"Tratando de explicar la originalidad de la arquitectura jerezana bajomedieval, algunos investigadores han expuesto la teoría de un posible contacto con maestros cordobeses en el siglo XIV (López Vargas-Machuca, 2014, pp. 64-99). No obstante, las características técnicas y elementos constructivos de este taller jerezano-portuense, que llegó a influir fuera de sus fronteras y cuyos oficiales al frente alcanzaron la maestría mayor de la catedral de Sevilla desde el siglo XV, no parece ser un mero centro receptor de formas; a menos que se demuestre por medio de otros enfoques metodológicos o documentales. Consideramos necesario seguir profundizando en la revisión documental del período (Martínez de Aguirre, 1989, pp. 15-32, 1991, pp. 11-28; Caramazana Malia, 2023, pp. 335-369, 2024, pp. 35-60)."
Fernando López Vargas-Machuca: artículos sobre arte medieval y alguna cosilla más
miércoles, 17 de junio de 2026
Jerez no sólo fue receptor: también fue un centro creador de formas. ¿Dónde está la novedad?
viernes, 5 de junio de 2026
No, la Torre de la Atalaya no ocupa el solar de un alminar
Considero que los dos últimos artículos de David Caramazana Malía, ambos en torno al Jerez islámico, resultan particularmente desafortunados, toda vez que –cualquiera que sepa de qué va el asunto se da cuenta de ello– se encuentran en buena medida estimulados por su manifiesta necesidad de llevar la contraria a las cosas que hemos escrito otros recientemente, esto es, de revelarse como "descubridor de la verdad" frente a la presunta torpeza de los demás. Ello le lleva no solo a incurrir en ejemplos de mala praxis científicas, en él habituales –sobre todo a la hora de citar– desde que cambió de director de tesis, sino también a lanzar hipótesis pobremente argumentadas.
En este blog ya he dicho que ando en exceso ocupado como para desmontar semejantes propuestas, entre ellas la llamativa –por la muy deficiente lectura de las fuentes gráficas– que se refiere a la orientación de la mezquita aljama reconvertida en colegial. Tengo una serie de publicaciones sobre arte y música que andan haciendo cola, así que Jerez tendrá que esperar. Sin embargo, en su artículo Las mezquitas de Saris Siduna (enlace) hay una hipótesis insostenible que está empezando a encontrar cierto eco, así que me corresponde dejar las cosas claras antes de que el asunto vaya a más.
La afirmación (p. 26) hace referencia a la Torre de la Atalaya:
"Todavía conserva su disposición original adosada a la nave del Evangelio de la parroquia del patrón. Si bien la historiografía (...) ha documentado con solvencia esta construcción civil cristiana a mediados del siglo XV, no podemos olvidar que la iglesia que linda con ella presenta numerosos argumentos para ser la primera aljama de la ciudad. ¿Se trata de otra torre cristiana que ocupó el solar de un primitivo alminar? Su ubicación cuadraría también con la normal disposición de los alminares en las inmediaciones de los patios de abluciones."
Como Caramazana probablemente sabe, fue Diego Angulo allá por 1932 quien observó agudamente que la torre se encuentra levantada recreciendo dos contrafuertes de la cabecera de la nave del Evangelio. Cualquiera que entre en la plata baja lo puede comprobar a simple vista. De esa circunstancia sacó don Diego la conclusión de que la torre por fuerza había de ser posterior a la iglesia. En 1999 hice una corrección a esa idea: la torre no tenía que ser posterior a toda la iglesia gótico-mudéjar, sino tan solo al referido ábside, que pude clasificar entre la primera arquitectura cristiana de la ciudad, y por ende como resto de un primer San Dionisio que se integraría en la nueva obra gótico-mudéjar de la primera mitad del Cuatrocientos. La tesis doctoral de José María Guerrero Vega, quien realizó planimetrías y análisis paramentales, confirmó esta circunstancia.
La cuestión es que la torre es, forzosamente, posterior al lienzo mural del que su primer cuerpo se aprovecha. Las dimensiones de la planta de la torre, por tanto, se encuentran condicionadas por la obra gótica previa. El ábside condiciona la torre, no al revés. Cuando los castellanos levantaron esta cabecera cubierta con crucería ningún alminar debía levantarse en el sitio que ocupa nuestra Torre de la Atalaya, por la sencilla razón de que la erección del ábside y sus contrafuertes se hubiese visto condicionada por la presencia de esa presunta torre islámica. Los contrafuertes no se adosaron a nada previo. Estaban libres haciendo lo que les corresponde, reforzar el muro. Y que nadie piense que las primeras hiladas que dan a la Plaza Plateros pudieron ser de tiempos islámicos, porque los signos de cantero minuciosamente estudiados por Guerrero Vega –se pueden ver junto a la Piedad de Diego Felices de Molina– dejan claro que estas son del siglo XV.
Otra cosa muy distinta es que en algún punto del espacio adyacente al muro del lado del Evangelio pudiese haberse situado un alminar de la mezquita desaparecida; que este pudiera ser reutilizado como torre cristiana; y que una vez realizada la gran reforma gótico-mudéjar se eliminase la construcción inicial y se la sustituyese por la Torre de la Atalaya. En ese caso, la construcción de esta última no se realizaría fundamentalmente para colocar el primer reloj público de la ciudad, como ha afirmado Manuel Romero Bejarano, sino para reemplazar un elemento emblemático que ya sufriría varios siglos de antigüedad. De acuerdo, cabe tal posibilidad.
Todo ello en el caso de que realmente hubiese alminar en la referida mezquita, claro está, porque solo las que tenían categoría de aljama tenían la obligatoriedad de levantarlo. La hipótesis de Laureano Aguilar de que aquí estuvo la primitiva aljama de Sharish, que ahora Caramazana defiende de manera denodada, cuanta con interesantes argumentos a favor y resulta plausible, pero quien a ustedes se dirige encuentra más fuertes aquellas consideraciones que conducen a pensar que esta función la ejerció siempre aquella otra mezquita cuyos restos han aparecido junto a la actual Catedral; es la hipótesis que sostiene Borrego Soto.
En realidad, de la mezquita de San Dionisio lo único que sabemos es que el patio debió de estar en la zona de la Calle Luis Bellido, que la quibla coincidiría más o menos con el muro de la Epístola y que, por ende, estaba muy mal orientada hacia La Meca, compartiendo parecida orientación a la mezquita que habría en San Marcos. Ya está. Luego uno puede dejar volar su imaginación. Que si en la época almohade hubo mezquitas especialmente mal orientadas –empezando por la nueva aljama de Sevilla–, que si las muy originales formas mudéjares de San Dionisio –nadie ha encontrado aún una explicación para sus pilares– pudieran ser un reflejo de una mezquita levantada aquí precisamente en tiempos de los unitarios, que si a lo mejor fue entonces cuando la Plaza Plateros adquirió mayor vigor como centro de actividad comercial de la ciudad, pero no se quiso privar de su calidad de aljama a la que estaba por allá abajo...
