lunes, 30 de marzo de 2026

Aquí va la conferencia sobre Bernini

Va dedicada a ese señor que, me consta, anda arguyendo cosas increíblemente bizarras -por usar un término muy suyo como excusa para dejarme fuera de todas las conferencias que organiza; la mayoría de las cuales tienen a él mismo como protagonista, dicho sea de paso-. Y también se la dedico a los señores de la cúpula del CEHJ -señores y señora, no me olvido de la ilustre doña Carmen Raimóndez- que decidieron darme el puntapié por considerarme indigno de semejante institución. No, no cuela eso de que yo soy el malo de la película: lo que he hecho en las redes sociales es defenderme, con toda la dureza que las circunstancias han demandado, de las continuas insidias de un Miguel Ángel Borrego Soto dispuesto a rebasar todos los límites con tal de quitarse de en medio a quienes considera que le hacen sombra.

Venturosamente, el tiempo los pondrá a todos en su sitio. O ya los está poniendo: tras la conferencia tuve la oportunidad de exponer al abundante público esta situación, y me parece que se sacaron conclusiones bastante lógicas. Esta cúpula del CEHJ pasará a la historia, pero no por las razones que a sus miembros les gustaría.

jueves, 26 de marzo de 2026

Un derecho y un deber

Me hizo muy feliz el pasado martes 24 Ateneo Siglo XXI dándome la oportunidad de hablar, en el Palacio de Villapanés, sobre la escultura de Gian Lorenzo Bernini. Me ha permitido hacer lo que más me gusta: compartir las cosas que me interesan, plantear las preguntas que yo mismo me hago, intentar entusiasmar con lo que me entusiasma, abrir puertas a quienes quieren recorrer senderos... Todo ello en un momento en el que he caído en desgracia ante los que manejan los hilos de la cultura en Jerez: no es ninguna casualidad que en los últimos años no haya impartido ninguna conferencia pública -otra cosa son las asociaciones de mayores, cuyas charlas son de carácter semiprivado- en esta ciudad. Mi última intervención sobre arte fue en el Palacio Ducal de Sanlúcar de Barrameda, hace un par de años. El Ayuntamiento ya hace tiempo que me vetó. Bueno, el Ayuntamiento no, sino el técnico de Cultura que se encarga de organizar conferencias: Manuel Romero Bejarano. Luego están el Centro de Estudios Históricos Jerezanos y el Museo Arqueológico, instituciones en teoría independientes que andan unidas de facto bajo la dirección de Francisco Barrionuevo. ¿Pueden creer que en los treinta años que llevo investigando Ramón Clavijo jamás me ha reclamado para una conferencia en sus Jornadas de Historia de Jerez? El último en dejarme fuera ha sido Javier Jiménez López de Eguileta en el curso sobre historia y patrimonio que ha organizado para la diócesis. Igualmente ha sido marginada por este último, y por todos los arriba citados, la doctora Esperanza de los Ríos Martínez, a la que venturosamente también ha podido recuperar Ateneo Siglo XXI: la escucharemos el mes que viene hablando de José de Arce.

 

Todo esto me lleva a una cuestión central que expuse al finalizar la charla: hay mucha gente en Jerez perfectamente preparada para hablar de cosas que son de interés general. Cosas que no son, necesariamente, aquellas sobre las que uno ha investigado. Está muy bien que quienes estudiamos historia y patrimonio expliquemos aquello que hemos descubierto y tal. Está mejor aún que los jerezanos quieran conocer su ciudad. Pero resulta cansino, por no decir egoísta, que quien a ustedes dirige hable tan solo del mudéjar, Fulanito sobre tal tema y Menganita sobre aquel otro.

