viernes, 5 de junio de 2026

No, la Torre de la Atalaya no ocupa el solar de un alminar

Considero que los dos últimos artículos de David Caramazana Malía, ambos en torno al Jerez islámico, resultan particularmente desafortunados, toda vez que –cualquiera que sepa de qué va el asunto se da cuenta de ello– se encuentran en buena medida estimulados por su manifiesta necesidad de llevar la contraria a las cosas que hemos escrito otros recientemente, esto es, de revelarse como "descubridor de la verdad" frente a la presunta torpeza de los demás. Ello le lleva no solo a incurrir en ejemplos de mala praxis científicas, en él habituales –sobre todo a la hora de citar– desde que cambió de director de tesis, sino también a lanzar hipótesis pobremente argumentadas. 

 

En este blog ya he dicho que ando en exceso ocupado como para desmontar semejantes propuestas, entre ellas la llamativa –por la muy deficiente lectura de las fuentes gráficas– que se refiere a la orientación de la mezquita aljama reconvertida en colegial. Tengo una serie de publicaciones sobre arte y música que andan haciendo cola, así que Jerez tendrá que esperar. Sin embargo, en su artículo Las mezquitas de Saris Siduna (enlace) hay una hipótesis insostenible que está empezando a encontrar cierto eco, así que me corresponde dejar las cosas claras antes de que el asunto vaya a más.

La afirmación (p. 26) hace referencia a la Torre de la Atalaya:

"Todavía conserva su disposición original adosada a la nave del Evangelio de la parroquia del patrón. Si bien la historiografía (...) ha documentado con solvencia esta construcción civil cristiana a mediados del siglo XV, no podemos olvidar que la iglesia que linda con ella presenta numerosos argumentos para ser la primera aljama de la ciudad. ¿Se trata de otra torre cristiana que ocupó el solar de un primitivo alminar? Su ubicación cuadraría también con la normal disposición de los alminares en las inmediaciones de los patios de abluciones."

Como Caramazana probablemente sabe, fue Diego Angulo allá por 1932 quien observó agudamente que la torre se encuentra levantada recreciendo dos contrafuertes de la cabecera de la nave del Evangelio. Cualquiera que entre en la plata baja lo puede comprobar a simple vista. De esa circunstancia sacó don Diego la conclusión de que la torre por fuerza había de ser posterior a la iglesia. En 1999 hice una corrección a esa idea: la torre no tenía que ser posterior a toda la iglesia gótico-mudéjar, sino tan solo al referido ábside, que pude clasificar entre la primera arquitectura cristiana de la ciudad, y por ende como resto de un primer San Dionisio que se integraría en la nueva obra gótico-mudéjar de la primera mitad del Cuatrocientos. La tesis doctoral de José María Guerrero Vega, quien realizó planimetrías y análisis paramentales, confirmó esta circunstancia.

La cuestión es que la torre es, forzosamente, posterior al lienzo mural del que su primer cuerpo se aprovecha. Las dimensiones de la planta de la torre, por tanto, se encuentran condicionadas por la obra gótica previa. El ábside condiciona la torre, no al revés. Cuando los castellanos levantaron esta cabecera cubierta con crucería ningún alminar debía levantarse en el sitio que ocupa nuestra Torre de la Atalaya, por la sencilla razón de que la erección del ábside y sus contrafuertes se hubiese visto condicionada por la presencia de esa presunta torre islámica. Los contrafuertes no se adosaron a nada previo. Estaban libres haciendo lo que les corresponde, reforzar el muro. Y que nadie piense que las primeras hiladas que dan a la Plaza Plateros pudieron ser de tiempos islámicos, porque los signos de cantero minuciosamente estudiados por Guerrero Vega –se pueden ver junto a la Piedad de Diego Felices de Molina– dejan claro que estas son del siglo XV.

Otra cosa muy distinta es que en algún punto del espacio adyacente al muro del lado del Evangelio pudiese haberse situado un alminar de la mezquita desaparecida; que este pudiera ser reutilizado como torre cristiana; y que una vez realizada la gran reforma gótico-mudéjar se eliminase la construcción inicial y se la sustituyese por la Torre de la Atalaya. En ese caso, la construcción de esta última no se realizaría fundamentalmente para colocar el primer reloj público de la ciudad, como ha afirmado Manuel Romero Bejarano, sino para reemplazar un elemento emblemático que ya sufriría varios siglos de antigüedad. De acuerdo, cabe tal posibilidad.

Todo ello en el caso de que realmente hubiese alminar en la referida mezquita, claro está, porque solo las que tenían categoría de aljama tenían la obligatoriedad de levantarlo. La hipótesis de Laureano Aguilar de que aquí estuvo la primitiva aljama de Sharish, que ahora Caramazana defiende de manera denodada, cuanta con interesantes argumentos a favor y resulta plausible, pero quien a ustedes se dirige encuentra más fuertes aquellas consideraciones que conducen a pensar que esta función la ejerció siempre aquella otra mezquita cuyos restos han aparecido junto a la actual Catedral; es la hipótesis que sostiene Borrego Soto.

En realidad, de la mezquita de San Dionisio lo único que sabemos es que el patio debió de estar en la zona de la Calle Luis Bellido, que la quibla coincidiría más o menos con el muro de la Epístola y que, por ende, estaba muy mal orientada hacia La Meca, compartiendo parecida orientación a la mezquita que habría en San Marcos. Ya está. Luego uno puede dejar volar su imaginación. Que si en la época almohade hubo mezquitas especialmente mal orientadas –empezando por la nueva aljama de Sevilla–, que si las muy originales formas mudéjares de San Dionisio –nadie ha encontrado aún una explicación para sus pilares– pudieran ser un reflejo de una mezquita levantada aquí precisamente en tiempos de los unitarios, que si a lo mejor fue entonces cuando la Plaza Plateros adquirió mayor vigor como centro de actividad comercial de la ciudad, pero no se quiso privar de su calidad de aljama a la que estaba por allá abajo...

Para elucubrar siempre hay tiempo, pero lo único que considero posible afirmar de esta mezquita es lo referido a su deficiente orientación. Nada de cronología, de torres ni de todo lo demás. Debe imponerse la prudencia frente a la tendencia a ir lanzando afirmaciones categóricas. Ya lo decía Marx, Groucho Marx: es mejor guardar silencio y parecer idiota que abrir la boca y confirmarlo.