Antes que nada, perdóneme el lector que haya escrito un texto tan largo. Tiene que ser así: no encuentro otra manera de realizar esta intervención con la minuciosidad que merecen las circunstancias.

Llevo un tiempo aguantando los intentos por parte del profesor Miguel Ángel Borrego Soto de desprestigiar mi labor investigadora. Todo ello fue a raíz de que él considerase una especie de “traición científica” visitar en 2013 la Casa del Abad de la Catedral de Jerez de la Frontera, cosa que hice formando parte de un variopinto grupo de especialistas a los que el entonces deán quiso invitarnos, con la intención de que pudiésemos conocer los restos del inmueble que iba a ser intervenido y dejásemos constancia de nuestra opinión sobre la potencialidad arqueológica del conjunto. Este asunto lo expuse en esta entrada y no tiene sentido repetirlo ahora; baste recordar que Borrego pretendía conseguir del obispado una suerte de exclusividad, para él y para colegas suyos como el arqueólogo José María Gutiérrez, a la hora de realizar publicaciones científicas sobre los hallazgos que estuvieran por venir, toda vez que él había participado en la presentación de un proyecto para la intervención arqueológica que fue finalmente rechazado.
En este blog cometí el error de seguirle el juego al citado arabista en su negativa a aceptar mi antigua teoría -perfectamente ratificada por las fuentes y por la historiografía ulterior- de que la qubba que el padre Rallón mencionaba en el Real Convento de Santo Domingo y dibujó Van den Wyngaerde en sus célebres vistas de Jerez era un morabito musulmán. Partiendo de una muy errónea ubicación por su parte de lo que eran los Llanos de San Sebastián (leer aquí), lanzó una hipótesis según la cual la qubba de Rallón se encontraba en otro lugar del conjunto, mientras que la del pintor flamenco no sería sino un depósito de agua. Por mucho que en este mismo blog desmonté con minuciosidad sus hipótesis, no hubo manera de que dejara de manipular la información ni de que se dignara a aceptar que cuando las fuentes gráficas y las escritas coinciden, hay que aceptar la evidencia. Perdí el tiempo: fue dialogar con un muro.
Lo de ahora ha sido mucho peor. Peor de lo que se esperaba, quiero decir, porque yo ya imaginaba que publicar en la revista Trocadero, de la Universidad de Cádiz, un artículo llamado “La mezquita aljama de Sharis (Jerez de la Frontera): estado de la cuestión y reflexiones” (descarga aquí) iba a levantar ampollas en quien sigue creyéndose la persona que debía haber pasado a la historia por el presunto pelotazo -solo eso: presunto- de descubrir lo que ya estaba descubierto. Pero este señor no se ha conformado esta vez con decir que mis aportaciones son malas.
En primer lugar, ha escrito un texto en su blog que lleva el título exacto de mi artículo, con la muy indisimulada intención de que quien quiera acceder a mi artículo en internet se encuentre enseguida con el suyo. Pueden comprobarlo en este enlace. En él me acusa de varios errores, descalifica lo resultados del trabajo y me acusa de quedarme con ideas que son propiedad intelectual suya. En segundo lugar, reproduce las partes más duras en un Manifiesto de repulsa en una página de Facebook que le pertenece llamada Jerez Andalusí, y que cuenta con más de dos mil seguidores. Dicho manifiesto reza así (los subrayados son míos).
MANIFIESTO DE REPULSA
La investigación histórica requiere, ante todo, rigor, honestidad intelectual y respeto por el trabajo de quienes han dedicado años y muchas horas a escudriñar las fuentes y a desentrañar el pasado. En el caso que nos ocupa, resulta evidente que el artículo analizado en la entrada de nuestro blog, además de contener errores de base que distorsionan la interpretación histórica de la Jerez andalusí y su mezquita mayor, presenta un grave problema de ética académica al reproducir, sin citarlas, conclusiones previamente presentadas en diversas publicaciones y conferencias de quienes trabajaron directamente en este enclave durante varios años.
La apropiación indebida de ideas ajenas, disfrazada de novedad, no solo menoscaba el esfuerzo colectivo de los investigadores que hemos dedicado tiempo y recursos a este tema, sino que también entorpece el avance de la historiografía. No se trata únicamente de una cuestión de egos o de prestigio, sino de mantener la integridad del conocimiento y la credibilidad de la comunidad científica.
Reivindicamos, pues, la importancia de citar las fuentes originales y de reconocer el trabajo previo, no como un formalismo académico, sino como un principio básico de cualquier disciplina que aspire a construir un saber sólido y respetable. Lamentamos que este artículo no haya estado a la altura de dichos principios, y esperamos que futuras aportaciones sean más respetuosas con el esfuerzo de quienes llevan años desentrañando la historia de Jerez con el rigor que merece.
Llamarme plagiador delante de dos mil personas me parece extremadamente grave, sobre todo teniendo en cuenta que quien lo hace sí que ha recurrido al plagio en su investigación en torno a la extensión en el tiempo de la revuelta mudéjar de 1264 y, por tanto, a la verdadera fecha de la conquista castellana de Jerez, ideas que en su momento planteó Joseph O’Callaghan y que Borrego presentó repetidamente como propias: en esta entrada presenté la prueba irrefutable. Obvio parece que lo que el arabista está haciendo ahora es usar la viejísima técnica del ventilador. Anoche le telefoneé para recordarle que jamás he plagiado, ni a él ni a nadie, ni en textos ni en ideas, y que espero no hacerlo jamás; que si no retiraba esas falsísimas acusaciones tendría que recurrir a la denuncia. No lo ha hecho, así que solo me queda acudir a los medios legales a mi disposición en lo que a esta circunstancia de descalificarme delante de dos mil personas se refiere.