Por eso mismo quise centrarme en Bernini, decisión que habrá desconcertado a algunos. Podría haberlo hecho, porque me dieron carta blanca, sobre cómo la iglesia de La Rábida es obra del taller gótico-mudéjar en Jerez y fue costeada por el I Duque de Medina Sidonia: es investigación propia, la conferencia estaba preparada -la que ofrecí en Sanlúcar- y hubiera quedado bonita. Pero tenía razones de peso para dedicar la charla al genio de la escultura. Primero, porque me encanta. Segundo, porque necesitaba desencasillarme y quería aprender cosas nuevas, en este caso viajando otra vez a Roma y leyendo mucho. En tercer lugar, y no menos importante, porque hay muchísimas personas -quedó demostrado por la enorme afluencia de público- que quiere saber más sobre los grandes de la historia del arte, o sobre historia en general. No todo puede ser Jerez y su mundo. Hay demanda por saber más, qué sé yo, sobre la Acrópolis de Atenas, las Cruzadas, la Conquista de México, Cervantes, el alzamiento de Riego en Las Cabezas o la pintura del Expresionismo.

Considero que hay restringir a los espacios adecuados esa dinámica del investigador que presenta a otros investigadores sus últimos descubrimientos manejando un código inteligible solo para el círculo de especialistas. Eso es lo apropiado en un congreso o en unas jornadas. Lo es también en el espacio de "la pieza del mes" que organizan muchos museos, entre ellos el jerezano. Pero la inmensa mayoría de las personas demandan también que se les dé acceso a los grandes temas de la cultura. ¿Por qué demonios no puede nuestro Museo Arqueológico organizar al mismo tiempo charlas sobre qué son la revolución neolítica o el megalitismo, pongamos por caso? ¿Acaso supone eso "rebajar" el nivel de exigencia intelectual a un investigador? Me temo que hay gente que así lo piensa. Una vez le pedí a un profesor universitario que publicase un resumen de su voluminosa tesis doctoral. La respuesta fue contundente: "yo no tengo que hacer divulgación, quien quiera conocer mis aportaciones que se lea las dos mil páginas". Fue el mismo catedrático que me dijo, literalmente, que los profesores de instituto no tenemos por que investigar, que a nosotros el estado nos paga por impartir clases a alumnos de secundaria. 

Sintiendo repugnancia ante tan clasista posicionamiento, soy de los que piensan que los historiadores tenemos que "bajar a la tierra", apartarnos de medalleos que parecen intercambios de cromos -yo te la pongo a ti y tú dos años más tarde me la pones a mí-, olvidarnos de conferencias impartidas en tono épico que recuerdan a pregones, dejar de organizar ciclos para que nosotros mismos y nuestros amiguetes presentemos nuestros "grandes descubrimientos" -ahí está el exclusivo chiringuito que se ha montado Miguel Ángel Borrego Soto ad maiorem gloriam suam-. Lo que tenemos que hacer es ponernos el mono de trabajo, prepararnos aquellos temas que los amantes de la cultura quieren conocer y ofrecérselo en las mejores condiciones posibles. Descender a la tierra y realizar divulgación de los temas que haga falta no es solo un derecho que tenemos los investigadores frente a aquellos que piensan que determinados temas son de su propiedad: es también un deber, un compromiso con la sociedad. 

Obviamente, para hacerlo hay que tener tiempo, capacidad de comunicación y ganas de estudiar, pero insisto en que en Jerez hay no pocas personas de diferentes ámbitos dispuestísimas para hacerlo, y que si no están ahí, frente a quienes desean escucharlas, es porque los cuatro o cinco que manejan las instituciones que organizan conferencias no están interesados en realizar la oportuna invitación. O directamente no quieren hacerlo, por motivos inconfesables pero que usted, yo y todo el mundo conocemos perfectamente.

Por eso mismo hay que agradecer iniciativas como la de Ateneo Siglo XXI y confiar en que se siga ampliando una nómina de conferenciantes ajena a esos círculos selectos que han disfrutado de exclusividad gracias a su estratégica cercanía a los círculos de poder. 

viernes, 13 de marzo de 2026

¿Prestigio? ¿Qué prestigio? El treinta por ciento de los miembros del CEHJ termina abandonando

Celebra mañana sábado el Centro de Estudios Históricos Jerezanos un acto institucional con recepción de nuevos miembros, entrega de medallas -esto les encanta: crea redes clientelares- y tal. Hablemos de miembros. De números. En la página web figura que actualmente hay 77 miembros no fallecidos, incluyendo 4 correspondientes. De todos ellos, 21 son supernumerarios, es decir, en la práctica están fuera: pertenecieron a la institución y han decidido abandonarla. Voy a sumar a tres personas que formaron parte y la han dejado del todo, queriendo expresamente no figurar como supernumerarios: José Antonio Mingorance, Jesús Caballero Ragel y Juan Antonio Moreno Arana. Puede que haya más. Y me sumo también yo, que he sido pasado a supernumerario por iniciativa de Miguel Ángel Borrego Soto -quien lleva poniendo en entredicho mi categoría científica desde hace años por razones de sobra conocidas- y la plena aquiescencia de Francisco Barrionuevo y su Junta Directiva. El tiempo pondrá a estos últimos en su sitio.