Para elucubrar siempre hay tiempo, pero lo único que considero posible afirmar de esta mezquita es lo referido a su deficiente orientación. Nada de cronología, de torres ni de todo lo demás. Debe imponerse la prudencia frente a la tendencia a ir lanzando afirmaciones categóricas. Ya lo decía Marx, Groucho Marx: es mejor guardar silencio y parecer idiota que abrir la boca y confirmarlo.
miércoles, 29 de abril de 2026
Manuel Esteve Guerrero: un fascista mediocre y deshonesto
Anuncia el Centro de Estudios Históricos Jerezanos la nueva edición de sus antaño admirables y hoy muy venidas a menos Jornadas de Historia de Jerez que organiza el señor Ramón Clavijo, ese mismo que con muy educadas y exquisitas maneras ha escrito las misivas con las que la referida institución me ha dado continuas patadas en el culo. Título de la nueva entrega: "El arqueólogo Manuel Esteve Guerrero. Su legado cincuenta años después".
Lo dije en público ayer mismo por la parte, sin mencionar su nombre, en el Palacio de Villapanés. Lo pongo hoy aquí más clarito. Manuel Esteve Guerrero fue un intelectual de manifiesta grisura, además de una persona profundamente deshonesta con profesionales a los que no llegaba a la altura del betún. Ahí está el caso Hipólito Sancho, que tuve la ocasión de destapar hace años para desesperación del señor Clavijo; caso que explica que los estudios de Historia del Arte en Jerez avanzaran escasamente durate los años cincuenta, sesenta y setenta, toda vez que su muy tramposa segunda edición de la Guía Oficial de Arte hizo creer a muchos investigadores que en ella estaba recogidas las aportaciones hasta entonces realizadas. No lo estaban: faltaba casi todo lo de Hipólito. No echemos balones fuera y digamos que este fenómeno se produjo por el desinterés del profesorado universitario de la época, desinterés que ciertamente también existió. Esteve fue culpable, uno de los culpables, porque engañó intelectualmente a quienes se acercaban a investigar nuestro patrimonio.
Miren ustedes, si ese señor ocupó los cargos que ocupó fue únicamente porque encajaba con el perfil que buscaban las autoridades locales de la dictadura: alguien que, teniendo cierta experiencia dentro de determinados ámbitos profesionales, fuera un fascista de libro. Recuerden que don Manuel tenía permiso para portar pistola por aquello de su inquebrantable adhesión al Movimiento.
¿Hay que estudiar lo que hizo Esteve como presunto arqueólogo? Puede que sí, con las correspondientes publicaciones científicas que analicen con total imparcialidad sus méritos o deméritos en Asta Regia. Pero dedicarle estas Jornadas no es hacer eso, sino rendirle un homenaje en toda regla. Un homenaje a la imposición y el triunfo de la mediocridad en la más gris etapa de la historia de nuestra ciudad. Todo a la altura, eso sí, de los defensores de su más que dudoso legado, que no son otros que algunos miembros de la actual cúpula del CEHJ.
Me parece que debo repetirme: una de las mejores cosas que le puede pasar a la cultura en Jerez es que esa institución, hoy bochornosamente absorbida y controlada por el Museo Arqueológico para servir a los intereses de Barrionuevo y su selectísimo lobby de deudores y aduladores, es que se disuelva inmediatamente y dé paso a un nuevo organismo dirigido por personas mucho más rigurosas, honestas y trabajadoras.
lunes, 30 de marzo de 2026
Aquí va la conferencia sobre Bernini
Va dedicada a ese señor que, me consta, anda arguyendo cosas increíblemente bizarras -por usar un término muy suyo como excusa para dejarme fuera de todas las conferencias que organiza; la mayoría de las cuales tienen a él mismo como protagonista, dicho sea de paso-. Y también se la dedico a los señores de la cúpula del CEHJ -señores y señora, no me olvido de la ilustre doña Carmen Raimóndez- que decidieron darme el puntapié por considerarme indigno de semejante institución. No, no cuela eso de que yo soy el malo de la película: lo que he hecho en las redes sociales es defenderme, con toda la dureza que las circunstancias han demandado, de las continuas insidias de un Miguel Ángel Borrego Soto dispuesto a rebasar todos los límites con tal de quitarse de en medio a quienes considera que le hacen sombra.
Venturosamente, el tiempo los pondrá a todos en su sitio. O ya los está poniendo: tras la conferencia tuve la oportunidad de exponer al abundante público esta situación, y me parece que se sacaron conclusiones bastante lógicas. Esta cúpula del CEHJ pasará a la historia, pero no por las razones que a sus miembros les gustaría.
jueves, 26 de marzo de 2026
Un derecho y un deber
Me hizo muy feliz el pasado martes 24 Ateneo Siglo XXI dándome la oportunidad de hablar, en el Palacio de Villapanés, sobre la escultura de Gian Lorenzo Bernini. Me ha permitido hacer lo que más me gusta: compartir las cosas que me interesan, plantear las preguntas que yo mismo me hago, intentar entusiasmar con lo que me entusiasma, abrir puertas a quienes quieren recorrer senderos... Todo ello en un momento en el que he caído en desgracia ante los que manejan los hilos de la cultura en Jerez: no es ninguna casualidad que en los últimos años no haya impartido ninguna conferencia pública -otra cosa son las asociaciones de mayores, cuyas charlas son de carácter semiprivado- en esta ciudad. Mi última intervención sobre arte fue en el Palacio Ducal de Sanlúcar de Barrameda, hace un par de años. El Ayuntamiento ya hace tiempo que me vetó. Bueno, el Ayuntamiento no, sino el técnico de Cultura que se encarga de organizar conferencias: Manuel Romero Bejarano. Luego están el Centro de Estudios Históricos Jerezanos y el Museo Arqueológico, instituciones en teoría independientes que andan unidas de facto bajo la dirección de Francisco Barrionuevo. ¿Pueden creer que en los treinta años que llevo investigando Ramón Clavijo jamás me ha reclamado para una conferencia en sus Jornadas de Historia de Jerez? El último en dejarme fuera ha sido Javier Jiménez López de Eguileta en el curso sobre historia y patrimonio que ha organizado para la diócesis. Igualmente ha sido marginada por este último, y por todos los arriba citados, la doctora Esperanza de los Ríos Martínez, a la que venturosamente también ha podido recuperar Ateneo Siglo XXI: la escucharemos el mes que viene hablando de José de Arce.
