, partiendo de esquemas y formas decorativas que había llegado desde la Córdoba del Trescientos, añadiendo elementos nazaríes del otro lado de la frontera y contando con una figura misteriosa que conocía el diseño de la bóveda de terceletes, Jerez de la Frontera fue un centro creador de fórmulas que allá por el primer tercio del siglo XV eran la punta de lanza del gótico en el Bajo Guadalquivir; fórmulas que influyeron de manera decidida en Sevilla, toda vez que en la capital de la archidiócesis se había perdido la tradición del corte de la piedra y recurrieron a maestros de nuestra ciudad cuando allí se decidió renovar el panorama edilicio. Llevo con ello desde la "tesina" sobre el Convento de Santiago de la Espada allá por 1996 hasta el breve artículo de síntesis presentado en 2024 en la Revista del Ateneo de Jerez, artículo que se justo llama (¿se entera, señor Caramazana?) Jerez de la Frontera y el Gótico-Mudéjar: un centro creador (descarga). El autor citado no defiende una idea nueva, sino aquella misma en la que yo llevo insistiendo unos cuantos lustros. 


Quien lo desee puede leer la mayoría de las publicaciones que he realizado haciéndolo desde la web de Academia. Ahí encontrará lo sustancial de mi aportación, incluyendo lo referente a Santiago de la Espada, La Cartuja de Sevilla y La Rábida. Caramazana las conoce al dedillo, porque su antiguo director de tesis fue quien había comenzado no pocos años atrás a dirigir la mía, en su momento le pasé mis trabajos y le ayudé todo lo que pude cuando comenzaba sus investigaciones. Luego se dejó llevar por quienes posiblemente le garantizaron ascenso rápido: decidió no solo cortar la amistad conmigo, sino también hacerme en sus artículos una poco científica damnatio memoriae para presentarse –no está muy lejos de Borrego Soto en su actitud– como el "gran renovador" de su campo de estudio. Que no haya más que él, salvando a sus íntimos amigos y facilitadores de documentación.

Miren ustedes, las investigaciones que este señor ha realizado serán más o menos válidas –a mi entender, desafortunadas las más recientes–, pero lo que resulta de todo punto inadmisible es que presente como idea suya propia el principal resultado del trabajo que he realizado durante estas tres últimas décadas, al tiempo que mienta sobre el contenido del mismo (¿cuándo he dicho yo que Jerez sea un mero centro receptor de fórmulas, si defiendo justo lo contrario?) y lo ningunee o lo oculte sin el menor reparo. No solo lo que hace va en contra del método científico: es que desde el punto de vista ético es inaceptable. ¡Y este señor, como profesor de secundaria que es, tiene que transmitir a sus alumnos el concepto de la probidad académica! Así nos va.

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