Pero bueno, vamos a sumar. Total de miembros que pertenecen o han pertenecido al Centro de Estudios Históricos Jerezanos, dejando a un lado fallecidos y honorarios, 82. Total de los que abandonan, sumando supernumerarios y quienes no somos ya ni eso, 25. Hagamos una simple regla de tres: un 30 % de los miembros del CEHJ -puede que sean más, me faltan datos sobre si ha habido otros abandonos completos- están fuera de la institución. Tres de cada diez.

¿Razones del abandono? Como mínimo, el desinterés. En los casos más graves -es el mío propio-, profundo desacuerdo con el funcionamiento interno y las líneas de acción. En otras ocasiones, quizá muchas, puro desencanto. Para no pocas personas habrá sido una mezcla de los tres factores. Lo que está claro es que las cosas no funcionan, y que bajo ningún concepto el CEHJ puede hablar de prestigio institucional ni de nada parecido: la cifra es escandalosa y habla por sí sola. Y si sumásemos -no hay manera de contabilizarlo- la lista de aquellos a quienes se les propuso ingresar y dieron nones, ya ni les cuento.

Las cosas no van a mejorar. Al contrario. Barrionuevo ha convertido el actual CEHJ en un lobby de arqueólogos al servicio de los intereses de quienes integran su cúpula. La actual Junta Directiva, al haberme rebajado a supernumerario al tiempo que decidía apoyar firmemente las malas prácticas científicas de Borrego Soto -que son vox populi, aunque muchos no se atrevan a levantar la voz-, deja claro que no está dispuesta a admitir voces discordantes. También de que se mantiene firme en su deseo de no abrir el acceso al CEHJ mediante un sistema que no sea la designación a dedo, reclamación que realicé cuando pertenecí a dicha Junta y que marcó el principio de la serie de desencuentros que he tenido con ella.

Dicho de otra manera, los señores y señoras que me han dado el puntapié y han arropado a Borrego Soto quieren que el CEHJ siga funcionando de manera abiertamente endogámica, y por ende al servicio de círculos muy concretos con intereses comunes. Por eso mismo, lo mejor que puede hacer el CEHJ es disolverse y dejar paso a una nueva institución ajena a personalismos, libre tanto del comportamiento sectario como de enfrentamientos con otras instituciones. Una institución, en definitiva, verdaderamente al servicio de la comunidad de investigadores en su integridad, y no pensada para jugar al “Yo te medalleo, tú me medalleas, él nos medallea”.

Por cierto, la medalla de este año va para la Asociación de Amigos del Museo Arqueológico. Quienes la forman, sus integrantes, los que pagan cuotas y acuden a las actividades, se la tienen merecidísima, pero la circunstancia de que su presidente, Diego Bejarano, sea al mismo tiempo miembro de la Junta que otorga la medalla, resulta un poquito inconveniente, por decirlo de manera suave. “Yo me medalleo…”.

jueves, 26 de febrero de 2026

Sobre la seriedad: un nuevo artículo sobre el recinto amurallado de Jerez

Ya expliqué en este blog que el joven investigador David Caramazana, en tiempos amigo al que ayudé en sus investigaciones y con el compartí impresiones diversas en torno al arte medieval jerezano y sevillano, ha desarrollado una considerable aversión hacia mi persona; aversión muy probablemente provocada y estimulada por Manuel Romero Bejarano, mentor y suministrador de documentación varia para sus publicaciones. Claro está que cada uno puede escoger con quien llevarse bien o mal, o si merece la pena desarrollar enemistades solo para dejar claro a qué grupo-secta en concreto se pertenece. El problema surge cuando el deseo de hacer daño al presunto enemigo se vuelve tan profundo que te lleva a incurrir en una continua mala praxis en tu trabajo; en este caso, en las publicaciones científicas en las que coinciden nuestros campos de investigación.

