martes, 3 de enero de 2012

En torno a la arquitectura gótica andaluza en el siglo XIII: el caso de Jerez de la Frontera

 

Fernando LÓPEZ VARGAS-MACHUCA: “En torno a la arquitectura gótica andaluza en el siglo XIII: el caso de Jerez de la Frontera”, en Sevilla 1248. Actas del Congreso Internacional Conmemorativo del 750 Aniversario de la Conquista de la Ciudad de Sevilla por Fernando III, Rey de Castilla y León (Sevilla, 1998), Sevilla, 2000, págs. 949-960.

Este artículo fue un intento de replantear seriamente la cuestión de la primera arquitectura cristiana en Jerez, recorriendo los pocos restos que verdaderamente se podrían datar en las primeras décadas tras la conquista por parte de Alfonso X y señalando que algunas obras clasificadas como alfonsíes por algunos historiadores pertenecen realmente a fechas muy posteriores. Como escribimos en el último párrafo, creemos que semejante replanteamiento se debería realizar asimismo en la arquitectura sevillana, historiográficamente anclada en el pasado. Por desgracia hasta el momento nadie se ha puesto manos a la obra.

Ninguna de las aportaciones sobre la arquitectura jerezana aquí realizadas ha sido recogida en el estudio global, editado con posterioridad a la publicación de las actas del congreso en el que las presenté,  escrito por Ricarda LÓPEZ GONZÁLEZ: El mudéjar en Jerez, Jerez, 2004.

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Uno de los principales problemas con los que se enfrenta el investigador que aborda el estudio de la primera arquitectura religiosa en la Andalucía recién conquistada por las tropas cristianas es el de la escasez de testimonios monumentales. Son pocos los templos datados habitualmente en el siglo XIII, y no sin cierta controversia en determinados casos, toda vez que buena parte de los edificios fueron remodelados, o incluso totalmente rehechos, a lo largo de los dos últimos siglos del medievo recurriendo a formas del primer gótico que van a perdurar durante largo tiempo. Y como además fue moneda corriente la reutilización de edificios de época islámica -comenzando por la aljama de Sevilla-, bien difícil resulta dictaminar si lo que se han perdido son mezquitas o manifestaciones del primer gótico andaluz.

En el presente trabajo vamos a analizar el caso de Jerez de la Frontera, ciudad que cuenta con un importante -en cantidad y calidad- conjunto de templos medievales construidos en un material aquí fácilmente asequible, la piedra, lo que le otorga especial magnificencia[1].

En él podemos distinguir dos grupos claramente diferenciados. El primero es el habitualmente denominado “gótico-mudéjar”, que se caracteriza por la combinación de elementos propios del primer gótico castellano con otros de raigambre almohade: San Dionisio, San Lucas, convento de Santo Domingo, buena parte de San Juan de los Caballeros, determinadas capillas de San Mateo, San Marcos y Santiago, y la mitad oriental de la parroquia de El Salvador de Vejer de la Frontera[2]. Estoy de acuerdo con la teoría del profesor Rafael Cómez según la cual parte de sus fórmulas constructivas y ornamentales fueron traídas por un taller que había trabajado previamente en Córdoba, lo que se evidencia ante todo en el aparejo a soga y tizón[3]. No comparto, sin embargo, su afirmación de que éste llegó poco después de 1264, fecha de la reconquista[4]. Por una parte, porque los dos monumentos más emblemáticos del grupo pueden fecharse en la primera mitad del cuatrocientos: San Dionisio y Santo Domingo[5]. Por otro, porque la sintaxis de las formas no se corresponde a la de las primeras parroquias cordobesas, sino al lenguaje más evolucionado de la segunda mitad del trescientos (cabecera de la colegiata de San Hipólito, abovedamiento del ábside de San Miguel y capilla de los Vargas en la misma parroquia)[6]. Además, es muy dudoso que en la problemática y peligrosa Jerez de la segunda mitad del XIII[7] se levantaran edificaciones de tal magnitud.

El segundo grupo de templos se caracteriza por las fórmulas novedosas que llegan gracias a la construcción de la catedral hispalense: Santiago, La Cartuja, San Marcos, San Mateo, San Miguel, etc. En ellos aparecen con frecuencia las bóvedas con combados, de cronología muy avanzada: su introducción en la Baja Andalucía se realiza en la catedral de Sevilla de la mano de Juan Gil de Hontañón -quien seguramente trabajó en Jerez- a partir de 1513, dos años después de la caída de la aguja del cimborrio[8].

Jerez de la Frontera San Miguel

Lo que aquí nos interesa es la arquitectura jerezana anterior a la explosión “gótico-mudéjar” del XV. Sabemos que buena parte de los edificios islámicos fueron reutilizados por los vencedores, añadiendo determinados elementos arquitectónicos para cristianizarlas. Así por ejemplo, hasta que en el siglo XV se pudieron permitir la construcción de una gran nave pétrea, el templo de los dominicos no fue sino una modesta nave cubierta a dos aguas adosada a una qubba almohade que hacía las veces de cabecera[9]. Pero el caso más conocido es el del pequeño oratorio del Alcázar, transformado por Alfonso X en capilla dedicada a Santa María con un simple cambio de orientación y, tal vez, el añadido de un pórtico[10].

Cerca de Jerez tenemos otros dos ejemplos sumamente ilustrativos. Uno, el denominado Castillo de San Marcos en El Puerto de Santa María, donde aún se conserva la primitiva aljama dentro del templo-fortaleza erigido por el maestro Alí cumpliendo órdenes de Alfonso X[11]. Otro, la muy interesante parroquia de El Salvador de Vejer de la Frontera, cuya mitad oriental, abovedada “a la jerezana” en el siglo XV, conserva a mi juicio parte del esqueleto de la mezquita.

La cuestión es: ¿hasta qué punto la reutilización de mezquitas hizo innecesaria la edificación de templos cristianos? Alfonso Jiménez ofrece una respuesta tajante: en claro contraste con lo que nos sugieren las Cantigas, las obras gaditanas de Alfonso X «no pasaron de mediocres arreglos y adaptaciones de edificios anteriores»[12]. Precisamente en esta comunicación vamos a intentar determinar qué elementos de los hoy conservados pueden pertenecer a esa primitiva arquitectura jerezana, presentando al mismo tiempo algunas novedades y revisando las cronologías hasta ahora aceptadas por la bibliografía.