Todo esto me lleva a una cuestión central que expuse al finalizar la charla: hay mucha gente en Jerez perfectamente preparada para hablar de cosas que son de interés general. Cosas que no son, necesariamente, aquellas sobre las que uno ha investigado. Está muy bien que quienes estudiamos historia y patrimonio expliquemos aquello que hemos descubierto y tal. Está mejor aún que los jerezanos quieran conocer su ciudad. Pero resulta cansino, por no decir egoísta, que quien a ustedes dirige hable tan solo del mudéjar, Fulanito sobre tal tema y Menganita sobre aquel otro.
Por eso mismo quise centrarme en Bernini, decisión que habrá desconcertado a algunos. Podría haberlo hecho, porque me dieron carta blanca, sobre cómo la iglesia de La Rábida es obra del taller gótico-mudéjar en Jerez y fue costeada por el I Duque de Medina Sidonia: es investigación propia, la conferencia estaba preparada -la que ofrecí en Sanlúcar- y hubiera quedado bonita. Pero tenía razones de peso para dedicar la charla al genio de la escultura. Primero, porque me encanta. Segundo, porque necesitaba desencasillarme y quería aprender cosas nuevas, en este caso viajando otra vez a Roma y leyendo mucho. En tercer lugar, y no menos importante, porque hay muchísimas personas -quedó demostrado por la enorme afluencia de público- que quiere saber más sobre los grandes de la historia del arte, o sobre historia en general. No todo puede ser Jerez y su mundo. Hay demanda por saber más, qué sé yo, sobre la Acrópolis de Atenas, las Cruzadas, la Conquista de México, Cervantes, el alzamiento de Riego en Las Cabezas o la pintura del Expresionismo.
Considero que hay restringir a los espacios adecuados esa dinámica del investigador que presenta a otros investigadores sus últimos descubrimientos manejando un código inteligible solo para el círculo de especialistas. Eso es lo apropiado en un congreso o en unas jornadas. Lo es también en el espacio de "la pieza del mes" que organizan muchos museos, entre ellos el jerezano. Pero la inmensa mayoría de las personas demandan también que se les dé acceso a los grandes temas de la cultura. ¿Por qué demonios no puede nuestro Museo Arqueológico organizar al mismo tiempo charlas sobre qué son la revolución neolítica o el megalitismo, pongamos por caso? ¿Acaso supone eso "rebajar" el nivel de exigencia intelectual a un investigador? Me temo que hay gente que así lo piensa. Una vez le pedí a un profesor universitario que publicase un resumen de su voluminosa tesis doctoral. La respuesta fue contundente: "yo no tengo que hacer divulgación, quien quiera conocer mis aportaciones que se lea las dos mil páginas". Fue el mismo catedrático que me dijo, literalmente, que los profesores de instituto no tenemos por que investigar, que a nosotros el estado nos paga por impartir clases a alumnos de secundaria.
Sintiendo repugnancia ante tan clasista posicionamiento, soy de los que piensan que los historiadores tenemos que "bajar a la tierra", apartarnos de medalleos que parecen intercambios de cromos -yo te la pongo a ti y tú dos años más tarde me la pones a mí-, olvidarnos de conferencias impartidas en tono épico que recuerdan a pregones, dejar de organizar ciclos para que nosotros mismos y nuestros amiguetes presentemos nuestros "grandes descubrimientos" -ahí está el exclusivo chiringuito que se ha montado Miguel Ángel Borrego Soto ad maiorem gloriam suam-. Lo que tenemos que hacer es ponernos el mono de trabajo, prepararnos aquellos temas que los amantes de la cultura quieren conocer y ofrecérselo en las mejores condiciones posibles. Descender a la tierra y realizar divulgación de los temas que haga falta no es solo un derecho que tenemos los investigadores frente a aquellos que piensan que determinados temas son de su propiedad: es también un deber, un compromiso con la sociedad.
Obviamente, para hacerlo hay que tener tiempo, capacidad de comunicación y ganas de estudiar, pero insisto en que en Jerez hay no pocas personas de diferentes ámbitos dispuestísimas para hacerlo, y que si no están ahí, frente a quienes desean escucharlas, es porque los cuatro o cinco que manejan las instituciones que organizan conferencias no están interesados en realizar la oportuna invitación. O directamente no quieren hacerlo, por motivos inconfesables pero que usted, yo y todo el mundo conocemos perfectamente.
Por eso mismo hay que agradecer iniciativas como la de Ateneo Siglo XXI y confiar en que se siga ampliando una nómina de conferenciantes ajena a esos círculos selectos que han disfrutado de exclusividad gracias a su estratégica cercanía a los círculos de poder.
viernes, 13 de marzo de 2026
¿Prestigio? ¿Qué prestigio? El treinta por ciento de los miembros del CEHJ termina abandonando
Celebra mañana sábado el Centro de Estudios Históricos Jerezanos un acto institucional con recepción de nuevos miembros, entrega de medallas -esto les encanta: crea redes clientelares- y tal. Hablemos de miembros. De números. En la página web figura que actualmente hay 77 miembros no fallecidos, incluyendo 4 correspondientes. De todos ellos, 21 son supernumerarios, es decir, en la práctica están fuera: pertenecieron a la institución y han decidido abandonarla. Voy a sumar a tres personas que formaron parte y la han dejado del todo, queriendo expresamente no figurar como supernumerarios: José Antonio Mingorance, Jesús Caballero Ragel y Juan Antonio Moreno Arana. Puede que haya más. Y me sumo también yo, que he sido pasado a supernumerario por iniciativa de Miguel Ángel Borrego Soto -quien lleva poniendo en entredicho mi categoría científica desde hace años por razones de sobra conocidas- y la plena aquiescencia de Francisco Barrionuevo y su Junta Directiva. El tiempo pondrá a estos últimos en su sitio.
Pero bueno, vamos a sumar. Total de miembros que pertenecen o han pertenecido al Centro de Estudios Históricos Jerezanos,
dejando a un lado fallecidos y honorarios, 82. Total de los que abandonan,
sumando supernumerarios y quienes no somos ya ni eso, 25. Hagamos una simple
regla de tres: un 30 % de los miembros del CEHJ -puede que sean más, me faltan
datos sobre si ha habido otros abandonos completos- están fuera de la
institución. Tres de cada diez.