Si hasta hace no mucho el citado investigador había decidido hacerme una damnatio memoriae en toda regla omitiendo mi nombre todo lo posible, en su antepenúltimo artículo Caramazana Malía llegaba a atribuirse a sí mismo una serie de aportaciones que pertenecían a otras personas, sobre todo al firmante de estas líneas. En el que acaba de publicar sobre el recinto amurallado de Jerez va a más, y cuando le corresponde hablar de la aljama de Sharis escribe la siguiente nota a pie de página:

“A la espera de los resultados de la intervención arqueológica, lo más serio escrito al respecto en Guerrero, Espacio y construcción, pp. 43-46; Borrego, “La ciudad andalusí de Jerez”, pp. 43-78. Nos distanciamos de la hipótesis sobre la aljama jerezana y la errónea cronología planteada por López Vargas-Machuca, “La mezquita aljama”, pp. 7-34.”

El mensaje parece claro: mi artículo publicado en Trocadero no es serio. Lo siento, pero en una revista científica tales insultos gratuitos no se pueden publicar, menos aún sin aportar ni un solo argumento que corrobore esa presunta falta de seriedad generalizada. ¿Se lo explicaron a este señor en la universidad? Seguro que sí, pero él mismo ha decidido cambiar a su antiguo director de tesis, una persona tan excepcional como exigente, por un íntimo amigo de Manuel Romero Bejarano que se mueve en una dinámica muy distinta. Y ya si no vamos a los propios trabajos científicos del citado Bejarano, repletos de insultos, chascarrillos, desprecios, gracietas de diversa índole y motes que él mismo pone a otros investigadores, comprenderemos de dónde le viene a Caramazana semejante manera de actuar.

No, no es serio realizar tales acusaciones sin aportar ni un solo argumento científico, pero menos serio aún es no haberse leído detenidamente el artículo en cuestión: si lo hubiera hecho, descubriría que las conclusiones se apartan poco de lo que podríamos llamar “ortodoxia interpretativa” de los restos que han aparecido en la Casa del Abad, y que de hecho mi clasificación del patio en época almohade –todo lo discutible que se quiera– es aceptada por Borrego Soto y encaja con las propias tesis que Caramazana defiende, esto es, la existencia de una primitiva aljama en San Dionisio y la correspondencia de los restos junto a la catedral a tiempos de los Unitarios.

Lo dicho, no se lo ha leído. Al menos, no se lo ha leído bien, o se ha creído lo que alguien le ha contado que en él escribo, y que eso que escribo es muy malo. Asimismo, queda claro que tampoco le ha vuelto a echar un vistazo a mi viejo artículo sobre Santo Domingo –disponible en este mismo blog- que él cita como ejemplo de publicación en la que se acepta una cronología islámica para los restos ocultos en lo que los jerezanos llamamos “Los claustros”. No lo hice, por una sencilla razón: cuando escribí aquello para presentarlo en un congreso en Valencia los restos del muro de tapial, los merlones del mismo material y la puerta de piedra con un arco de herradura apuntado no habían aparecido. ¿Cómo demonios iba yo a decir nada sobre una edificación defensiva? Los primeros que escribieron sobre esta y sobre la posible existencia de un ribat fueron Laureano Aguilar y Rosalía González en su libro sobre las murallas, y muchísimos años más tarde yo he vuelto a plantear esa posibilidad basándome en la existencia al mismo tiempo de una fortificación y de un morabito en forma de qubba, justo el que representa Van den Wyngaerde y el que fue utilizado, según Rallón, como cabecera del primitivo templo dominicano, que se extendía longitudinalmente en lo que hoy es la Alameda Cristina, antiguo Llano de San Sebastián.