 

San Dionisio

El templo dedicado al patrón de la ciudad es sin duda el más original de todo el conjunto, por la peculiar decoración mudéjar de pilares, arquerías y vanos, especialmente en la torre, denominada “de la Atalaya”, que se apoya en el ábside del Evangelio. Tal originalidad es explicable, como ha señalado Basilio Pavón[13], por la asimilación del repertorio decorativo del arte almohade local.

Jerez San Dionisio

Rafael Cómez lo incluye dentro de Las empresas artísticas de Alfonso X El Sabio[14]. Otros investigadores prefieren retrasar la fecha[15]. A mi entender, la identidad del repertorio ornamental y unas monteas en la escalera demuestran que las naves se levantaron al mismo tiempo que el primer cuerpo de la torre, es decir, en la primera mitad del cuatrocientos[16].

Tal afirmación parece invalidarla la de Angulo según la cual la torre es posterior a las naves, pues las paredes de ésta se habían formado recreciendo unos contrafuertes del muro del Evangelio[17]. Sin embargo, varias circunstancias indican que el ábside de este lado pertenece a una fábrica primitiva parcialmente conservada al erigir el nuevo templo -y la torre- en la primera mitad del XV[18], lo que resuelve la aparente contradicción.

Por lo pronto, el aspecto general del mismo se aparta del “gótico-mudéjar” jerezano, al tiempo que recuerda al primer gótico de Castilla. Cómez señala acertadamente la relación con el ábside del lado de la Epístola de la parroquia trianera de Santa Ana, obra emprendida por Alfonso X[19], si bien aquél no presenta el tramo rectangular y carece del nervio de espinazo. En ambos soportan el arco de embocadura pilares semicilíndricos anillados, sólo que en el templo jerezano aparecen divididos en dos alturas (la inferior, dos estilizadas semicolumnas gemelas; la superior, un sólo fuste). Comparten igualmente la poco acertada relación nervios-soportes.

Pero lo que nos da la clave de la antigüedad de este ábside no es tanto lo hasta ahora referido, ni el aparejo -los sillares están aquí dispuestos a sólo a soga- como, sobre todo, el par de ventanas alancetadas ocultas al interior por el retablo de San Cayetano. Completamente cegadas en la actualidad, se hallan dispuestas a media altura de los paños que conforman el vértice del ábside. Por fortuna, la parte superior de la cara exterior de la ventana del lado meridional es visible desde un desván. En ella nos vamos a centrar.

Su talla presenta dos planos de profundidad. En el más externo se extiende de manera plana, sin derrame, una serie de arquivoltas ligeramente apuntadas, la más exterior de las cuales está formada por cuadrados unidos por sus esquinas. En la más interna, muy deteriorada, se adivinan dos baquetones que pudieron corresponder a los fustes de sendas columnillas. La parte derecha de la ventana se halla parcialmente oculta por el contrafuerte central, lo cual nos indica que éste es una adición posterior, o bien un recrecimiento del primitivo, posiblemente de la época de la erección de la torre.

Sorprende la extrema tosquedad en la ejecución y austeridad decorativa de esta ventana, circunstancia que contrasta con la depurada labra del resto del templo y el rico repertorio ornamental que encontramos en el mismo y en otros edificios del círculo “gótico-mudéjar”. De hecho, parece una interpretación pobre de ciertos motivos decorativos de la arquitectura rural castellana del doscientos, llena de resabios románicos.

Tenemos pues motivos para pensar que este ábside pertenece a una obra temprana, aunque no forzosamente del XIII, que consistiría en el añadido de una cabecera triple a la mezquita. El ábside central desapareció con la edificación de la nueva capilla mayor tardogótica, mientras que el del lado de la Epístola, gravemente dañado en el XVIII[20] y aún hoy cubierto de ornamentación barroca, sólo nos muestra el arco de embocadura con sus soportes.

Cordoba La Magdalena fachada occidental

Las portadas cordobesas de Santa Marina (septentrional) y La Magdalena (occidental)[21], cubiertas a dos aguas, son para Cómez los antecedentes inmediatos de la portada de los pies y la del Evangelio del templo que nos ocupa. Por desgracia, su estudio resulta problemático: la primera fue rehecha durante el XVIII[22], y la segunda es una reconstrucción efectuada a partir de algunos elementos rescatados durante la restauración promovida por quien aún hoy es el cura párroco, Don Luis Bellido, al tiempo que se destruía otra que, a juzgar por las fotografías[23], debía de ser medieval en origen. Así pues, queda como hipótesis de momento inverificable que este modelo llegara procedente de Córdoba en fechas tempranas que, insisto, no han pertenecer necesariamente al XIII. Investigaciones futuras deberán ahondar en el fenómeno de la evolución de las formas del primer gótico castellano a lo largo del medievo en Córdoba, Sevilla y Jerez.

 

San Mateo

La ancha nave de este desafortunado templo se divide en dos partes bien diferenciadas. La oriental, más alta y suntuosa, comprende dos tramos de planta casi cuadrada -que vamos a denominar “presbiterio” y “antepresbiterio”- iniciados a finales del siglo XV y abovedados con combados ya en el XVI. La occidental, más baja y desornamentada, se cubre con bóvedas “de arpón” o “de medios terceletes” que pertenecen igualmente al XVI[24]. Hemos pues de buscar con atención los restos del edificio al que se abrían las tres capillas “gótico-mudéjares” del lado de la Epístola (Villacreces, Suárez de Toledo y bautismal).

El elemento más visible de éste es el único al que se hace alguna referencia en la bibliografía[25]. Se trata del tosco pilar cilíndrico anillado -en realidad, dos pilares superpuestos- en el ángulo suroccidental del “antepresbiterio”, orientado en sentido diagonal. Parece no estar integrado en el muro, sino haber sido añadido con posterioridad, utilizando quizás el anillaje como modo de sujeción (las abundantes capas de cal impiden confirmar este punto). Hasta ahora, sin embargo, habían pasado desapercibidos la base y el arranque de otro pilar en el ángulo nororiental del propio antepresbiterio. Pero lo más significativo son los dos lienzos pétreos sobre los que se levanta el arco toral, los cuales, como puede apreciarse a simple vista, no se corresponden con el resto de la fábrica: ni siquiera se ha labrado decoración en ellos.