Ahora bien, creo necesario invertir (¡otra vez, después de todo el asunto de la qubba de Santo Domingo!) no pocas horas de mi tiempo en desmontar uno por uno sus argumentos, para que el lector interesado pueda decidir en sí mismo con todas las cartas sobre la mesa. Vamos a ir viendo punto por punto lo que dice en su blog (una vez más, tienen aquí el enlace).
Primeramente, me acusa “de equivocar la fecha de entrada de los almohades en al-Andalus (no fue en 1165)”. Tiene razón. Es un evidente error de redacción por mi parte: me refería a 1145, fecha en la que los almohades fueron llamados desde la Península Ibérica. Mea culpa. Es un gazapo de esos que lees una y otra vez sin darte cuenta de que está ahí. Me puse hace una semana en contacto con la redacción pidiendo que lo corrigieran, pero hasta ahora ello no ha sido posible.
Continúa acusándome de “creer que el muro que se encontró en la intervención de Gema Jurado en 2011 perteneció a la mezquita y no, como sospecha esta investigadora, al proyecto de catedral renacentista”. En este enlace tienen ustedes el artículo de Gema Jurado. Pueden comprobar que Borrego Soto juega con las cartas marcadas, porque lo que dice realmente la arqueóloga es que esos restos pertenecen no al proyecto renacentista, sino precisamente a la obra medieval, opinión en la que sigo a la autora:
“Más concretamente tenemos la esquina de una edificación, de gran envergadura, que parece estar directamente relacionada con la Casa del Abad, y que evoluciona con dirección NE-SW; además, de otros restos murarios dispuestos en sentido contrario, cruzándose con los anteriores. Estas construcciones arrasadas a cota de cimentación podrían formar parte del conjunto primitivo.”
El siguiente párrafo del blog no tiene desperdicio:
“(…) el artículo avanza poco en la investigación y expone, sin citarlas, algunas de las conclusiones ya adelantadas hace más de diez años en el Congreso del 750 Aniversario de la Conquista de Jerez por Miguel Ángel Borrego Soto, uno de los responsables, junto a José María Gutiérrez López, de los primeros trabajos que se hicieron in situ en el lugar. En el fragmento del vídeo de aquella conferencia, adjuntado más abajo, aunque se deslizan algunos errores hoy superados, sobre todo debidos a que apenas se llevaba un año de estudio en el lugar, ya se muestra un primer estado de la cuestión y las también primeras reflexiones sobre todo aquello, incluyendo un plano de la posible planta de la mezquita sobre el que hoy en día tenemos serias dudas al saber que el recinto era más amplio.” (el último subrayado es mío).
¿Así que hoy sabemos que el recinto era más amplio? ¿Cuándo y dónde se ha demostrado semejante cosa? ¿Qué publicación científica hay al respecto? Se lo diré yo: ninguna. No son más que ideas que de vez en cuando él difundía en Facebook y en grupos de WhatsApp con las que hacernos creer que la aljama de Jerez era mucho más grande de lo que las fuentes repetidamente afirmaban. Precisamente en mi artículo, que Borrego califica como “muy desacertado”, me encargo de argumentar pausadamente en torno a esta cuestión de las dimensiones para corroborar que lo que nos habían transmitido las fuentes (¿por qué estas habrían de mentir?) era cierto. Sobre el vídeo volveré luego.
La entrada del pasado martes 7 de enero continúa así:
“También sobre el edificio de la Casa del Abad y nuestras indagaciones en el enclave, se publicó en este mismo blog, con fecha 31 de agosto de 2022, el artículo "Algunas aclaraciones sobre la mezquita aljama de Jerez", en el que se corrigen los antiguos errores y se añaden nuevas conclusiones, similares a las que leemos en el texto de Fernando López Vargas-Machuca quien, no obstante, omite la alusión a nuestro texto, así como a la citada conferencia de febrero de 2014, o a mi reciente trabajo "La ciudad andalusí de Jerez. Síntesis histórica (ss. VIII-XIII)" (2023), en el que se habla también de la mezquita mayor jerezana, concretamente en las páginas 45-46 y nota 11.”
Bueno, vamos a comprobar cuáles son esas ideas que presuntamente he robado, empezando por el artículo de la revista Ceretarum “La ciudad andalusí de Jerez”. Confieso que no había leído ese artículo cuando envié el mío. Por lo demás, estaba muy reciente: repárese en que la fecha de recepción del mismo en Trocadero fue en septiembre de 2023, y que el número de la revista arriba citada corresponde a ese mismo año. Dicho esto, vamos a ver qué es exactamente lo que en ese artículo aporta sobre la aljama jerezana.
“Con todo, Rallón nos deja valiosas descripciones de algunos de los restos de edificaciones de origen andalusí que aún quedaban en pie en la ciudad, como el alcázar, del que en diferentes pasajes habla de sus palacios, baños y mezquita, cuyo patio de abluciones compara con el de la Iglesia Mayor, hoy desaparecida, pero de la que en su tiempo se conservaba "la fábrica antigua de los moros de quien fue mezquita [... ] y está cerca del mismo Alcázar, en quien se conserva otro claustro semejante hecho para el mismo efecto10." Parte de este patio de la aljama jerezana, adosado junto a la torre tardogótica exenta de la antigua Iglesia Mayor que se alza frente a la catedral actual, sigue todavía en pie y, hace unos años, José María Gutiérrez López, Gonzalo Castro Moreno y quien esto suscribe descubrimos algunos de sus elementos, junto a otros del probable aljibe, usado como bodega por los cristianos, y del alminar11.”