¿Razones del abandono? Como mínimo, el desinterés. En los
casos más graves -es el mío propio-, profundo desacuerdo con el funcionamiento
interno y las líneas de acción. En otras ocasiones, quizá muchas, puro
desencanto. Para no pocas personas habrá sido una mezcla de los tres factores. Lo que está claro es que las cosas no funcionan, y que bajo ningún
concepto el CEHJ puede hablar de prestigio institucional ni de nada parecido: la
cifra es escandalosa y habla por sí sola. Y si sumásemos -no hay manera de contabilizarlo- la lista de aquellos a quienes se les propuso ingresar y dieron nones, ya ni les cuento.
Las cosas no van a mejorar. Al contrario. Barrionuevo ha convertido el actual CEHJ en un lobby de arqueólogos al servicio de los intereses de quienes integran su cúpula. La actual Junta Directiva, al haberme rebajado a supernumerario al tiempo que decidía apoyar firmemente las malas prácticas científicas de Borrego Soto -que son vox populi, aunque muchos no se atrevan a levantar la voz-, deja claro que no está dispuesta a admitir voces discordantes. También de que se mantiene firme en su deseo de no abrir el acceso al CEHJ mediante un sistema que no sea la designación a dedo, reclamación que realicé cuando pertenecí a dicha Junta y que marcó el principio de la serie de desencuentros que he tenido con ella.
Dicho de otra manera, los señores y señoras que me han dado el puntapié y han arropado a Borrego Soto quieren que el CEHJ siga funcionando de manera abiertamente endogámica, y por ende al servicio de círculos muy concretos con intereses comunes. Por eso mismo, lo mejor que puede hacer el CEHJ es disolverse y dejar paso a una nueva institución ajena a personalismos, libre tanto del comportamiento sectario como de enfrentamientos con otras instituciones. Una institución, en definitiva, verdaderamente al servicio de la comunidad de investigadores en su integridad, y no pensada para jugar al “Yo te medalleo, tú me medalleas, él nos medallea”.
Por cierto, la medalla de este año
va para la Asociación de Amigos del Museo Arqueológico. Quienes la forman, sus
integrantes, los que pagan cuotas y acuden a las actividades, se la tienen
merecidísima, pero la circunstancia de que su presidente, Diego Bejarano, sea
al mismo tiempo miembro de la Junta que otorga la medalla, resulta un poquito inconveniente, por decirlo de manera suave. “Yo me medalleo…”.
jueves, 26 de febrero de 2026
Sobre la seriedad: un nuevo artículo sobre el recinto amurallado de Jerez
Ya expliqué en este blog que el joven investigador David Caramazana, en tiempos amigo al que ayudé en sus investigaciones y con el compartí impresiones diversas en torno al arte medieval jerezano y sevillano, ha desarrollado una considerable aversión hacia mi persona; aversión muy probablemente provocada y estimulada por Manuel Romero Bejarano, mentor y suministrador de documentación varia para sus publicaciones. Claro está que cada uno puede escoger con quien llevarse bien o mal, o si merece la pena desarrollar enemistades solo para dejar claro a qué grupo-secta en concreto se pertenece. El problema surge cuando el deseo de hacer daño al presunto enemigo se vuelve tan profundo que te lleva a incurrir en una continua mala praxis en tu trabajo; en este caso, en las publicaciones científicas en las que coinciden nuestros campos de investigación.
Si hasta hace no mucho el citado investigador había decidido
hacerme una damnatio memoriae en toda regla omitiendo mi nombre todo lo
posible, en su antepenúltimo artículo Caramazana Malía llegaba a atribuirse a
sí mismo una serie de aportaciones que pertenecían a otras personas, sobre todo
al firmante de estas líneas. En el
que acaba de publicar sobre el recinto amurallado de Jerez va a más, y
cuando le corresponde hablar de la aljama de Sharis escribe la siguiente nota a
pie de página:
“A la espera de los resultados de la intervención arqueológica, lo más
serio escrito al respecto en Guerrero, Espacio y construcción, pp.
43-46; Borrego, “La ciudad andalusí de Jerez”, pp.
43-78. Nos
distanciamos de la hipótesis sobre la aljama jerezana y la errónea cronología
planteada por López Vargas-Machuca, “La mezquita aljama”,
pp. 7-34.”
El mensaje parece claro: mi artículo publicado en Trocadero
no es serio. Lo siento, pero en una revista científica tales insultos
gratuitos no se pueden publicar, menos aún sin aportar ni un solo argumento que
corrobore esa presunta falta de seriedad generalizada. ¿Se lo explicaron a este
señor en la universidad? Seguro que sí, pero él mismo ha decidido cambiar a su
antiguo director de tesis, una persona tan excepcional como exigente, por un
íntimo amigo de Manuel Romero Bejarano que se mueve en una dinámica muy
distinta. Y ya si no vamos a los propios trabajos científicos del citado
Bejarano, repletos de insultos, chascarrillos, desprecios, gracietas de diversa
índole y motes que él mismo pone a otros investigadores, comprenderemos de dónde
le viene a Caramazana semejante manera de actuar.
No, no es serio realizar tales acusaciones sin aportar ni un
solo argumento científico, pero menos serio aún es no haberse leído detenidamente
el artículo en cuestión: si lo hubiera hecho, descubriría que las conclusiones
se apartan poco de lo que podríamos llamar “ortodoxia interpretativa” de los
restos que han aparecido en la Casa del Abad, y que de hecho mi clasificación
del patio en época almohade –todo lo discutible que se quiera– es aceptada por
Borrego Soto y encaja con las propias tesis que Caramazana defiende, esto es,
la existencia de una primitiva aljama en San Dionisio y la correspondencia de
los restos junto a la catedral a tiempos de los Unitarios.
Lo dicho, no se lo ha leído. Al menos, no se lo ha leído
bien, o se ha creído lo que alguien le ha contado que en él escribo, y que eso
que escribo es muy malo. Asimismo, queda claro que tampoco le ha vuelto a echar
un vistazo a mi viejo artículo sobre Santo Domingo –disponible en este mismo
blog- que él cita como ejemplo de publicación en la que se acepta una
cronología islámica para los restos ocultos en lo que los jerezanos llamamos
“Los claustros”. No lo hice, por una sencilla razón: cuando escribí aquello
para presentarlo en un congreso en Valencia los restos del muro de tapial, los
merlones del mismo material y la puerta de piedra con un arco de herradura apuntado
no habían aparecido. ¿Cómo demonios iba yo a decir nada sobre una edificación
defensiva? Los primeros que escribieron sobre esta y sobre la posible
existencia de un ribat fueron Laureano Aguilar y Rosalía González en su libro
sobre las murallas, y muchísimos años más tarde yo he vuelto a plantear esa
posibilidad basándome en la existencia al mismo tiempo de una fortificación y
de un morabito en forma de qubba, justo el que representa Van den
Wyngaerde y el que fue utilizado, según Rallón, como cabecera del primitivo
templo dominicano, que se extendía longitudinalmente en lo que hoy es la
Alameda Cristina, antiguo Llano de San Sebastián.