Todo lleva a pensar que cuando a finales del siglo XV se decide levantar una nueva iglesia, se reaprovechan en parte los lienzos murales y las capillas de un edificio anterior, quizás más corto (los trozos de muro en los que se apoya el arco toral parecen señalar el límite por Oriente). Posiblemente estuvo dividido en varias naves: dada la gran luz de la actual, es muy difícil pensar en un abovedamiento tan atrevido con un sistema de soportes tan ridículo como aquel del que nos han quedado restos. La colocación en ángulo de los pilares nos hace imaginar un edificio de varias naves al que posteriormente se le añadió un pobre abovedamiento, ofreciendo un resultado visual parecido al que aún hoy presenta la mitad oriental de la citada iglesia de Vejer. ¿Una mezquita reutilizada? Posiblemente.

 

San Marcos

La complicación de las bóvedas de su nave única indica que la actual fisonomía de la iglesia se debe a obras realizadas ya entrado el siglo XVI[26]. Así que las capillas “gótico-mudéjares” (bautismal, Cuéllares, Pesaños) se abrían al edificio más antiguo que ostentaba una hermosa decoración de alicatados mudéjares cuyos restos podemos contemplar colocados en el presbiterio[27]. Los testimonios que se conservan del mismo son de cronología diversa e incierta:

· La muy alterada portada de la Epístola y la bóveda de lazo tras ella. La primera podría adscribirse como muy pronto a la segunda mitad del XIV, puesto que los canes en forma de quilla de barco acanalada llegan a la Andalucía cristiana con las parroquias sevillanas del grupo denominado por Angulo “de 1356”. Más aún: éstos y los que presentan atlantes (cabeza humana con los brazos en alto) aparecen en el templo del convento hispalense de Santiago de la Espada, obra ya del XV en la que seguramente intervinieron artífices jerezanos[28].

jerez de la frontera_iglesia de san marcos

· Las extrañas ventanas del ábside, hoy cegadas, la inferior de las cuales presenta una peculiar arquivolta formada por triángulos. A simple vista resulta evidente que pertenecen a una fábrica anterior, pero de momento no es posible aventurar la cronología.

· El muro de cantería en el lado occidental del muro de la Epístola, visible desde el exterior pero hasta hoy inadvertido por los investigadores, sobre el que se eleva la obra del XVI. Presenta una línea de imposta a base de grueso entrelazo parecida a la que aparece en la ya citada Torre de la Atalaya.

· El amplio lienzo mural en ladrillo, igualmente inadvertido hasta ahora, que se extiende bajo los ventanales del lado oriental del muro de la Epístola, precisamente sobre la que aparenta ser la capilla más antigua del templo, la de los Pesaños. Dado que el ladrillo es un material apenas utilizado en la arquitectura parroquial jerezana del cuatrocientos y del quinientos, no podemos descartar que se trate de una obra de cierta antigüedad.

 

San Lucas

La mayor parte de la historiografía, siguiendo a Angulo -que a su vez recoge un dato de Grandallana- data la obra a finales del XIV. Rafael Cómez lo incluye dentro de la arquitectura alfonsí basándose en la cubierta a dos aguas de las portadas septentrional y occidental[29].

Sin embargo, el ábside central y el de la Epístola -en realidad capilla de Lorenzo Fernández de Villavicencio, oculta por una falsa bóveda que Angulo creyó medieval- entran de lleno en la órbita del “gótico-mudéjar” jerezano del cuatrocientos: dientes de sierra flanqueando los nervios, impostas de puntas de diamante, claves de mocárabes, cintas entrecruzadas polilobuladas, etc[30].

Jerez San Lucas Capilla Villavicencio

Por su parte, los primitivos arcos apuntados de las naves, hoy ocultos por bóvedas barrocas[31], ostentan una decoración de arquillos trilobulados que nos remite a fechas muy tardías: en Jerez no aparecen hasta finales del XV (La Cartuja, San Miguel, etc.). En cuanto a la qubba que conforma la cabecera de la nave del Evangelio -capilla de Santa Ana-, se halla tan alterada que resulta imposible datarla con seguridad.

Así pues, los únicos elementos relacionables con el primer gótico andaluz son las dos referidas portadas, aunque no tengamos seguridad de que no pertenezcan a fechas más avanzadas[32]. Por otra parte, el que la cabecera presente un número par de lados, como el ábside del lado del Evangelio del templo dedicado al patrón de la ciudad, puede hacer pensar que las bóvedas se desplegaron sobre una fábrica anterior, pero de momento resulta imposible concluir nada. Investigaciones futuras podrán quizás arrojar luz sobre el asunto.

 

San Juan

Ya hace tiempo dejó de afirmarse que la denominada Capilla de la Jura -en realidad, de los Tocino- es donde tuvo lugar un suceso legendario en tiempos de Sancho IV. El monumental ábside, por su parte, es una obra más reciente de lo que podemos pensar a primera vista[33]. Pero lo que aquí nos interesa es el edificio al que se adosó esta estructura, aquél al cual se abría la capilla de los Zarzana y que ocupaba gran parte del espacio donde hoy se levanta la amplia nave única del templo, construida a lo largo del quinientos.

Iglesia_San_Juan_Caballero_Jerez_00

Fue Angulo[34] el primero en dirigir nuestra atención hacia el lienzo mural de ladrillo que se extiende en el lado de la Epístola con restos de una ventana ciega justo por encima del lugar donde se encuentra la referida capilla Zarzana, que la destruye parcialmente. Es visible sólo si accedemos a la azotea de las capillas. De ella se conserva la parte superior, un arco polibolulado con alfiz.

Parece muy dudosa la teoría de Angulo según la cual se trata de la “obra primitiva” contemporánea del ábside. Ni el material -ladrillo-, ni el trazado de sus lóbulos -falta el habitual entrelazo- se corresponden con el “gótico-mudéjar” jerezano del cuatrocientos. Más bien lo hacen con el arte almohade local: es muy parecida a la ventana del alminar del oratorio del alcázar jerezano, datado a finales del XII[35].Por tanto, se trata posiblemente de un resto de mezquita, salvo que sea testimonio de una primera arquitectura mudéjar jerezana de la que poco o nada conocemos.