Nota 11: Los resultados de los trabajos arqueológicos en el solar, realizados a partir del proyecto de intervención de los investigadores BORREGO, CAS TRO, GUTIÉRREZ y MARTÍNEZ (2014), que se encuentra depositado en el Obispado de la Diócesis de Asidonia-Jerez, los recoge Gonzalo Castro en su memoria preliminar (Cf. CASTRO, 2019).
Como ven ustedes, no dice absolutamente nada que no estuviera en cualquier historia de Jerez. A lo mejor lo que Borrego Soto quería que hubiese citado es que él participó “en el descubrimiento de numerosos elementos”. ¿Realmente hacía falta especificar en un artículo como el mío esa circunstancia de tan poca significación científica, toda vez que desde siempre todos sabíamos que bajo la cal de la Casa del Abad había restos que tenían que salir a la luz cuando se interviniera? El siempre visible arco apuntado que da al Reducto hablaba claro. Allí no había nada que descubrir, sino que destapar. No es lo mismo. Que los primeros que quitasen la cal fuesen Fulano, Mengano o Zutano no aporta nada a la investigación.
Por cierto, en su texto Borrego Soto se cuida mucho de citar los dos artículos más importantes que se han escrito sobre la aljama jerezana. El primero, el de Javier Jiménez y Pablo Pomar en las ya referidas actas de Jerez, 1264: un análisis crítico de todas las fuentes bibliográficas acompañado de un buen número de aportaciones en forma de hipótesis, interrogantes y datos documentales, estos últimos referentes –por razones obvias– a la mezquita ya cristianizada. Por otro, el de Juan Antonio Moreno Arana de 2016 titulado “La capilla de los Conte y Terán de la antigua colegial de Jerez de la Frontera (en PEREZ MULET, Fernando y AROCA VICENTI, Fernando, coord. Nuevas aportaciones sobre la Historia del Arte en Jerez de la Frontera y su entorno), precisamente el texto en el que por primera vez se demuestra que las dos pandas de la Casa del abad eran sendas crujías del patio de la mezquita. Paradójico y significativo: quien me acusa de no citar cosas que dudosamente merecen ser citadas, se escabulle a la hora de reconocer las dos principales aportaciones historiográficas sobre el tema. Mencionar en su artículo estas dos referencias es mucho más importante de cara a un lector que quiera ampliar sus conocimientos que dejar constancia, en la susodicha nota once, de que él había participado en el proyecto de intervención arqueológica. Parecen claras las prioridades de Borrego: marcar territorio.
Queda lo de su blog, a ver si descubrimos en él cómo “se corrigen los antiguos errores y se añaden nuevas conclusiones, similares a las que leemos en el texto de Fernando López Vargas-Machuca”. Vamos párrafo por párrafo (aquí va el texto completo).
“A mediados de febrero de 2013, y tras varias semanas de negociaciones con el entonces mayordomo de la catedral de Jerez y el Obispado, el arqueólogo José María Gutiérrez López y un servidor, obtuvimos autorización para comenzar a investigar en las ruinas de la antigua Casa del Abad y todo el edificio que ocupaba parte de la manzana que, desde la Plaza de la Encarnación, baja hacia el Arroyo. En ese edificio se sospechaba podrían hallarse los restos de la antigua mezquita aljama de la ciudad andalusí de Jerez, como ya habían advertido, a partir de las crónicas históricas del padre Rallón (s. XVII) o Bartolomé Gutiérrez y Mesa Xinete (s. XVIII), los profesores José Luis Repetto Betes y Esperanza de los Ríos Martínez en sus respectivas obras.”
Vale. Nada hasta ahí que deba ser citado.
“El documento se firmó finalmente el 3 de abril, aunque las visitas y estudios a la finca ya se habían iniciado un mes y medio atrás. En el texto, la propietaria del solar, esto es, la Diócesis de Asidonia-Jerez, ponía a nuestra disposición las llaves del mismo concretando el nombre de los componentes del equipo autorizado a trabajar allí:
Miguel Ángel Borrego Soto, filólogo e historiador, como coordinador del grupo, José María Gutiérrez López y Virgilio Martínez Enamorado, arqueólogos, y Gonzalo Castro Moreno, antropólogo y arqueólogo, en representación de la Diócesis.” (los subrayados son del original).
Hasta ahí, tampoco. Seguimos.
“La noticia de que en el edificio se habían iniciado dichos estudios corrió como la pólvora, en buena medida por una precipitada y, por ello, desafortunada noticia, de la que me responsabilizo en su totalidad, publicada el 20 de febrero en el Diario de Jerez, y en la que, llevado por la emoción de acceder finalmente a la finca tras los muchos sinsabores y malos ratos sufridos, vertí algunos errores de bulto derivados de los escasos indicios que teníamos en ese momento, pues verdaderamente, aún no habíamos accedido al interior del lugar (nuestra primera visita se iba a producir esa misma jornada). Sobre el asunto hablé dos días después, el 22 de febrero de 2013, en mi conferencia sobre la capital de la cora de Sidonia, en el transcurso de las jornadas técnicas sobre el Castillo de Matrera de ese año, en Villamartín, repitiendo los desaciertos de la mencionada crónica periodística.”