¿Ponemos la cosa aún peor? Miren qué escribe Caramazana: “No obstante, otros autores plantean una construcción de época cristiana: González y Aguilar, El sistema defensivo, p. 106". Pues lean, lean lo que realmente escriben Rosalía y Laureano:

“En cuanto a su cronología nos es imposible por el momento ajustarla con exactitud. En principio estimamos que pudo formar parte del entramado defensivo almohade y así lo hemos recogido en la reconstrucción virtual. De hecho las características de los arranques del arco de la puerta en forma de “pico voladizo acusado” son consideradas por B. Pavón invención almorávide-almohade. Pero también puede tratarse de una obra de clara ascendencia islámica, levantada o reformada en muy tempranos momentos de la etapa cristiana, aunque la pronta instalación de la orden dominica en sus muros no parece abundar en este sentido.

Sobre su uso, además de la función defensiva a la que hacen referencia las fuentes, quizá sirvió de resguardo para viajeros, mercancías y ganados que llegaban a la ciudad tras el cierre de sus puertas, a modo de manzil o albergue, o tal vez de albacar. Y no es descartable que, a pesar de la proximidad al recinto urbano, desempeñasen el papel de ribat, convento o monasterio fortificado con carácter tanto piadoso como militar. De hecho, el P Rallón menciona que en ese reducto “... hubo una Mesquitilla, o oratorio de los moros con una huerta y algunas casas para sus alfaquíes”.

¿Problemas de comprensión lectora por parte de Caramazana o, más bien, voluntad de trasmitirle al lector que González y Aguilar, sin descartar una cronología cristiana, encuentran argumentos sólidos para apostar por una cronología almohade e incluso llegan a plantear que se pudo tratar de un ribat? 

Lo dicho: Caramazana bien no se lee todas las fuentes que recoge en la bibliografía, bien las manipula a su antojo. Si el deseo de aportar cosas serias se ve enturbiado por la imperiosa necesidad de dejar en mal lugar a otros colegas, no necesita realizar un análisis pormenorizado de la bibliografía ni transmitir con exactitud lo que estas dicen. Basta con citar de pasada o maliciosamente, aunque sea incurriendo en errores de bulto.

Si alguien cree que lo de este artículo es un caso puntual, que se vaya al de Centro y Periferia, que analicé en esta otra entrada, y vea cómo cita Arquitectura alfonsí de Rafael Cómez para hacer referencia a las aportaciones de este autor sobre el gótico en Jerez, cuando no hay en ese libro ni un solo párrafo sobre el tema. Aquello que Cómez estudió en Jerez, San Dionisio y San Lucas además de la mezquita del alcázar, se encuentra en Las empresas artísticas de Alfonso X el Sabio, un libro algo posterior del mismo autor. Caramazana no consultó ninguno de ellos para escribir su artículo. Tendré que recordarle a este chico lo que les digo a mis alumnos del Bachillerato Internacional cuando tienen que hacer la Monografía, una especie de TFG en miniatura: solo se puede citar lo que realmente se consulta, haciéndolo con su número de página y tal para que el lector pueda verificar la veracidad de la cita. Citar “porque sí” para aparentar un esfuerzo mayor del que se ha hecho no es (¿se entera, señor Caramazana?) mínimamente serio.

Tengo más cosas que decir sobre su artículo –por ejemplo, sobre el presunto paseo de ronda en el muro interior de la Casa del Abad que yo mismo pude recorrer con Gonzalo Castro, o ese Arroyo Salado sobre el que quien a ustedes se dirige vivió el primer año de su vida–, pero ahora no hay tiempo: tengo tres proyectos editoriales muy bonitos que no dejo de interrumpir para atender a interferencias como esta, y a estas alturas no pienso seguir renunciando a ellos para desenredar las madejas que otros han enredado. A ver si este verano, con menos agobio, me explayo sobre el asunto.

sábado, 31 de enero de 2026

Por si no ha quedado claro...

Jerez conoce su peor momento en lo que a la investigación histórica se refiere. No por la falta de iniciativa, sino por el poder acumulado por determinadas personas que están haciendo mucho daño.

A mi entender, lo mejor que podía ocurrir ahora mismo es Francisco Barrionuevo y Miguel Ángel Borrego Soto, dos señores que acaban de dejar bien claro cuál es su estatura y cuáles son sus verdaderas aspiraciones, abandonaran el Centro de Estudios Históricos, y que acto seguido esta institución se refundara sobre bases completamente nuevas que incluyeran, como condición principal, el acceso mediante méritos y no por designación, que es como hasta ahora se ha hecho para permitir la más descarado y nociva endogamia.