¿Ponemos la cosa aún peor? Miren qué escribe Caramazana: “No obstante, otros autores plantean una
construcción de época cristiana: González y Aguilar, El sistema defensivo,
p. 106". Pues lean, lean lo que realmente escriben Rosalía y
Laureano:
“En cuanto a su cronología nos es
imposible por el momento ajustarla con exactitud. En principio estimamos que
pudo formar parte del entramado defensivo almohade y así lo hemos recogido en
la reconstrucción virtual. De hecho las características de los arranques del
arco de la puerta en forma de “pico voladizo acusado” son consideradas por B.
Pavón invención almorávide-almohade. Pero también puede tratarse de una obra de
clara ascendencia islámica, levantada o reformada en muy tempranos momentos de
la etapa cristiana, aunque la pronta instalación de la orden dominica en sus muros
no parece abundar en este sentido.
Sobre su uso, además de la
función defensiva a la que hacen referencia las fuentes, quizá sirvió de
resguardo para viajeros, mercancías y ganados que llegaban a la ciudad tras el
cierre de sus puertas, a modo de manzil o albergue, o tal vez de
albacar. Y no es descartable que, a pesar de la proximidad al recinto urbano,
desempeñasen el papel de ribat, convento o monasterio fortificado con
carácter tanto piadoso como militar. De hecho, el P Rallón menciona que en ese
reducto “... hubo una Mesquitilla, o oratorio de los moros con una
huerta y algunas casas para sus alfaquíes”.
¿Problemas de comprensión lectora por parte de Caramazana o, más
bien, voluntad de trasmitirle al lector que González y Aguilar, sin descartar
una cronología cristiana, encuentran argumentos sólidos para apostar por una
cronología almohade e incluso llegan a plantear que se pudo tratar de un ribat?
Lo dicho: Caramazana bien no se lee todas las fuentes que
recoge en la bibliografía, bien las manipula a su antojo. Si el deseo de
aportar cosas serias se ve enturbiado por la imperiosa necesidad de dejar
en mal lugar a otros colegas, no necesita realizar un análisis pormenorizado de
la bibliografía ni transmitir con exactitud lo que estas dicen. Basta con citar
de pasada o maliciosamente, aunque sea incurriendo en errores de bulto.
Si alguien cree que lo de este artículo es un caso puntual, que se vaya al de Centro y Periferia, que analicé en esta otra entrada, y vea cómo cita Arquitectura alfonsí de Rafael Cómez para hacer referencia a las aportaciones de este autor sobre el gótico en Jerez, cuando no hay en ese libro ni un solo párrafo sobre el tema. Aquello que Cómez estudió en Jerez, San Dionisio y San Lucas además de la mezquita del alcázar, se encuentra en Las empresas artísticas de Alfonso X el Sabio, un libro algo posterior del mismo autor. Caramazana no consultó ninguno de ellos para escribir su artículo. Tendré que recordarle a este chico lo que les digo a mis alumnos del Bachillerato Internacional cuando tienen que hacer la Monografía, una especie de TFG en miniatura: solo se puede citar lo que realmente se consulta, haciéndolo con su número de página y tal para que el lector pueda verificar la veracidad de la cita. Citar “porque sí” para aparentar un esfuerzo mayor del que se ha hecho no es (¿se entera, señor Caramazana?) mínimamente serio.
Tengo más cosas que decir sobre su artículo –por ejemplo, sobre el presunto paseo de ronda en el muro interior de la Casa del Abad que yo mismo pude recorrer con Gonzalo Castro, o ese Arroyo Salado sobre el que quien a ustedes se dirige vivió el primer año de su vida–, pero ahora no hay tiempo: tengo tres proyectos editoriales muy bonitos que no dejo de interrumpir para atender a interferencias como esta, y a estas alturas no pienso seguir renunciando a ellos para desenredar las madejas que otros han enredado. A ver si este verano, con menos agobio, me explayo sobre el asunto.
sábado, 31 de enero de 2026
Por si no ha quedado claro...
viernes, 30 de enero de 2026
Carta a una desconocida
Perdón por parafrasear el título de la genial, inolvidable película de Max Ophüls sobre novela de Stefan Zweig, pero no se me ocurre otro título mejor para esta entrada.
La misiva se dirige a una chica, cuyo nombre desconozco, que tuve la
oportunidad de conocer durante una de las manifestaciones en defensa del casco
histórico que organizaba Esperanza de los Ríos. Era muy joven, había estudiado
Historia, quería ser medievalista y me confesaba que su modelo a imitar era
Miguel Ángel Borrego Soto. Su campo de acción iba a ser el Jerez andalusí.
Poco tiempo más tarde, se recibió en el Centro de Estudios Históricos
Jerezanos un artículo suyo. El tema era de mucho interés, pero desde la Revista
de Historia de Jerez se consideró que el resultado era deficiente. Como por
entonces yo estaba en la directiva, solicité que se me permitiera la lectura
para ofrecer una tercera opinión. Me pareció que el trabajo aún no estaba en su
punto de cocción, que necesitaba aún varias vueltas de tuerca para ser
publicado, pero que por supuesto tenía que ver la luz en el futuro. Cuando
Borrego Soto descubrió que yo había leído las páginas montó en cólera: que solo
los miembros del comité científico de la revista tenían derecho a hacerlo y
tal. La circunstancia de que yo fuera medievalista no me autorizaba a aportar mi punto de vista. En fin,
querida y desconocida colega, ya sabes cómo terminó todo: ese mismo arabista
que tú tantísimo admirabas te envió un seco mensaje diciéndote que el trabajo
no tenía calidad para ser publicado. Y a mí se me echó la bronca, por meter las narices donde no me llamaban.
Desde aquí quiero animarte a que sigas adelante con tus investigaciones.
Si por casualidad has seguido este blog, ya sabes lo mucho que he tenido que
pasar por culpa de tu querido arabista. Ya has podido comprobar cuál es su
modus operandi. Eres consciente de qué busca manteniéndose, con total apoyo de
la actual directiva del CEHJ –échale un vistazo a mi entrada anterior– en el
puesto de director de la citada publicación. Y sabes tan bien como yo cuál es
la verdadera razón de que tu trabajo fuera rechazado. No te desaliente ver el
postureo que algunos van a practicar dentro de unos días cuando se presente el
próximo número de la revista. No se te ha perdido nada en ella. ¿Sabes una
cosa? Me consta ha sido rechazado algún artículo que llegaba desde un investigador
muy serio, y tengo la impresión de que le han dado nones porque a ese investigador
lo propuse yo en su momento para entrar en el CEHJ. Así se las gastan en una
revista que debería ser un foro para incentivar y dar a conocer, pero que se ha
transformado en todo lo contrario: un espacio de control para dar protagonismo
a unos y dejar en la oscuridad a otros. Tampoco te llame la atención lo de los
premios que anualmente se reparten en tan protocolario evento. Esos galardones,
que durante mi permanencia en la directiva pude comprobar que eran una de las
prioridades de las –más bien escasitas– cosas que hace el CEHJ, se crearon en
parte para aplaudir a quienes se lo merecían, pero también para crear redes
clientelares e incluso comprar voluntades. La verdad, tú y yo podríamos pasarnos
esa tarde por la presentación, a gozar del espectáculo.