 

Conclusión

Así pues, son escasos los restos de la arquitectura parroquial de Jerez anteriores al auge constructivo del cuatrocientos. Resulta además arriesgado establecer una datación exacta para los mismos, dado el proverbial arcaísmo de las soluciones constructivas y ornamentales de nuestro gótico.

De momento podemos concluir que, dada la naturaleza de los testimonios analizados, hubo poca actividad constructiva en Jerez tras la reconquista: fundamentalmente, una arquitectura pobre y funcional que se limitaba a cristianizar mezquitas mediante el añadido de portadas y ábsides, elementos que van a ser reutilizados en la medida de lo posible a la hora de sustituir los viejos edificios por las monumentales y espléndidas fábricas que hoy contemplamos. Y aunque en esta ciudad la cercanía de la frontera resulte determinante, tendríamos que plantearnos hasta qué punto otras localidades andaluzas más resguardadas pero de repoblación igualmente precaria vivieron un fenómeno parecido a la hora de habilitar lugares para el culto.

 


[1]Aun con importantes reparos, el mejor estudio global de los templos medievales jerezanos sigue siendo el de H. SANCHO DE SOPRANIS: Introducción al estudio de la arquitectura en Xerez, Cuaderno de estudio nº 1 de la revista Guión, Jerez, 1934. Esta obra ofrece una visión más completa, novedosa y documentada que la del clásico D. ANGULO ÍÑIGUEZ: Arquitectura mudéjar sevillana de los siglos XII, XIV y XV, Sevilla, 1932, reed. 1983. No comparto los resultados de la tesis doctoral de C. GARCÍA PEÑA: Arquitectura gótica religiosa en la provincia de Cádiz. Diócesis de Jerez, leída en la Universidad Complutense de Madrid en 1990.

[2]He presentado un planteamiento general sobre el "gótico-mudéjar" jerezano, prestando una especial atención a las capillas, en "Notas en torno a los espacios funerarios de la aristocracia en la arquitectura medieval jerezana", en Homenaje al profesor Don Antonio Cabral (Jerez, 1998). En prensa.

[3]R. CÓMEZ RAMOS: Las empresas artísticas de Alfonso X El Sabio, Sevilla, 1979, pp. 113-120. Adjudica los templos de San Dionisio y San Lucas a tiempos alfonsíes, datando en el trescientos San Mateo, San Marcos y San Juan de los Caballeros. No menciona -como Angulo- el convento de Santo Domingo.

[4]Según O'Callaghan la reconquista no tuvo lugar hasta 1266. J. F. O'CALLAGHAN: El Rey Sabio. El Reinado de Alfonso X de Castilla, Sevilla, 1996, pp. 231-233.

[5]F. LÓPEZ VARGAS-MACHUCA: "Un ejemplo de reutilización y asimilación de la arquitectura almohade: la iglesia del Convento de Santo Domingo de Jerez de la Frontera", en El Mediterráneo y el Arte Español. Actas del XI congreso del CEHA (Valencia. Septiembre 1996), Valencia, 1998, pp. 27-30. Sobre la cronología de San Dionisio nos detendremos más adelante.

[6]Un detallado análisis de los templos cordobeses que restablece su cronología en Mª A. JORDANO BARBUDO: Arquitectura medieval cristiana en Córdoba, Córdoba, 1996.

[7]Ha llegado a hablarse de crisis de repoblación. M. GONZÁLEZ JIMÉNEZ: "La obra repobladora de Alfonso X en las tierras de Cádiz", en Cádiz en el siglo XIII, Cádiz, 1983, pp. 7-20.

[8]A. JIMÉNEZ MARTÍN e I. PÉREZ PEÑARANDA: Cartografía de la montaña hueca, Sevilla, 1997, pp. 51-57

[9]LÓPEZ: "Un ejemplo...".

[10]A. JIMÉNEZ MARTÍN: "Arquitectura gaditana de época alfonsí", en Cádiz en el siglo XIII, Cádiz, 1983, pp. 135-159. El autor rebate (pp. 142-143) la tesis de CÓMEZ según la cual la actual forma qubba es producto de la intervención de Alfonso X: ob. cit., pp. 143-151.

[11]El ábside puede pertenecer a tiempos de Pedro I. H. SANCHO DE SOPRANIS: "La torre del homenaje en Santa María del Puerto", en Mauritania, nº 183 (febrero 1943), pp. 50-53, incluido en la sugerente recopilación Alfonso X el Sabio y El Puerto de Santa María (trabajos dispersos), El Puerto de Santa María, 1984, pp. 55-66.

[12]"Arquitectura...", p. 148.

[13]. B. PAVÓN MALDONADO: Jerez de la Frontera: ciudad medieval. Arte islámico y mudéjar, Madrid, 1981, p. 20.

[14]Ob. cit., pp. 114-120.

[15]Alfonso Jiménez sitúa iglesia y torre entre 1449 y 1457. Carlos García afirma que el templo se levantó en la segunda mitad del XIV, momento en el que sitúa la consolidación del foco "mudéjar", y data el cuerpo inferior de la torre a comienzos del XV. JIMÉNEZ: "Arquitectura...", p. 150. GARCÍA: ob. cit., pp. 402-406.

[16]LÓPEZ: "En torno a la cronología del templo de San Dionisio de Jerez de la Frontera". En prensa. Para las fechas conocidas sobre la torre: L. de GRANDALLANA Y ZAPATA: Noticia histórico-artística de algunos de los principales monumentos de Jerez, Jerez, 1885 (ed. facsímil: 1989), p. 43. A. MUÑOZ Y GÓMEZ: Historiógrafos y antigüedades de Xerez de la Frontera, Jerez, 1889, pp. 161-162.

[17]Ob. cit., pp. 160-162.

[18]Este ábside sufrió entonces importantes alteraciones, lo que se evidencia, por ejemplo, en el diferente perfil de los nervios: los de la parte izquierda tienen el baquetón de perfil redondeado, mientras que los de la derecha lo presentan apuntado.

[19]El profesor Martínez de Aguirre ha planteado la posibilidad de que el abovedamiento de las naves de la iglesia trianera pertenezca ya a la segunda mitad del XIV: J. MARTÍNEZ DE AGUIRRE ALDAZ: "El refectorio de San Agustín y la asimilación del gótico en Sevilla" en Archivo Hispalense nº 229 (mayo-agosto 1992), pp. 109-129.

