miércoles, 29 de abril de 2026

Manuel Esteve Guerrero: un fascista mediocre y deshonesto

Anuncia el Centro de Estudios Históricos Jerezanos la nueva edición de sus antaño admirables y hoy muy venidas a menos Jornadas de Historia de Jerez que organiza el señor Ramón Clavijo, ese mismo que con muy educadas y exquisitas maneras ha escrito las misivas con las que la referida institución me ha dado continuas patadas en el culo. Título de la nueva entrega: "El arqueólogo Manuel Esteve Guerrero. Su legado cincuenta años después".

Lo dije en público ayer mismo por la parte, sin mencionar su nombre, en el Palacio de Villapanés. Lo pongo hoy aquí más clarito. Manuel Esteve Guerrero fue un intelectual de manifiesta grisura, además de una persona profundamente deshonesta con profesionales a los que no llegaba a la altura del betún. Ahí está el caso Hipólito Sancho, que tuve la ocasión de destapar hace años para desesperación del señor Clavijo; caso que explica que los estudios de Historia del Arte en Jerez avanzaran escasamente durate los años cincuenta, sesenta y setenta, toda vez que su muy tramposa segunda edición de la Guía Oficial de Arte hizo creer a muchos investigadores que en ella estaba recogidas las aportaciones hasta entonces realizadas. No lo estaban: faltaba casi todo lo de Hipólito. No echemos balones fuera y digamos que este fenómeno se produjo por el desinterés del profesorado universitario de la época, desinterés que ciertamente también existió. Esteve fue culpable, uno de los culpables, porque engañó intelectualmente a quienes se acercaban a investigar nuestro patrimonio.

Miren ustedes, si ese señor ocupó los cargos que ocupó fue únicamente porque encajaba con el perfil que buscaban las autoridades locales de la dictadura: alguien que, teniendo cierta experiencia dentro de determinados ámbitos profesionales, fuera un fascista de libro. Recuerden que don Manuel tenía permiso para portar pistola por aquello de su inquebrantable adhesión al Movimiento.

¿Hay que estudiar lo que hizo Esteve como presunto arqueólogo? Puede que sí, con las correspondientes publicaciones científicas que analicen con total imparcialidad sus méritos o deméritos en Asta Regia. Pero dedicarle estas Jornadas no es hacer eso, sino rendirle un homenaje en toda regla. Un homenaje a la imposición y el triunfo de la mediocridad en la más gris etapa de la historia de nuestra ciudad. Todo a la altura, eso sí, de los defensores de su más que dudoso legado, que no son otros que algunos miembros de la actual cúpula del CEHJ.

Me parece que debo repetirme: una de las mejores cosas que le puede pasar a la cultura en Jerez es que esa institución, hoy bochornosamente absorbida y controlada por el Museo Arqueológico para servir a los intereses de Barrionuevo y su selectísimo lobby de deudores y aduladores, es que se disuelva inmediatamente y dé paso a un nuevo organismo dirigido por personas mucho más rigurosas, honestas y trabajadoras.

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