Volviendo al centro de la cuestión: no te dejes arredrar por los grupos
de poder que pretenden mantener el monopolio en la investigación de
determinados temas. Nadie comienza escribiendo grandes artículos. Todos hemos
aprendido de nuestros errores, de nuestros balbuceantes inicios. Sigue tu
camino y aporta lo que tengas que aportar. El Jerez medieval, tanto andalusí
como cristiano, necesita personas que propongan renovadores puntos de vista. No
es que lo hasta ahora construido se haya hecho mal, ni tampoco que lo que tú u
otros investigadores podáis decir nuevo necesariamente vaya a convertirse en referencia.
De lo que se trata es de algo tan sencillo como importante: a mayor número de
personas analizando las mismas cuestiones, mayor riqueza de perspectivas y, por
ende, más posibilidades de que la investigación avance con solidez.
Insisto, no dejes que seamos los mismos de siempre los que escribimos
sobre determinadas cosas. Busca espacios para darte a conocer. Y hazlo
alejándote de esos “reinos de taifas” que forman algunos investigadores. No establezcas
esos vínculos mediante los cuales unas puertas se te abren y otras se te
cierran. Que te valoren por lo que eres, no por mostrarte seguidora de tal
grupo de poder. ¿Tu ilusión es el Jerez andalusí? ¡Pues adelante! Queda mucho,
muchísimo por investigar. Jerez no se puede permitir que un campo tan amplio
sea coto privado de tres o cuatro arqueólogos y un arabista que, retroalimentándose
entre sí, han decidido que eso es suyo y de nadie más. Tu voz será bienvenida
por el resto de los investigadores en historia, que somos unos cuantos, y por
quienes se interesan por el pasado de nuestra ciudad.
jueves, 29 de enero de 2026
Dimisión del Centro de Estudios Históricos. O Arqueológicos, qué mas da.
Se han dado prisa los del CEHJ en colocarme "donde me corresponde" en su página web: sección supernumerarios. En la práctica, de los expulsados. Parece que Diego Bejarano se muestra diligente en la actualización de las redes sociales que durante un año yo mismo, dedicándole mucho tiempo y esfuerzo, me dediqué a montar.
jueves, 22 de enero de 2026
¿Se reutilizaron en Santiago un morabito y una fortificación islámica?
Ya he escrito, por activa y por pasiva, del morabito -qubba islámica que debió de servir de entierro de alguna persona relevante- que se encontraba frente a la Puerta de Sevilla de Jerez de la Frontera, reutilizado por la comunidad de frailes dominicos como cabecera de su primer templo. Dicho edículo, "en forma de fortaleza con sus almenas", se encontraba situada según el Padre Fray Esteban Rallón frente por frente a la Capilla de la Virgen de Consolación y dando al Llano de San Sebastián, lo que significa que se alzaba justo donde hoy se sitúa la puerta de la iglesia del Real Convento de Santo Domingo que da a la Alameda Cristina: las célebres vistas de Jerez dibujadas por Anton van den Wyngaerde en 1567 confirman que se alzaba justo allí, donde Rallón afirmaba. Por tanto, la qubba se encontraba vecina de la fortaleza cuyos restos aparecieron bajo la piel del gran claustro gótico ("Los claustros") del conjunto que perteneció a los Predicadores, lo que nos ha hecho plantear la posibilidad -sin seguridad alguna, sigue siendo hipótesis de trabajo- de que el conjunto de huertas y "casas para alfaquíes" del que hablaba el citado historiador pudiera ser en realidad un ribat estratégicamente situado en la puerta principal de la ciudad. En cualquier caso, la ubicación de morabitos vecinos a las murallas y puertas no es algo infrecuente en el mundo almohade, así que no debe extrañar que la ocupación cristiana de las ciudades andalusíes viniera seguida inmediatamente de la transformación de esos pequeños edificios en espacios de culto.
Queremos ahora interrogarnos acerca de la posibilidad de que algo parecido ocurriera frente a otra de las grandes puertas de lo que fue Sharis, la de Santiago, atendiendo al problema de la primera iglesia dedicada al citado apóstol y a la Capilla de la Paz que se encontraba asociada a la misma.
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| Jerez de la Frontera. Parroquia de Santiago. Actual Capilla de la Paz (probable de los Villavicencio, mediados siglo XV). |
La primera pista nos la daba en el siglo XVII el citado Rallón, haciéndonos saber que hizo el rey don Alfonso el Sabio “una capilla a nuestro apóstol y patrón Santiago, y en ella dio permisión para que se enterrasen los buenos hijuelos de Gonzalo Mateos”, y añadiendo una información de lo más sustanciosa (el subrayado es nuestro):
“El
sitio en que se edificó” (la iglesia de Santiago) era uno de los reductos que
en tiempos de moros estaban fuera de las puertas de la ciudad, y servían de
habitación de los adalides que guardaban la tierra y rondaban y guardaban de
noche la ciudad: la cual dedicó el rey para honrar en ella al apóstol Santiago,
como había dedicado el de la Puerta del Real para convento de San Francisco, y
el de la puerta de Sevilla, para el de Santo Domingo, quedó con título de
Capilla Real” (p. 140).
Nada nuevo, claro está: el texto es viejo conocido. Un
siglo más tarde completó la información Mesa Xinete haciendo referencia al privilegio
alfonsí de 1269 mediante el cual el Rey Sabio concedía dicha capilla al citado Gonzalo
Mateos y a sus hijos. Pero quien vino a complicarnos considerablemente las
cosas fue, allá por 1885, Luis de Grandallana en la primera y meritoria guía
monumental de la ciudad, afirmando que “Consta de un modo auténtico que dicho
Rey fundó y tituló de Santiago Apóstol una real Capilla que se unió al costado
de la primitiva ermita de la Paz”, de tal manera que ya en la decimocuarta
centuria “la obra del templo se comienza adosando la nueva construcción a la
Ermita o Capilla de la Paz, que estaba unida a la Real de Santiago”.