Justo la que va a permitir a estos dos individuos y a su más estrecho círculo de colaboradores ir pasándose el poder unos a otros durante los próximos lustros. Siento vergüenza por haber cometido el error de trabajar con ellos. Demasiado tarde.

viernes, 30 de enero de 2026

Carta a una desconocida

Perdón por parafrasear el título de la genial, inolvidable película de Max Ophüls sobre novela de Stefan Zweig, pero no se me ocurre otro título mejor para esta entrada.

La misiva se dirige a una chica, cuyo nombre desconozco, que tuve la oportunidad de conocer durante una de las manifestaciones en defensa del casco histórico que organizaba Esperanza de los Ríos. Era muy joven, había estudiado Historia, quería ser medievalista y me confesaba que su modelo a imitar era Miguel Ángel Borrego Soto. Su campo de acción iba a ser el Jerez andalusí.

Poco tiempo más tarde, se recibió en el Centro de Estudios Históricos Jerezanos un artículo suyo. El tema era de mucho interés, pero desde la Revista de Historia de Jerez se consideró que el resultado era deficiente. Como por entonces yo estaba en la directiva, solicité que se me permitiera la lectura para ofrecer una tercera opinión. Me pareció que el trabajo aún no estaba en su punto de cocción, que necesitaba aún varias vueltas de tuerca para ser publicado, pero que por supuesto tenía que ver la luz en el futuro. Cuando Borrego Soto descubrió que yo había leído las páginas montó en cólera: que solo los miembros del comité científico de la revista tenían derecho a hacerlo y tal. La circunstancia de que yo fuera medievalista no me autorizaba a aportar mi punto de vista. En fin, querida y desconocida colega, ya sabes cómo terminó todo: ese mismo arabista que tú tantísimo admirabas te envió un seco mensaje diciéndote que el trabajo no tenía calidad para ser publicado. Y a mí se me echó la bronca, por meter las narices donde no me llamaban.

Desde aquí quiero animarte a que sigas adelante con tus investigaciones. Si por casualidad has seguido este blog, ya sabes lo mucho que he tenido que pasar por culpa de tu querido arabista. Ya has podido comprobar cuál es su modus operandi. Eres consciente de qué busca manteniéndose, con total apoyo de la actual directiva del CEHJ –échale un vistazo a mi entrada anterior– en el puesto de director de la citada publicación. Y sabes tan bien como yo cuál es la verdadera razón de que tu trabajo fuera rechazado. No te desaliente ver el postureo que algunos van a practicar dentro de unos días cuando se presente el próximo número de la revista. No se te ha perdido nada en ella. ¿Sabes una cosa? Me consta ha sido rechazado algún artículo que llegaba desde un investigador muy serio, y tengo la impresión de que le han dado nones porque a ese investigador lo propuse yo en su momento para entrar en el CEHJ. Así se las gastan en una revista que debería ser un foro para incentivar y dar a conocer, pero que se ha transformado en todo lo contrario: un espacio de control para dar protagonismo a unos y dejar en la oscuridad a otros. Tampoco te llame la atención lo de los premios que anualmente se reparten en tan protocolario evento. Esos galardones, que durante mi permanencia en la directiva pude comprobar que eran una de las prioridades de las –más bien escasitas– cosas que hace el CEHJ, se crearon en parte para aplaudir a quienes se lo merecían, pero también para crear redes clientelares e incluso comprar voluntades. La verdad, tú y yo podríamos pasarnos esa tarde por la presentación, a gozar del espectáculo.

Volviendo al centro de la cuestión: no te dejes arredrar por los grupos de poder que pretenden mantener el monopolio en la investigación de determinados temas. Nadie comienza escribiendo grandes artículos. Todos hemos aprendido de nuestros errores, de nuestros balbuceantes inicios. Sigue tu camino y aporta lo que tengas que aportar. El Jerez medieval, tanto andalusí como cristiano, necesita personas que propongan renovadores puntos de vista. No es que lo hasta ahora construido se haya hecho mal, ni tampoco que lo que tú u otros investigadores podáis decir nuevo necesariamente vaya a convertirse en referencia. De lo que se trata es de algo tan sencillo como importante: a mayor número de personas analizando las mismas cuestiones, mayor riqueza de perspectivas y, por ende, más posibilidades de que la investigación avance con solidez.