[20]GARCÍA: ob. cit., pp. 413 y ss.

[21]Atribuye éstas al que denomina "maestro de 1248", que según él marcharía más tarde a Jerez. CÓMEZ: ob. cit. pp. 97-99. Mª Ángeles JORDANO, considerando tal fecha muy temprana para los templos cordobeses, data la portada de La Magdalena a fines del XIII o principios del XIV, y la de Santa Marina a mediados del XIV: ob. cit., pp. 79 y 112.

[22]GARCÍA: ob. cit., pp. 413 y ss.

[23]M. ESTEVE GUERRERO: Jerez de la Frontera (guía oficial de arte), Jerez, 1952, lám. XI.

[24]Una lectura superficial del edificio ha hecho que se afirme repetidamente que este sector occidental pertenece al siglo XIV, a pesar de que ya en 1934 se demostrara que se trata de una obra muy tardía. SANCHO DE SOPRANIS: ob. cit., pp. 12-13. Esto lo corrobora el que tal clase de abovedamiento no se generaliza en la Península como cubrición de las naves principales de los templos hasta 1500, no apareciendo en ningún caso antes de 1450. J. MARTÍNEZ DE AGUIRRE ALDAZ: "La nave gótica de Leire: evidencias para una nueva cronología", en Archivo Español de Arte nº 253 (1991), pp. 39-53.

[25]Su análisis más reciente en GARCÍA: ob. cit., pp. 458-459, donde se señala la relación con ciertos soportes en El Salvador de Vejer de la Frontera.

[26]No puede, por tanto, admitirse la fecha de 1480 que nos ofreció GRANDALLANA, retomada por la mayor parte de la bibliografía: ob. cit., p. 129.

[27] PAVÓN: ob. cit., pp. 21-23, alaba la calidad y originalidad de los mismos.

[28]F. LÓPEZ VARGAS-MACHUCA: "El convento sevillano de Santiago de la Espada y sus enterramientos", en Actas del congreso Las Órdenes Militares en la Península Ibérica (Ciudad Real, 1996). En prensa.

[29]Ob. cit., pp. 119-120.

[30]LÓPEZ: Notas...

[31]Puede contemplarse una fotografía en ESTEVE: ob. cit., lám. XIX.

[32]El arco polilobulado con hojas de la del lado septentrional es idéntico al de la muy restaurada capilla bautismal, o "de la Astera", en San Dionisio.

[33]Probablemente, como la Capilla de la Jura, obra ya del XV de carácter primordialmente funerario. LÓPEZ: Notas...

[34]Ob. cit., p. 71-72.

[35]JIMÉNEZ: "Arquitectura...", p. 143.

Un ejemplo de reutilización y asimilación de arquitectura almohade: la iglesia del Convento de Santo Domingo de Jerez de la Frontera

 
F. LÓPEZ VARGAS-MACHUCA: "Un ejemplo de reutilización y asimilación de la arquitectura almohade: la iglesia del Convento de Santo Domingo de Jerez de la Frontera", en El Mediterráneo y el Arte Español. Actas del XI congreso del CEHA (Valencia. Septiembre 1996), Valencia, 1998, págs. 27-30.

Este texto lo elaboré en 1996 y lo presenté en un congreso del CEHA en Valencia, en mesa presidida por Joaquín Yarza Luaces. Aunque espero en el futuro matizar algunos aspectos, creo que la aportación sigue siendo válida y modifica de manera sustancial el conocimiento que hasta ahora teníamos de la historia del edificio.

Ahora bien, este artículo y todo su contenido no han sido recogidos en cuatro publicaciones realizadas con posterioridad. La primera, el estudio de Esperanza DE LOS RÍOS: “La Historia del Arte en Jerez desde la Edad Media hasta el siglo XVII: Edad Media”, en Historia de Jerez de la Frontera, t. III, págs. 15-44, Cádiz, 1999. La segunda, la breve monografía de Fray José CUENCA FUENTES Real Convento e Iglesia de Santo Domingo, Jerez de la Frontera, Córdoba, 2000. La tercera, la obra divulgativa de Ricarda LÓPEZ GONZÁLEZ: El mudéjar en Jerez, Jerez, 2004. La cuarta, el recién publicado trabajo de Rosalía GONZÁLEZ RODRÍGUEZ y Laureano AGUILAR MOYA sobre El sistema defensivo islámico de Jerez de la Frontera. Fuentes para su reconstrucción virtual.
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jerez de la frontera_convento de santo domingo_fachada
 
La pervivencia de la arquitectura almohade en los reinos cristianos peninsulares ha de explicarse a partir de dos fenómenos sucesivos. El primero, la reutilización de numerosas edificaciones musulmanas. El segundo, la progresiva asimilación de diversos de sus elementos, integrados en un nuevo contexto. Aquí nos vamos a centrar en un edificio en el que se dieron ambos: reutilización y asimilación. Se trata del templo del convento de Santo Domingo de Jerez, obra de gran envergadura y complejidad, pero escasamente estudiada. Para ello vamos a contrastar unos textos aún no correctamente valorados con las imágenes que nos ofrecen una vista de Jerez dibujada por Anton Van den Wyngaerde en 1567, que se halla en la Biblioteca Nacional de Viena, y uno de sus dibujos preparatorios, conservado en el Museo Victoria and Albert de Londres[1].

Jerez de la Frontera Van den Wyngaerde  
Construida -como es habitual en Jerez- en cantería, combinando irregularmente soga y tizón, presenta la iglesia hoy una peculiar planta de dos largas naves dispuestas en forma de "T". La principal, que sería el brazo horizontal de dicha letra, está orientada hacia el norte-noreste, y se cubre mediante crucería. Vamos a distinguir tres partes en ella:

-A: sector al norte de la intersección de las dos naves. Su parte más septentrional la ocupa la cabecera

-B: sector central, en la intersección con la otra nave.

-C: sector meridional, que incluye un coro alto.