Ahí sí que había que citar, porque el falso descubrimiento de los restos de la aljama junto a la Plaza del Arroyo alcanzó mucha difusión en la prensa a pesar de que todos los investigadores hemos sabido desde siempre que se encontraban en la Plaza de la Encarnación. Y realizo la cita, claro, pero sin hacer chanza en absoluto de la metedura de pata por parte de Borrego Soto y algunos de sus compañeros de aventura. Simplemente deseo dejar constancia del error para los lectores que puedan verse confundidos por la información en su momento presentada en Diario de Jerez.
“Con todo, aquella noticia y conferencia despertaron el interés de otros investigadores que, hasta entonces, jamás se habían preocupado por pedir los permisos pertinentes para iniciar una investigación en profundidad en aquel edificio. Eso provocó que estos historiadores, por su afinidad con la Diócesis, contactaran con el bueno de Antonio López Fernández, deán de la Catedral y párroco de San Marcos por entonces, que al parecer poseía otras llaves de acceso a la Casa del Abad, y quien a espaldas del Obispado y de los investigadores autorizados, les facilitaba la entrada a la finca cada vez que lo deseaban. Nuestras denuncias a los responsables de la Diócesis de nada sirvieron para detener tamañas interferencias en la investigación, por lo que, para nuestra desgracia, el solar se convirtió en un auténtico "coño de la Bernarda" al que accedía cualquier persona con contacto entre la curia eclesiástica, en un claro ejemplo de mala praxis académica.”
Sobre esto ya me he pronunciado anteriormente en este blog. No hoy a repetirme: lean aquí si lo desean. Pero aportación científica en el párrafo no encuentro ninguna.
“A pesar de todo, un año más tarde, el 3 de febrero de 2014, en mi conferencia "'Allāh la restituya'. Jerez, ciudad andalusí", impartida en la jornada inaugural del "Congreso sobre el 750 aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla", adelanté algunos de los avances que nuestras continuadas visitas al solar de la Casa del Abad nos habían ofrecido hasta ese momento, a falta aún de una intervención arqueológica que ya se estaba proyectando. Los minutos que dediqué al asunto en la citada charla, y en los que se corregían las hipótesis erróneas del citado texto del Diario de Jerez de febrero de 2013, pertenecen al siguiente extracto de la misma:”
A ver, no estuve en esa charla porque por entonces yo trabajaba a muchos kilómetros, pero entiendo que la aportación científica que ha de ser tenida en cuenta es la que se publica en las actas. En ellas solo he encontrado una mención a la aljama de Jerez, concretamente en la página 36:
“(…) la emergente Saris contaba por entonces con su propia Alcazaba, muralla, mezquita aljama y todos los elementos propios de una próspera ciudad musulmana.”
Ya está. Si él no quiso incluir en las actas presuntas aportaciones sobre la mezquita es cosa suya. ¿Será que no las tenía? El afirma que sí, que las realizó oralmente. El propio autor las resume en su blog. Permítanme detenerme un momento en la primera de ellas antes de enumerarlas todas.
1. “La ubicación de la aljama jerezana abarcó la actual plaza de la Encarnación y la bajada desde ésta hacia el Arroyo.”
Pues sí, claro, insisto en que la ubicación de la mezquita en la Encarnación era bien conocida desde hace siglos… excepto por Borrego Soto y José María Gutiérrez, que quisieron ubicarla en el Arroyo. La aportación, en el caso de ser aceptada, es que la mezquita estaba en toda la bajada orográfica desde un lugar hacia el otro. Pues vale, pero la mequita-mezquita, con su patio y sala de oraciones, estaba en la Encarnación. El resto pueden ser elementos de muchas épocas, y todavía hoy no hay una idea clara al respecto. Parece más que probable que haya cosas almohades, cosas góticas (el gran arco apuntado), cosas mudéjares y cosas de la Edad Moderna. La excavación debería seguir, y hacerlo mediando un buen análisis de paramentos. De momento, todo continúa estancado.
2. “Las galerías que conformaban la Casa del Abad pertenecieron a la claustra o patio de los naranjos de la Iglesia Mayor medieval y al de abluciones de la mezquita aljama anterior (los arcos de confluencia de ambas galerías eran visibles desde el fragmentado techo de escayola del antiguo despacho del padre José Luis Repetto Betes, último habitante de aquella finca y quien ya hablaba de esa posibilidad en su monografía de 1987 sobre la Jerez andalusí).”
3. “Todo el edificio y su zona posterior e inferior fueron paulatinamente modificados entre los siglos XIV y XVIII para albergar los almacenes, bodegas y contaduría de la Iglesia Mayor, amén de otros usos.”
4. “Los arcos del área más profunda, a la altura del Arroyo, podían relacionarse con el aljibe de la aljama jerezana, sobre el cual estuvo el acceso desde el arroyo a la antigua mezquita y, tal vez, a la Iglesia Mayor, en forma de gradas (que aparecen citadas, por ejemplo, en la Historia de Xerez, II, p. 248, de Bartolomé Gutiérrez).”
5. “Quedaba la duda de si estos restos se correspondían no sólo con la mezquita mayor del siglo XIII, sino también con la de época califal (s. X).”