Más
adelante continuaba:
“Repetimos,
sí, que la Real Capilla de Santiago construida por D. Alonso X es tan antigua
como la reconquista de Jerez: pero bien entendido que solo la dicha Capilla a
la que se unieron las nuevas obras. De su unión a la de la Paz da prueba
patente el pilar que quedó abierto con la nueva fábrica: dicha Real Capilla que
forma hoy la Sacristía, queda incomunicada con la de la Paz”. (pp. 29-33).
Habida cuenta de que en la nave de la Epístola –justo a la derecha, según se entra– de la gran iglesia tardogótica que hoy sigue ejerciendo funciones parroquiales se abre una capilla cubierta con crucería con elementos mudéjares y –por ende– de cronología manifiestamente anterior, y que la referida capilla alberga una imagen renacentista precisamente bajo la advocación de Nuestra Señora de la Paz, no son pocos los historiadores que han difundido la creencia de que esta es, ni más ni menos, que la fundada por Alfonso X. Imaginen qué lío.
Para complicar más la cosa, el prestigioso
historiador del arte José María Azcárate, por algún desliz que no alcanzamos a
comprender, incluyó una foto de la bóveda gótico-mudéjar en el capítulo de lo
que él llama “arquitectura hispano-flamenca” en su altamente difundido libro sobre
Arte Gótico en España editado nada menos que en la colección de Manuales de
Arte Cátedra. Tiempo ha costado convencer al personal de que, en realidad, la
capilla que vemos es una obra de mediados del siglo XV. Muy similar a la de
Lorenzo Fernández de Villavicencio en San Lucas –remata su nave de la Epístola,
pero hoy se encuentra oculta por una bóveda barroca–, quien a ustedes se dirige
considera probable que perteneciera a este mismo linaje. No tiene que ver con
una arquitectura temprana, menos aún con lo “hispano-flamenco”, sino con el
gótico-mudéjar de los maestros que elevan la gran nave de Santo Domingo y otras
edificaciones de la ciudad.
Lo cierto es que en tiempos del Rey Sabio había una ermita de la Paz y una capilla de Santiago, esta última con espacios habilitados para enterramiento. Y que todo apunta a que la capilla dedicada al apóstol se encontraba justo al lado de lo que hoy conocemos como Capilla de la Paz, que obviamente no es la original sino un espacio funerario gótico-mudéjar construido a mediados del XV y mantenido en pie -razones había sobradas, por ser probable espacio funerario de nada menos que los Villavicencio- cuando en tiempos de los Reyes Católicos se inicia la gran iglesia nueva.
¿Cómo fueron entonces esa primitiva ermita de la Paz y Capilla de Santiago? Pensamos que, como en el caso de Santo Domingo, una simple qubba almohade del recinto del que hablaba Rallón bastaría inmediatamente después de la llegada de los castellanos para cumplir la función de ermita, y que nada más sencillo que realizar algunas adiciones a sus muros para tener a su lado una capilla dedicada a Santiago. Pudo incluso reutilizarse otro elemento del conjunto defensivo: recordemos que la concesión como enterramiento corresponde a 1269, fecha muy cercana a la de la de la definitiva conquista cristiana, así que difícilmente hubo tiempo ni medios para realizar alguna obra de cierta consideración. Por todo lo expuesto, queremos plantear la hipótesis de que en Santiago ocurriera algo parecido a lo de la Puerta de Sevilla: un conjunto defensivo con algún morabito con forma de qubba que, de manera tan improvisada como efectiva, pudiera servir a los nuevos moradores para habilitar espacios de culto.
No hace falta decir cómo se fueron desarrollando las cosas con posterioridad. Con el paso de los años, y siempre teniendo en cuenta las difíciles circunstancias del proceso repoblador, se iría generando un nuevo núcleo urbano que se vería consolidado con la fundación del Convento de la Merced. El desarrollo demográfico convertiría el arrabal en collación, y tanto ermita como capilla desaparecerían para dar paso a la actual fábrica tardogótica, pero conservando el espacio gótico-mudéjar de mediados del siglo XV que a esas primitivas construcciones se habría adicionado y que, con el paso del tiempo, recibiría en herencia el nombre de Capilla de la Paz para confusión de todos los que nos hemos dedicado a investigar en la historia de este conjunto artístico.
PD. Esto es un adelanto de un nuevo trabajo que está por llegar.
lunes, 12 de enero de 2026
La respuesta del CEHJ: quitarme de en medio
Estimados colegas y aficionados a la Historia, les copio a continuación la misiva que me ha hecho llegar el Centro de Estudios Históricos Jerezanos, obvia respuesta a mi entrada anterior.
No tengo mucho más que añadir. El escrito habla por sí solo. No es una expulsión en teoría, sí lo es en la práctica. Me impide acudir a asambleas o, en su caso, incorporarme a candidaturas alternativas a la actual directiva que encabeza D. Francisco Barrionuevo. Que todo quede atado y bien atado.
Lo que sí me gustaría es que quede para la posteridad quiénes son los miembros de la Junta Directiva que, de manera unánime, ha tomado una decisión que, por mucho que la misiva afirme que no es así, es de carácter disciplinario. Por orden alfabético:
Francisco Barrionuevo Contreras, Diego Bejarano Gueimúndez, Miguel Ángel Borrego Soto, Ramón Clavijo Provencio, Francisco Antonio García Romero, José María Gutiérrez López, Javier E. Jiménez López de Eguileta, Carmen Reimóndez Becerra.
Repárese en que Miguel Ángel Borrego y José María Gutiérrez son los firmantes de dos artículos que, como he demostrado en este blog, son perfecto ejemplo de mala praxis historiográfica e incluyen un plagio a mi propio trabajo sobre la mezquita aljama de Jerez; plagio que el lector puede comprobar haciendo click en este enlace y en este otro. Dicho de otra manera: dos miembros de la directiva me plagian por duplicado, exijo la justa reparación y la respuesta es quitarme de en medio de la institución que ellos gestionan.
Por supuesto, esto no es el fin de algo. Es el comienzo, aunque en este preciso momento no voy a decir más. Lo haré, y por extenso, cuando lo considere oportuno. En cualquier caso, quiero sentirme orgulloso de aquello que me enseñaron, durante esos muchos años de lucha sindical que presencié durante mi infancia y juventud, las dos personas a las que más quiero y a las que más debo: la necesidad de enfrentarse a aquellos que tienen el poder en sus manos y se mueven con formas poco democráticas, por no decir impositivas y doblegando a los demás por la fuerza, para defender aquellas causas que nos parecen justas. Incluso aunque perdamos muchas cosas por el camino.