Los sectores A y B parecen en principio formar una unidad, imponiéndose visualmente los dientes de sierra que flanquean los nervios. El largo espinazo y la imposta de puntas de diamante son otros elementos unificadores. Se ha aplicado aquí la discutida calificación de "mudéjar", por la aparición de diversos elementos de tradición almohade como los mocárabes de las ménsulas y claves o el angrelado que ornamenta los arcos que la plementería marca en los muros laterales. No los hay, sin embargo, en la cabecera. Ésta es plana, recurriendo a las trompas de arista viva para transitar al polígono, y presenta en el trazado de sus nervaduras una gran complejidad. En el sector C las nervaduras de trazado curvo nos llevan al tardogótico hispano, y los casetones del coro ya al pleno renacimiento.


Un amplio arco decorado con angrelado da paso desde el sector B a la denominada nave del Rosario (brazo vertical de la "T"), antiguamente conocida como nave de San Pedro Mártir. Fue medieval en origen, pero hoy se halla cubierta por medio cañón.

Entre las capillas destaca la de la Virgen de la Consolación -hermosa imagen gótica, copatrona de la ciudad-, que se abre en el muro de la epístola de la nave principal, justo enfrente del arco que da paso a la nave del Rosario. Fue labrada por el veinticuatro Jácome Adorno en 1537, presentando bóveda gótica y portada plateresca. A los pies se abren entre los contrafuertes una serie de pequeñas capillas en forma de qubba almohade: planta cuadrada con cúpula sobre trompas de arista. En la nave del Rosario destaca la capilla tardogótica que le da nombre. A oriente del templo se alza un claustro de grandes dimensiones.



La interpretación tradicional es la que seguidamente se expone. Tras la fundación del convento en tiempos de Alfonso X, se levantaría en el lugar hoy ocupado por la nave principal un templo de escasa entidad. Cuando en el siglo XV el culto a la Virgen de la Consolación trajo consigo fieles y dinero, éste se derribaría para construir en su mismo solar uno más amplio y adecuado. Se crearía a su vez una nave transversal, cubierta por madera, para albergar a los devotos de la imagen. Las obras, comenzadas con anterioridad a un documento de 1436, concluirían a principios del XVI con las bóvedas tardogóticas de los pies. Paralelamente se irían levantando el gran claustro (terminado en fecha muy tardía) y las diversas capillas. A principios del XVIII se reconstruiría y abovedaría la nave del Rosario, otorgándole su fisonomía actual[2].

Partiendo de esta misma interpretación, el historiador Hipólito Sancho de Sopranis realizó en los años treinta importantes aportaciones para el estudio de la obra medieval[3]:

a) Hubo un claustro primitivo a occidente del sector septentrional de la nave.

b) Al fondo de la nave del Rosario se encontraba la capilla de San Pedro Mártir, la cual era a principios del XV patrimonio y enterramiento de los Meyras, pasando después a una rama de los Cabeza de Vaca que había enlazado con aquellos.

c) Las bóvedas de los sectores "mudéjares" -A y B-, a pesar de su aparente unidad, son dos obras de cronología distinta. En aquél en el que se produce la intersección con la otra nave, los nervios descansan en ménsulas de mocárabes de las que parten hacia el suelo delgadas columnillas cortadas. En el que hemos denominado A, sin embargo, los mocárabes se transforman en piñas cónicas de entrelazo. Una ligera desviación en el eje del espinazo le confirma su teoría.

d) Un documento de 1464 habla del “coro nuevo del dicho monasterio”. Identificando "coro" con "cabecera", Sancho afirmó que las bóvedas de este sector -A- pertenecen al segundo tercio del siglo, mientras que las del central -B- habían de estar realizadas antes del documento de 1436.
Décadas después, en obras editadas póstumamente, realizó otras dos aportaciones:

e) Las bóvedas tardogóticas de los pies de la nave principal no pertenecen a principios del XVI, sino a poco después de 1550, fecha en la que se hundieron las primitivas. Ello explica la aparición de esculturas renacentistas en las claves[4].

f) Las obras de ampliación comenzaron exactamente en 1430[5].
 
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 No había consultado Sancho la Historia de Xerez del padre Rallón (1666) para escribir su Historia del Real Convento de Santo Domingo de Jerez de la Frontera (1931)[6]. Sí lo hizo para su fundamental Introducción al estudio de la arquitectura en Xerez (1934), afirmando que aquél comete algunos dislates (sic) acerca de la historia del edificio, los cuales se cuida de no especificar[7]. Es comprensible, pues aquellos no encajan con lo que él había escrito en su Historia.... Precisamente el testimonio de aquél jerónimo es lo que aquí nos interesa.

Según Rallón, "en el mesmo sitio, donde hoy está fundado el convento, huvo una Mesquitilla, o oratorio de los moros con una huerta y algunas casas para sus alfaquíes". Más adelante afirma que los dominicos "començaron un Edificio corto y hiçieron su Iglesia que hoy se conserva, valiéndose de la Mesquita, que está en forma de fortaleça con sus almenas, para Capilla Mayor, corriendo una Iglesia pequeña, que oy es bodega y hace cara a la plaça que llamamos el llano de San Sebastián: el Convento fue lo que oy sirve de Claustro de legos, molino ofiçinas y altahona"[8]. Frente a la capilla de la Consolación “se abrió un grande arco del cual comienza otro pedazo de Iglesia hasta la que fue Capilla mayor y Mezquita de los moros que hoy se llama de San Pedro y hoy es de los Cabeza de Bacca Sucesores de Basco Pérez de Meira, de modo que hace otra segunda Iglesia, y tiene por capilla mayor la de Nuestra Señora de la Consolación. (...) Es obra más antigua que la de la Capilla de Nuestra Señora, con que me persuado a que se hizo al mesmo tiempo que la Iglesia principal y que dende luego se puso la Imagen en el mismo sitio donde está, y que Jácome Adorno no hizo más que adornar y dotar la capilla”[9].

Estas afirmaciones alteran la interpretación tradicional del conjunto. Que no son dislates nos lo confirman los dibujos de Van den Wyngaerde mencionados arriba, que representan en primer término el convento de predicadores.

Jerez de la Frontera Van den Wyngaerde detalle Santo Domingo

Por lo pronto, vemos en el lugar hoy ocupado por el extremo occidental de la nave del Rosario (o sea, los pies de la "T") la "mesquitilla" referida. Su planta cuadrada, cúpula trasdosada y merlones, posiblemente escalonados (el dibujo no desciende a tanto detalle), indican que nos encontramos ante una de las numerosas rábitas en forma de qubba que durante el periodo almohade proliferaron en las cercanías de las principales ciudades hispano-musulmanas y norteafricanas, y que a menudo fueron reutilizadas por los cristianos[10]. En bastantes casos les añadieron una nave de pequeñas dimensiones, configurando así un modelo de iglesia rural destinado a tener gran éxito en el Aljarafe sevillano[11].