Si les parece, mejor transcribimos lo que dijo exactamente en la conferencia:
“La mezquita aljama de Jerez debió de ocupar la manzana que se localiza en torno a la torre de la antigua Iglesia de San Salvador, que existe aún hoy en su primer cuerpo, y se extendía desde esta hacia la plaza de la Encarnación. En este mapa del siglo XIX vemos (…) lo que eran los restos de esa Iglesia Mayor y probablemente también mezquita aljama jerezana. Hoy en día se conserva esa manzana, tal cual, rodeada de un edificio de unos sillares impresionante, muy fuertes, que en el momento de ser derribada la antigua Iglesia Mayor y construir la nueva tuvo que ser difícil derribarlo, porque es un edificio de enormes proporciones, con unos muros tremendos.”
Ninguna aportación. Simplemente, recula de su errónea identificación de los restos junto a la Plaza del Arroyo y admite lo que siempre se había dicho, que estaba en la Encarnación.
“Llevamos un año José María Gutiérrez López y yo y otro equipo con Gonzalo Castro y Virgilio Martínez estudiando esta mezquita aljama intentando dar con no solo con su situación, sino también con algún elemento que nos confirme que efectivamente todavía se conserva algún resto en pie. Bueno, yo pongo cómo aparece la palabra mezquita en el libro de repartimiento, aunque no se menciona la mezquita a aljama ni la Iglesia Mayor.”
Una vez más, marcando territorio. Seguimos transcribiendo:
“Por las características de esos restos a los que me refiero que permanecen en pie de la mezquita aljama de época almohade, tal vez fue también la misma del periodo califal situada en la zona más antigua de la ciudad (…).
Por fin algo nuevo: afirma que hay restos que apuntan al siglo X. Vamos a ver si realmente lo argumenta.
“La parte que se conserva del antiguo edificio se localiza junto a la torre mudéjar exenta del siglo XV, que es uno de los testigos de la citada Iglesia Mayor medieval y se extiende por la manzana que orientada hacia el sureste (…), la misma que tenían los muros de la quibla de las mezquitas de Andalucía, baja hacia el Arroyo por el reducto bajo de la Catedral y la cuesta de la Encarnación. De ese posible edificio (…) se ven dos arcos uno de ellos túmido, es decir, de herradura, aunque acaba como los arcos ojivales (el autor quiere decir “arco de herradura apuntado”). El arco es imponente, de difícil datación. Puede ser almohade, pero también podría ser mudéjar. No está claro.”
Con independencia de que la torre no sea mudéjar sino tardogótica, el gran arco de dovelas de piedra no parece de herradura apuntado, sino sencillamente apuntado. Hoy mismo he confirmado tal punto con el arqueólogo que ha sido responsable de la excavación hasta ahora, Gonzalo Castro, quien por cierto tuvo la oportunidad de leer mi manuscrito enviado a Trocadero y de enriquecerlo con ciertas aportaciones. Los signos de cantero que en su momento pude ver en el citado arco me resultaron familiares por mi dedicación al “gótico-mudéjar”, pero no tengo fotos ni anotaciones de ellos por la sencilla razón de que nadie me ha llamado para estudiar esa parte del edificio. Cuando entré en el inmueble lo hice en mera calidad de especialista consultado por el deán, no como investigador que iba a reclamar su parcelita. Eso se lo dejo a otros.
En cuanto a lo de la orientación de las quiblas andalusíes, el doctor Borrego Soto debería saber que esta es muy variable. Yo mismo tenía en mi artículo unos párrafos sobre el tema, pero preferí amputarlos y seguir estudiando el asunto antes de meter la pata. Aprovecho, en cualquier caso, para puntualizar que la orientación de esta presunta aljama es parecida a la de San Mateo, San Lucas y San Juan (unos 132º), mientras que difiere de San Dionisio y San Marcos (163º), iglesias todas ellas que probablemente se alzaron en el emplazamiento de antiguas mezquitas. Seguimos.
“Y hay otro arco también que tiene toda la apariencia de ser un arco de herradura. El primero se encuentra en la fachada este, que está anejada anexa la torre que baja hacia el Arroyo; el segundo se aprecia en una de las paredes de la cara oeste en la cuesta de la Encarnación.”
Pues no. El arco del lado occidental que da a la cuesta de la Encarnación tampoco no es de herradura, sino de medio punto. El propio Borrego Soto lo pone en duda un poco más abajo, no sin antes afirmar que los dos arcos referidos podrían corresponder al patio de abluciones:
“Ambos arcos parecen remitir a antiguos accesos al patio de abluciones o de los naranjos que se levantaba en la zona norte de la actual plaza de la Encarnación y que menciona Fray Esteban Rallón en su historia diciendo que era muy similar, pero más grande, al patio de los naranjos del Alcázar de Jerez. Se eleva en parte sobre el barranco que sube hacia la plaza de la Encarnación, y en parte sobre unos arcos situados al fondo del edificio, que ahora veremos que parecen remitir al aljibe. Las similitudes con otros aljibes almohades son (…) impresionantes. Aquí vemos el arco. (…) Creo que se ve en la foto. (…) el arco probable de herradura, que no sabemos todavía si es de herradura… (…) Hay todavía hay que hacer muchísimo trabajo. Está pendiente todo esto de una intervención arqueológica.”
Total, arcos de herradura por todas partes, pero que a lo mejor no lo son… y que finalmente han resultado no serlo. Las referencias a otros aljibes almohades aún las estamos esperando. Seguidamente el doctor Borrego Soto proyecta a los asistentes el gran arco que siempre se había intuido en la cara oriental junto a la torre, mirando hacia el Reducto.