___________________________________________________
Estimado Sr. D. Fernando López Vargas-Machuca:
Le comunicamos que, en sesión de la Junta Directiva del Centro de Estudios Históricos Jerezanos celebrada el 7 de enero de 2026, convocada para decidir sobre el cambio de la situación administrativa de algunos asociados, se acordó, conforme al artículo 6.4 de los Estatutos, su paso a la condición de Asociado Supernumerario, con efectos desde la fecha del acuerdo.
La decisión se adopta atendiendo a la incompatibilidad de
determinadas manifestaciones públicas realizadas por el citado asociado en
distintos medios y soportes digitales que, por su contenido y tono , afectan negativamente
al clima de respeto, colaboración y confianza entre los miembros del
Centro, así como a la imagen pública de la Institución, y que resultan incompatibles
con las finalidades del Centro y con el deber de colaboración exigido a
los asociados por el Artículo 8 de los Estatutos.
Este acuerdo tiene carácter organizativo y no disciplinario,
y se adopta en el ejercicio de las competencias que los Estatutos (Artículo 6.4) atribuyen a la Junta Directiva.
De este acuerdo se dará cuenta a la Asamblea General convocada
para el 15 de enero de 2026.
Sin otro particular, reciba un cordial saludo.
sábado, 10 de enero de 2026
Solicitud de dimisión de Borrego Soto y exigencia de corrección
Parece mentira, pero tres meses después, en el artículo que acaba de publicar en la Revista de Historia de Jerez (descarga aquí), el profesor Miguel Ángel Borrego Soto y el arqueólogo José María Gutiérrez han vuelto a hacer la misma maniobra. Exactamente la mismas que ya denuncié en este blog, concretamente en la entrada de este enlace. Por eso mismo hay que sintetizar.
Los autores afirman lo siguiente:
1) Que defiendo en mi reciente artículo sobre la mezquita aljama
de Jerez que esta era de dimensiones reducidas.
2) Que esa valoración es errónea porque no atiendo a las
presuntas evidencias paramentales disponibles, y que desconozco un documento de
Diego Moreno Meléndez que citan Repetto Betes y Esperanza de los Ríos.
3) Que ese documento permite calcular la anchura de la
mezquita, teniendo en cuenta las medidas de una vara castellana.
4) Que extraigo información del proyecto de restauración
realizado por ellos, sin citarla.
LA REALIDAD
1) En mi artículo no solo demostraba conocer el documento de
Diego Moreno Meléndez, sino que lo analizaba de la misma manera que ellos hacen
a posteriori.
2) No solo no existe ninguna evidencia paramental que apoye
las teorías de los citados autores, sino que en su texto no realizan ningún
análisis de este género. Yo sí lo hice, dentro de las limitaciones que la historia
del arte tiene frente a la arqueología, como puede comprobar quien lea mi texto
completo (descarga
aquí).
3) Los autores omiten por completo la manera en que un texto
de Bartolomé Gutiérrez, que ellos citan y conocen, entra en contradicción con
las dimensiones que se deducen de Moreno Meléndez. Esa parte de mi análisis, por
razones obvias, no le interesa parafrasearla. En mi artículo realizo un análisis extenso de
dicha contradicción e intento resolverla.
4) Borrego Soto omite todo lo referente a la manera en la
que en mi artículo desmontaba pieza por pieza la delirante teoría de una
mezquita de dimensiones colosales, que según él llegaba a la calle Aire, que
defendió en privado durante largo tiempo.
5) La memoria de restauración no es un trabajo científico
puesta a disposición del público, no la he consultado y no he sentido la
necesidad de hacerlo toda vez que cuando Borrego Soto tuvo la oportunidad de exponer
en público sus presuntos hallazgos sobre la mezquita, dijo muy pocas cosas de
interés, y de ni una de ellas me he servido. Lo demostré punto por punto en
este enlace transcribiendo la conferencia que según él tuve el descaro de
plagiarle.
6) Borrego y Gutiérrez silencian todos los demás análisis realizados
en mi texto sobre la arquitectura de la mezquita, de tal manera que estos quedan
ocultas a los ojos de unos lectores con los que se tiene que jugar limpio: hay
que presentar todas las aportaciones existentes para que estos puedan valorar
por sí mismos.
Quien desee comprobar todo esto sin tener que leerse mis
entradas anteriores ni los artículos completos, tiene en estos enlaces una
selección del mío para la revista Trocadero y del
suyo para la Revista de Historia de Jerez. Subrayados y anotaciones
los he realizado yo, evidentemente.
Cierto es que esa parte de este nuevo artículo de la revista
que acabo de citar es un “corta y pega” de su artículo anterior publicado en
otra publicación y en su propio blog, y que por tanto podría pensarse que se ha
editado sin conocer mis réplicas. Falso: una de las cosas que les replicaba era
el lapsus a la hora de citar las páginas correctas de Susana Calvo Capilla. El error
ha sido corregido, así que sí que me han leído. Simplemente, es que les ha dado
igual que demostrara el sucio “juego de trilero” por ellos realizados en su
primer artículo.
Resumiendo: Borrego y Gutiérrez me acusan de desconocer
algo que sí cito y sí analizo, realizan el mismo análisis que yo, presentan el resultado
como aportación suya y omiten todo lo demás del mucho más extenso y minucioso estudio
de los restos visibles de la aljama por mí realizado.
Habida cuenta de que no es la primera vez que Miguel Ángel
Borrego Soto incurre en graves casos de mala praxis, y de que está aprovechando
su posición de poder como director de la citada publicación para realizar este
tipo de fechorías con total impunidad, RUEGO públicamente al señor director
del Centro de Estudios Históricos Jerezanos, a quien hago llegar una copia
de este escrito, la destitución de Borrego Soto como director de la Revista
de Historia de Jerez, por considerar que la absoluta falta de ética evidencia
este investigador le inhabilita para un cargo que demanda, entre otras cosas,
seleccionar los contenidos de la revista y mantener unos estándares de calidad,
considerando asimismo que la permanencia de dicha responsabilidad en sus manos va
en directo desprestigio de la institución.
El mismo tiempo, EXIJO al señor director del Centro
de Estudios Históricos Jerezanos y a la Revista de Historia de Jerez una
enmienda en el siguiente número de la publicación haciendo constar que el
artículo de Borrego y Gutiérrez miente de manera consciente acerca de mi
conocimiento del arriba citado texto histórico de Diego Moreno Meléndez, silencia
que en su momento realicé un análisis del mismo similar al que ellos
reivindican como propio y oculta de manera malintencionada toda las demás consideraciones
escritas por mí sobre la edificación.
PD. No he leído completo el muy extenso artículo de Borrego
y Gutiérrez, solo la parte referente a la aljama. Desconozco si en el resto hay
perlas del mismo calibre.




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