Esto es lo que ocurrió en el convento de predicadores de Jerez. Tras la donación de terreno realizada por Alfonso X, los dominicos decidieron utilizar una rábita allí existente como cabecera de su templo, colocando en ella las armas del monarca[12]. Se le añadió al norte la modesta nave cubierta a dos aguas que se representa en los dibujos, siguiendo un eje paralelo a la Alameda Cristina (antiguo llano de San Sebastián), justo donde se halla el actual convento. Vemos también, abocetadas, una serie de diminutas ventanas y, sólo en el preparatorio, la crujía septentrional del claustro desaparecido.

Las obras de ampliación emprendidas en 1430 no podían realizarse hacia el oeste, pues el camino hacia Sevilla marcaba por occidente el límite del territorio concedido a los dominicos, por lo que se decide hacerla en sentido opuesto. Comienza así a levantarse una nueva nave al otro lado del pequeño claustro, el cual con el tiempo será sustituido por uno mucho mayor cuyos cimientos se empiezan a poner a oriente. Al mismo tiempo se levanta la nave del Rosario para enlazar la obra nueva con la primitiva capilla mayor, desde entonces conocida exclusivamente como capilla de San Pedro Mártir.
Para aprovechar el largo espacio resultante se coloca la Virgen de la Consolación donde hoy (la documentación permite suponer que, como decía Rallón, Jácome Adorno no hizo más que construir una nueva capilla donde estuvo la primitiva), de tal manera que la nave transversal albergase a sus numerosos fieles.

Volvamos las imágenes. Vemos una nave del Rosario más corta que la actual, pero con su misma altura y bóveda de medio cañón. Ello nos descubre que el abovedamiento data en realidad del segundo tercio del XVI, y que lo que se hace a principios del XVIII no es sino derribar la qubba y alargar y redecorar la nave. El dibujo definitivo representa entre los contrafuertes tres ventanas o arcos ciegos, pero sólo existe hoy, muy alterado, el más oriental, que es el único que aparece en el preparatorio. ¿Son los otros dos, uno de los cuales parece contener un arco de herradura, añadidos del artista?

Problema parecido presenta la cabecera de la nave principal. En el dibujo definitivo es poligonal, tiene amplios ventanales, e incluso parecen distinguirse unos canecillos. Sin embargo hoy es plana, y no hay restos de canes, siendo ésta la imagen que ofrece el preparatorio (o así parece, pues en la cubierta hay un trazo recto que no encaja con el muro). Aunque Van den Wyngaerde solía ser meticuloso en sus representaciones, quizás en esta ocasión, a la hora de componer la vista general sobre los bocetos previos, reinterpretó algunos elementos.

Por lo que respecta a la cronología, creo que la nave del Rosario se levanta muy pronto, para enlazar la rábita con la nueva nave que empieza a construirse, concretamente con el espacio que albergaría desde entonces a la Virgen de la Consolación. Ello hace pensar que sea éste -el sector B- lo primero que se cubre de aquella, para que funcione como cabecera de una nave destinada al culto de la imagen. La combinación de elementos góticos arcaizantes como los dientes de sierra y las columnillas cortadas con otros almohades tales como el angrelado (con la particularidad de presentar un lazo en la clave de cada lóbulo) o los mocárabes -que podían estar presentes en la rábita reutilizada- es habitual en Jerez en el cuatrocientos. Tal vez al mismo momento (segundo tercio del XV) pertenecían las bóvedas de los pies hundidas en 1550, cuya morfología desconocemos[13].


En cuanto a las capillas en forma de qubba de este último sector, posiblemente se realizaron algo después, a lo largo del último tercio del siglo (consta que al menos una ya estaba construida en 1478)[14]. Aunque en la Baja Andalucía, sobre todo en Sevilla, se recurre con asiduidad a esta tipología a la hora de realizar capillas particulares, hemos de suponer que las de nuestro edificio tuvieron su más cercana inspiración en la capilla de San Pedro Mártir, por ser enterramiento de la rama más prestigiosa de los Cabezas de Vaca en el siglo XV[15]. Hemos de tener muy presente que la asimilación de las formas islámicas acontece una vez que ha habido una reutilización previa de los edificios muslímicos por parte de los cristianos. La adaptación de qubbas para capilla mayor o capilla particular -y en este caso se dan sucesivamente las dos funciones- favorece la progresiva asimilación de esta tipología en el repertorio formal cristiano.

Las bóvedas del sector septentrional -A- son posteriores a las del central. Lo demuestran no sólo la desviación del espinazo y la sustitución de los mocárabes, sino también la cesura en el exterior de las cubiertas que, ya representada por Van den Wyngaerde, es aún hoy día perfectamente visible. La capilla mayor fue adaptada para ser enterramiento de Pedro de Vera Mendoza -gobernador de Canarias- y sus descendientes. A su vez, un documento de 1598 afirma que, con posterioridad a 1506, “el dicho convento deshizo (la capilla mayor) para la volver a reedificar y hazer de nuebo”[16]. Aunque estas bóvedas puedan ser obra del último tercio del XV, hay que convenir que sufrieron reformas en la primera mitad del siglo siguiente cuya intensidad y extensión resulta por el momento imposible de precisar[17].

Dos capillas jerezanas de planta longitudinal se hallan emparentadas con la obra que nos ocupa, por el uso de bóvedas de crucería con espinazo, dientes de sierra, terceletes y trompas de arista en la "cabecera", impostas de puntas de diamante, ménsulas y/o claves de mocárabes, columnillas cortadas, etc. Se trata de la capilla de la Paz en la parroquia de Santiago y la de los Villavicencio en San Lucas (en la cabecera de la nave de la epístola, hoy oculta por una falsa bóveda)[18]. Pero sin duda la obra más cercana a la que nos ocupa, sobre todo por la complicación en el trazado de las nervaduras de la cabecera, es la mitad oriental de la parroquia del Salvador de Vejer de la Frontera. Sobre ninguna de estas obras tenemos fechas seguras, aunque parecen pertenecer a momentos avanzados del XV.