“Este es el otro arco. Aquí en esta otra foto se ve incluso mejor, con la sombra que le da el sol de agosto. (…) Por dentro este es el arco, cómo va cayendo hacia el fondo. Tiene una luz de 4 metros y una altura de unos 7, parecido al arco (de la Puerta) del Perdón de la mezquita de Sevilla o la de Córdoba. (…) La rosca se va cerrando como arco túmido o de herradura. Y esta sería la parte superior vista desde el interior.”
Las referencias a Sevilla o Córdoba apuntan al verdadero subtexto de su interpretación: como él ha demostrado que Jerez fue una ciudad con numerosos ulemas en época anterior a la almohade, la ciudad debió de albergar en época temprana a bastante más habitantes de los que hasta ahora se había pensado, y por ende debió de contar con una aljama de considerable extensión. Ínfulas de grandeza, en definitiva, aunque no sé si grandeza de la patria chica o grandeza investigadora. Continuemos nuestro recorrido.
“En la zona digamos que hemos llamado “del aljibe”, entre comillas -todo esto son hipótesis, por supuesto- aparece este pilar con este capitel que remite directamente a otras mezquitas em irales y califales como la de Almonaster la Real, por ejemplo, o la propia de al-Qanatir, en el Puerto de Santa María. Fue una mezquita califal que se reaprovechó como mezquita almohade situándose por encima de ella, y luego la Iglesia Mayor (eso está por ver todavía, es muy pronto para concluir).
Bueno, por fin hemos llegado a la columna de marras, que en realidad son dos. La vieron él y sus amigos. La vi yo con otro equipo de historiadores. Todos estamos de acuerdo en que su cronología podría ser relativamente temprana, sin que se pueda especificar más. Pensar en Almonaster es algo inmediato para quienes conocemos bien aquella mezquita –yo la visité por primera vez cuando estudiaba la carrera–, aunque esa es solo una referencia más entre las posibles. La columna la proyectó Borrego en esta ponencia, y un día más tarde la proyectaron Javier Jiménez y Pablo Pomar en el mismo congreso. ¿A qué está jugando el arabista, al “yo la vi primero”? Miren ustedes, cualquiera que sepa un poquito de arte andalusí intuye que esas columnas son tempranas. No es ninguna interpretación relevante que otorgue mérito a quien la lance en primer lugar. Otra cosa es que nuestro arabista, siempre proclive a los “grandes descubrimientos”, quiera ver en ellas soportes de la primitiva sala de oraciones que demuestren la antigüedad del inmueble. Personalmente, prefiero hacer caso a Groucho Marx: “Mejor quedarse callado y parecer idiota que abrir la boca y confirmarlo”. Por eso mismo en mi artículo escribí simplemente esto:
“En el interior de la Casa del Abad, bastante por debajo del nivel del suelo de la Plaza de la Encarnación, se han localizado dos columnas de capitel geométrico muy sobrio que, reutilizadas ya en las obras de la Edad Moderna, parecen apuntar a un momento relativamente temprano del mundo andalusí. Por mucho que resulte tentador pensar que pudieran ser piezas de la antigua sala de oración, hay que dejar espacio para la duda, sobre todo cuando se trata de tan solo dos piezas (¿dónde estarían todas las demás?) fuera de su emplazamiento original.”
¿Qué quería Borrego? ¿Que añadiese en el texto que él vio la columna antes que nadie y proyectó públicamente una foto de ella un día antes de que lo hicieran otros compañeros? Me parece ridículo. No, él no ha descubierto nada. Más bien se arriesga en exceso lanzando hipótesis tan vistosas como resbaladizas. Eso sí, es la única presunta prueba que tiene para afirmar que allí hubo una mezquita califal. Los restos del patio, como explico en mi artículo, más bien parecen ser almohades. Venga, seguimos con la transcripción de su ponencia.
“Los restos del posible aljibe son estos. Son varios arcos ahí debajo, en una zona del edificio que está casi enterrada (…) Y sobre estos arcos aparece una doble arcada de origen mudéjar, probablemente, que probablemente también perteneció al claustro de la Iglesia Mayor que fue antes el patio de abluciones. La doble arcada se conserva en parte; son visibles pilastras inferiores y los arcos superiores. (…) Los arcos superiores están imbuidos ahí también el caserío en ese esa manzana, y las escayola, que afortunadamente también estaban rotas, nos dejaron ver estos arcos superiores. Probablemente, una entrada un acceso hacia el claustro de la Iglesia Mayor.”
Esas arquerías, efectivamente, a mí también me parecieron mudéjares cuando las vi. O al menos de tradición mudéjar, porque me dio la impresión de que eran relativamente tardías. Jamás he escrito de ellas, siguiendo una vez más la máxima marxista. ¿Para qué arriesgarse a meter la pata, cuando además dichos arcos no tienen nada que ver con la mezquita propiamente dicha? Por cierto, mucha atención al rótulo de la diapositiva, que copio directamente de YouTube:
“Sobre el posible aljibe, se levanta una doble arcada mudéjar perteneciente al claustro de la Iglesia Mayor, antes patio de abluciones. Esta doble arcada se conserva en parte, pues son visibles sus pilastras inferiores y arcos superiores.”
El texto mueve a la confusión: aquí Borrego Soto parece afirmar que el patio de abluciones no está en la Encarnación, sino bastante más abajo, en dirección hacia el Arroyo. Sí, han leído bien: un patio de abluciones muchos metros por debajo del suelo de la sala de oraciones. Seguimos.