Insisto, no dejes que seamos los mismos de siempre los que escribimos sobre determinadas cosas. Busca espacios para darte a conocer. Y hazlo alejándote de esos “reinos de taifas” que forman algunos investigadores. No establezcas esos vínculos mediante los cuales unas puertas se te abren y otras se te cierran. Que te valoren por lo que eres, no por mostrarte seguidora de tal grupo de poder. ¿Tu ilusión es el Jerez andalusí? ¡Pues adelante! Queda mucho, muchísimo por investigar. Jerez no se puede permitir que un campo tan amplio sea coto privado de tres o cuatro arqueólogos y un arabista que, retroalimentándose entre sí, han decidido que eso es suyo y de nadie más. Tu voz será bienvenida por el resto de los investigadores en historia, que somos unos cuantos, y por quienes se interesan por el pasado de nuestra ciudad.

jueves, 29 de enero de 2026

Dimisión del Centro de Estudios Históricos. O Arqueológicos, qué mas da.

Se han dado prisa los del CEHJ en colocarme "donde me corresponde" en su página web: sección supernumerarios. En la práctica, de los expulsados. Parece que Diego Bejarano se muestra diligente en la actualización de las redes sociales que durante un año yo mismo, dedicándole mucho tiempo y esfuerzo, me dediqué a montar.


Supongo que les interesará conocer a ustedes la respuesta que el director del CEHJ, Sr. Barrionuevo, dio a mis peticiones:


No hace falta explicar mucho más. Lo de "respalda plenamente" lo dice todo.

Con independencia de lo que se pueda pensar de la calidad del artículo de Borrego Soto y Gutiérrez López, que yo considero horrible como trabajo científico pero a otros les puede parecer perfecto, en este mismo blog dejé demostrado que mi trabajo sobre la aljama de Jerez fue manipulado y parcialmente plagiado en el texto de estos dos señores, miembros de la misma directiva que me expulsa. Anoten que no solo no se me concede lo que éticamente me parece imprescindible, una corrección en el próximo número de la revista, sino que además se me pide, con palabras educadas pero mensaje elocuente, que me quede calladito.

He esperado unos días para sopesar pros y contras. También para buscar algún tipo de acercamiento. Imposible esto último: todas las puertas me han sido cerradas. Solo me queda una opción, que no es otra que presentar la dimisión. Justo acabo de hacerlo. Total, como me han dicho algunos, ¿qué te ha aportado a ti el CEHJ? Absolutamente nada. Dolores de cabeza, en todo caso.

Lo cierto es que si esto me termina de cerrar puertas que ya estaban en la práctica cerradas escucharme una conferencia en Jerez pasa definitivamente al género de la ciencia-ficción, me abre otra que pretendían cerrarme, so pena de completa expulsión: hablar con total libertad sobre un Centro de Estudios Históricos cuya directiva ampara la mala praxis científica de su propia revista y ha convertido la institución en un brazo armado de los intereses profesionales de algunos miembros del Museo Arqueológico Municipal y de su más estrecho círculo de amigos.

Mientras tanto, me consta, otros investigadores con no menos méritos que algunos miembros de la directiva esperan año tras año a ser llamados mientras contemplan cómo se invita a formar parte del CEHJ a expertos de dudosa trayectoria o conceden premios a organizaciones presididas por miembros de la propia directiva, caso del señor Bejarano Gueimúndez.

Una sugerencia: ¿por qué no lo renombran como "Centro de Estudios Arqueológicos Jerezanos" y dejamos las cositas más claras? Convendría un poco de sinceridad en unos momentos en los que, como todo el mundo sabe pero nadie se atreve a escribir, algunos van a querer coger butaca de primera fila cuando el yacimiento de Asta Regia pase a ser responsabilidad absoluta de la Junta de Andalucía.