Así pues, hemos de distinguir en la obra del templo de Santo Domingo las siguientes fases desde su fundación hasta finales del XVI:

1) Reutilización de una obra almohade como cabecera de una pequeña nave, y creación de un pequeño claustro (s. XIII-XIV).

2) Comienzo de un nuevo templo paralelo al anterior, y erección de una nave cubierta por madera que lo enlace con la cabecera primitiva. El arco abierto a la nave del Rosario y las bóvedas del sector B pertenecen a este momento (segundo tercio del XV). La obra es gótica, aunque asimila elementos almohades.

3) Abovedamiento del sector septentrional (último tercio del XV, con reformas del XVI cuya intensidad no podemos concretar).

4) Reconstrucción de las bóvedas de los pies, ya en gótico tardío, y abovedamiento con medio cañón de la nave del Rosario (entre 1550 y 1567).

Si añadimos a todo esto las capillas en forma de qubba (último tercio del XV) y las gótico-platerescas (segundo cuarto del XVI), así como la erección del gran claustro (XV-XVI), se evidencia una sincronía de estilos diferentes que manifiesta la diversidad de opciones estéticas y la capacidad de asimilación de la arquitectura jerezana durante el tardío medievo y la primera modernidad.

Queda así establecido un planteamiento para la relectura de este templo, cuya complejidad estructural y decorativa ha de ser explicada teniendo muy presentes las necesidades cultuales, así como la reutilización de una obra almohade y la parcial asimilación de formas islámicas, integrándolas en el repertorio formal cristiano.
 

[1]. R. L. KAGAN: Ciudades del Siglo de Oro. Las vistas españolas de Anton Van den Wyngaerde, Madrid, 1986, págs. 55-67 y 315-317. Dibujos: Viena 13, Londres 10ro.

[2]. Esta interpretación la difundió M. ESTEVE GUERRERO: Jerez de la Frontera, 20 ed. Jerez, 1952, págs. 175-180.

[3]. H. SANCHO DE SOPRANIS: Historia del Real Convento de Santo Domingo de Jerez de la Frontera, vol. 1, Almagro, 1931. Idem: "Introducción al estudio de la arquitectura en Xerez", en Guión. Cuadernos de estudio, Jerez, 1934, págs. 49-58. Estas aportaciones no han sido recogidas por otros investigadores.

[4]. H. SANCHO DE SOPRANIS: "La arquitectura jerezana en el siglo XVI", en Archivo Hispalense n1 123 (1964), págs. 16 y 21.

[5]. H. SANCHO DE SOPRANIS: Mariología medieval xericense, Jerez, 1973, págs. 21 y 22. Por desgracia no se especifica la fuente de la que obtiene tal fecha, que se contradice parcialmente con lo que él mismo había escrito con anterioridad.

[6]. E. RALLÓN: Historia de la muy noble y muy leal ciudad de Xerez de la Frontera, tratado último, Jerez, 1926.


[7]. SANCHO: Introducción, pág. 57, nota 11.

[8]. RALLÓN: ob. cit., págs. 47 y 48.

[9]. Ibídem, pág. 57.

[10]. L. TORRES BALBÁS: "Rábitas hispanomusulmanas", en Al-Andalus, 1948, págs. 475-491. B. PAVÓN MALDONADO:"En torno a la qubba real en la arquitectura hispano-musulmana", en Actas de las Jornadas de cultura árabe e islámica, Madrid, 1981, págs. 247-262.

[11]. D. ANGULO IÑIGUEZ: Arquitectura mudéjar sevillana de los siglos XIII, XIV y XV, reed. Sevilla, 1983, págs. 102-107. A. J. MORALES MARTÍNEZ: "Reflexiones sobre algunas iglesias mudéjares del Aljarafe sevillano", en Mudéjar Iberoamericano. Una expresión cultural de dos mundos, Granada, 1993, págs. 39-54. Aunque la mayoría de los ejemplares aljarafeños parecen pertenecer en su integridad a tiempos cristianos, algunas cabeceras pueden ser de época musulmana.

[12]. RALLÓN: ob. cit., pág. 55.

[13]. No podemos precisar a qué se refería el documento de 1464 encontrado por Sancho en el que se hablaba del "coro nuevo".

[14]. C. GARCÍA PEÑA: Arquitectura gótica en la provincia de Cádiz. Diócesis de Jerez, Universidad Complutense de Madrid, 1990, págs. 829-830.

[15]. R. SÁNCHEZ SAUS: Linajes medievales de Jerez de la Frontera, págs. 13-17. En prensa. Agradezco al doctor Sánchez la gentileza que ha tenido de facilitarme la consulta de este trabajo antes de su publicación.

[16]. Este documento lo presentó GARCÍA: ob. cit., págs. 831-835 y 1575-1584. Su interpretación del mismo es que se refiere tan sólo “a las partes bajas, las gradas, que se sustituyeron por un corredor”. Sin embargo, los términos utilizados parecen indicar que la obra afectó a las bóvedas.
[17]. Si las obras afectaron tan sólo a la cabecera se explicaría la desaparición en aquella del angrelado y lo complicado de sus nervaduras.

[18]. Estilísticamente cercanas se hallan también la capilla bautismal y la contigua de los Suárez de Toledo en San Mateo (ambas con bóveda estrellada), así como la de los Sarzana en San Juan de los Caballeros.

A modo de justificación

En realidad esto que tienen ustedes aquí no es exactamente un blog. Quiero decir, no es un cuaderno de notas con aportaciones más o menos periódicas. En realidad es un ámbito para permitir al interesado que acceda a los diferentes textos, no siempre fáciles de localizar en las bibliotecas, que el firmante de estas líneas ha ido escribiendo a lo largo de los últimos lustros sobre diferentes cuestiones de arte medieval, la mayoría centrados en la arquitectura "gótico-mudéjar" (por llamarla de alguna manera) en Jerez de la Frontera.

Los artículos los iré subiendo poco a poco, y probablemente con el tiempo iré añadiendo dentro de ellos ilustraciones que los enriquezcan. Su contenido, por su naturaleza científica y no divulgativa, lo considero bastante aburrido, pero pienso que se aportan elementos de interés para el estudio de un panorama artístico en general bastante desatendido. El lector es el que tiene la última palabra sobre el valor de tales aportaciones.