“Ese solar conservado probable de la mezquita Iglesia Mayor de San Salvador se cierra por la Casa del Abad (…), que parece albergar las galerías noroeste y oeste de ese mencionado patio. Es significativo que durante una intervención, la que hizo Gema Jurado, arqueóloga, en el exterior de la puerta de la epístola de la catedral actual, se localizaron muros y cimentaciones que hacían evidentes que un edificio de gran tamaño e importancia que se proyectaba desde la fachada de la Casa del Abad hacia la plaza de la Encarnación; seguramente, la antigua mezquita Alhama posterior Iglesia Mayor.”
Vaya, hombre, ahora resulta que las dos crujías de la Casa del Abad sí que delimitaban el patio. Justo lo que demostrará poco más tarde documentalmente Moreno Arana. Por eso cito a este último. Lo más gracioso es que ese año 2014 Miguel Ángel Borrego sí que acudía a Gema Jurado para aseverar que esos restos eran de la mezquita: como vimos arriba, en 2025 pone en boca de la arqueóloga otra cosa bien distinta. Y se queda tan ancho.
Continúa Borrego proyectando un dibujo que propone una reconstrucción de la planta primitiva:
“Es una hipótesis (…) de la planta posible, que es ahora mismo una cosa extraoficial (…), pero ahí vemos cómo el edificio que se conserva actualmente pudo ser no solamente parte del patio de abluciones, patio de los naranjos, claustro de la Iglesia Mayor, sino (también) el acceso que desde el arroyo permitía la entrada a la mezquita a los fieles. La Iglesia Mayor se construye aprovechando el haram (…), la sala de oración. (…) Esto es un pequeño patio que parece que es una entrada, lo que pasa que está con este edificio aquí anexado (…) y no deja ver en perspectiva si hay algún resto más de posible entrada a la iglesia o mezquita. La Iglesia Mayor se construye aprovechando el haram. No sabemos si en el siglo XIV, cuando hay constancia documental de que hay una obra en la Iglesia Mayor, se derriba el haram y se construye una nueva. Pero lo que sí dice Bartolomé Gutiérrez en el siglo XVIII es que el ábside orientado al este (toda esta manzana está al sureste, como una mezquita que fue) (…), el ábside que estaría aquí, de la antigua iglesia mayor, estaba sobre lo que hoy es la capilla bautismal de la iglesia nueva, que era esta (…). Aquí está la capilla bautismal, y aquí se encontraron restos de enterramientos de los nobles de aquella época, del siglo XIII-XIV, que se enterraron allí.”
Hombre, pues sí. Tiene toda la razón. De hecho, toda esa información estaba a mano de los investigadores, había sido utilizada por el Padre Repetto y es la que en las actas del mismo congreso revisaron de manera crítica y muy pormenorizadamente Javier Jiménez y Pablo Pomar. A ellos y a Bartolomé Gutiérrez les cito para realizar mi propia revisión. Borrego Soto no está diciendo nada nuevo ahí. Tampoco publica este repaso sobre la aljama en las actas, entre otras cosas porque ese no era el tema de su ponencia. Más bien se diría que añadió la morcilla de la mezquita para adelantarse a lo que Javier Jiménez y Pablo Pomar pudieran decir más tarde en su ponencia titulada La colegiata medieval de San Salvador de Jerez de la Frontera. Una vez más, “yo lo vi primero”. Sea como fuere, Jiménez y Pomar son quienes deben ser aquí citados, amén de Bartolomé Gutiérrez de manera directa. Justo de este último me he servido para realizar consideraciones sobre las dimensiones de la mezquita.
“(…) Lo que hoy conservamos es el edificio de la casa de la Paz, el solar abandonado que tiene a su espalda, que son los posibles accesos al patio de la Iglesia Mayor, y la propia plaza de la Encarnación, que está enmarcada por esos dos edificios. Este extraño saliente que siempre ha estado ahí, que nunca se ha sabido por qué ese edifico era así. Aquí hay una puerta cegada, probablemente de acceso al haram o a la Iglesia Mayor, o a otra dependencia del patio de abluciones. Todo ese edificio sí sabemos que se utilizó como almacenes, como bodegas de la Iglesia Mayor, durante toda la historia del edificio, desde la época medieval hasta la moderna”.
No se entiende muy bien lo que el conferenciante afirma debido a la mala calidad visual de la filmación.
“Esto es una de las habitaciones de la casa de la Abad, donde parece que confluyen los laterales de ese patio al que me referí. Todo esto son hipótesis y pendientes de estudio, pero de nuevo en Anton van den Wyngaerde vemos como el edificio que se conserva hoy día parece aún estar en pie en el siglo XVI. A la izquierda de la imagen el ábside de la Iglesia Mayor, y justo al lado otra capilla auxiliar que podría ser una de las capillas grandes que tuvo el patio de los naranjos, también llamado patio de los álamos. En la vista de Hoefnagel no se ve nada más que lo que fue la torre de la iglesia de San Salvador.”
Esos restos que dibujó Antonio de las Viñas en 1567 han supuesto y siguen suponiendo muchos quebraderos de cabeza para los investigadores. También para mí. La primera persona que llamó la atención sobre ellos fue Esperanza de los Ríos. De momento nadie ha resuelto el puzzle. Tampoco lo hace el conferenciante. Y ya está, ahí termina el vídeo que él mismo ha puesto en su blog.
Resumamos.
Primero. Miguel Ángel Borrego no tiene ninguna publicación científica ni divulgativa sobre la aljama de Jerez, salvando dos menciones muy de pasada arriba referidas.
Segundo. El único texto de este señor sobre la mezquita es el de su blog, que a su vez se basa en la conferencia que impartió en el congreso de 2014. Las aportaciones que él mismo enumera son las siguientes:
1. “La ubicación de la aljama jerezana abarcó la actual plaza de la Encarnación y la bajada desde ésta hacia el Arroyo.”
Parcialmente falso. La bajada son dependencias de diferentes épocas, medievales o modernas, de las cuales solo el presunto aljibe debió de estar directamente relacionada con la funcionalidad de la mezquita. El resto debe de tener que ver más bien con las necesidades de la Colegiata cristiana. La parte cierta de su presunta aportación, la ubicación de la sala de oraciones, era cosa bien sabida y no supone sino un “reculamiento” del autor después de haber afirmado que estaba en el arroyo.
2. “Las galerías que conformaban la Casa del Abad pertenecieron a la claustra o patio de los naranjos de la Iglesia Mayor medieval y al de abluciones de la mezquita aljama anterior (los arcos de confluencia de ambas galerías eran visibles desde el fragmentado techo de escayola del antiguo despacho del padre José Luis Repetto Betes, último habitante de aquella finca y quien ya hablaba de esa posibilidad en su monografía de 1987 sobre la Jerez andalusí).”
Los “arcos de confluencia” son la única aportación del autor, que en la misma conferencia ubicaba de manera muy contradictoria el patio en un lugar metros más abajo en dirección al Arroyo. El artículo de Juan Antonio Moreno es el que me corresponde citar si seguimos el método científico, y eso es lo que hago.
3. “Todo el edificio y su zona posterior e inferior fueron paulatinamente modificados entre los siglos XIV y XVIII para albergar los almacenes, bodegas y contaduría de la Iglesia Mayor, amén de otros usos.”
Eso ya lo han explicado otros autores, pero en cualquier caso nada de esto abordo yo en mi trabajo. Nada de ello digo, y por ende no hay apropiación intelectual alguna.
4. “Los arcos del área más profunda, a la altura del Arroyo, podían relacionarse con el aljibe de la aljama jerezana, sobre el cual estuvo el acceso desde el arroyo a la antigua mezquita y, tal vez, a la Iglesia Mayor, en forma de gradas (que aparecen citadas, por ejemplo, en la Historia de Xerez, II, p. 248, de Bartolomé Gutiérrez).”
Lo del aljibe sí que es una aportación de Borrego Soto, pero de nuevo nada sobre él digo en mi texto. Todo demasiado resbaladizo. Lo que sí hago es realizar una observación sobre el gran arco apuntado de piedra que él considera acceso al patio de abluciones: “la interpretación que en este momento realiza el equipo de arqueólogos es que nos encontramos ante una estructura pensada para levantar la gran torre tardogótica en un emplazamiento sumamente problemático, al encontrarse en pendiente y al querer respetar el trazado viario original de época musulmana, permitiendo el acceso desde la zona del actual reducto hasta la estrecha calle Cazorla Baja.”
5. “Quedaba la duda de si estos restos se correspondían no sólo con la mezquita mayor del siglo XIII, sino también con la de época califal (s. X).”
Pues claro. Él dudaba y quien a ustedes se dirige también lo hace. Lo que ocurre es que él no ofrecía argumentos formales que apoyasen una hipótesis u otra, salvando la muy resbaladiza y problemática existencia de dos columnas que parecen anteriores a los tiempos almohades. Yo sí que presento análisis morfológicos que podrían contribuir en el futuro para que alguien avanzase en la investigación.
Tercero. Como se ha visto a lo largo de esta entrada, Borrego Soto ha aportado muy pocas cosas sobre la aljama de Jerez. No me he apropiado de la menor aportación intelectual suya, ni de la de nadie más. He citado a quien me correspondía citar, y los que me han ofrecido ayuda han recibido siempre el correspondiente agradecimiento en el artículo. Miente el señor doctor, pues, como también lo hace cuando afirma que contiene “errores de base que distorsionan la interpretación histórica de la Jerez andalusí y su mezquita mayor” (salvo que se refiera a la errata de los almohades: si eso es distorsionar la interpretación, apaga y vámonos).
Cuarto. En lo que se refiere al “grave problema de ética académica” del que me acusa, sorprende escuchar semejante reproche viniendo de alguien caracterizado por no citar a otros colegas. Sin ir más lejos, durante años ha estado sin mencionar en ni una sola de sus publicaciones científicas el que fuera el más importante trabajo existente hasta fechas cercanas sobre el Jerez andalusí, esto es, el del Padre Repetto de 1987; solo lo hace en su reciente artículo de Ceretarum, y para ponerlo a caer de un burro. En este último, como ya dije antes, se cuida muy mucho de no citar ni a Moreno Arana y a Jiménez-Pomar. Y nada dice tampoco de las aportaciones de Jesús Caballero Ragel sobre el primitivo emplazamiento de la ciudad, que yo sí utilizo. ¿Y se atreve Borrego Soto a darme lecciones de ética científica?
Volvemos al principio. Borrego escribía que “el artículo avanza poco en la investigación y expone, sin citarlas, algunas de las conclusiones ya adelantadas hace más de diez años en el Congreso del 750 Aniversario de la Conquista de Jerez”. Lo primero es algo que tendrá que decidir el lector. Lo segundo es una sucia e inaceptable mentira que, salvo marcha atrás por parte de quien la difunde, me conduce a tomar las medidas legales oportunas.