lunes, 13 de enero de 2025

La mezquita aljama de Sharis (Jerez de la Frontera): estado de la cuestión y reflexiones, una respuesta a Borrego Soto

Antes que nada, perdóneme el lector que haya escrito un texto tan largo. Tiene que ser así: no encuentro otra manera de realizar esta intervención con la minuciosidad que merecen las circunstancias.

Llevo un tiempo aguantando los intentos por parte del profesor Miguel Ángel Borrego Soto de desprestigiar mi labor investigadora. Todo ello fue a raíz de que él considerase una especie de “traición científica” visitar en 2013 la Casa del Abad de la Catedral de Jerez de la Frontera, cosa que hice formando parte de un variopinto grupo de especialistas a los que el entonces deán quiso invitarnos, con la intención de que pudiésemos conocer los restos del inmueble que iba a ser intervenido y dejásemos constancia de nuestra opinión sobre la potencialidad arqueológica del conjunto. Este asunto lo expuse en esta entrada y no tiene sentido repetirlo ahora; baste recordar que Borrego pretendía conseguir del obispado una suerte de exclusividad, para él y para colegas suyos como el arqueólogo José María Gutiérrez, a la hora de realizar publicaciones científicas sobre los hallazgos que estuvieran por venir, toda vez que él había participado en la presentación de un proyecto para la intervención arqueológica que fue finalmente rechazado.

En este blog cometí el error de seguirle el juego al citado arabista en su negativa a aceptar mi antigua teoría -perfectamente ratificada por las fuentes y por la historiografía ulterior- de que la qubba que el padre Rallón mencionaba en el Real Convento de Santo Domingo y dibujó Van den Wyngaerde en sus célebres vistas de Jerez era un morabito musulmán. Partiendo de una muy errónea ubicación por su parte de lo que eran los Llanos de San Sebastián (leer aquí), lanzó una hipótesis según la cual la qubba de Rallón se encontraba en otro lugar del conjunto, mientras que la del pintor flamenco no sería sino un depósito de agua. Por mucho que en este mismo blog desmonté con minuciosidad sus hipótesis, no hubo manera de que dejara de manipular la información ni de que se dignara a aceptar que cuando las fuentes gráficas y las escritas coinciden, hay que aceptar la evidencia. Perdí el tiempo: fue dialogar con un muro.

Lo de ahora ha sido mucho peor. Peor de lo que se esperaba, quiero decir, porque yo ya imaginaba que publicar en la revista Trocadero, de la Universidad de Cádiz, un artículo llamado “La mezquita aljama de Sharis (Jerez de la Frontera): estado de la cuestión y reflexiones” (descarga aquí) iba a levantar ampollas en quien sigue creyéndose la persona que debía haber pasado a la historia por el presunto pelotazo -solo eso: presunto- de descubrir lo que ya estaba descubierto. Pero este señor no se ha conformado esta vez con decir que mis aportaciones son malas.

En primer lugar, ha escrito un texto en su blog que lleva el título exacto de mi artículo, con la muy indisimulada intención de que quien quiera acceder a mi artículo en internet se encuentre enseguida con el suyo. Pueden comprobarlo en este enlace. En él me acusa de varios errores, descalifica lo resultados del trabajo y me acusa de quedarme con ideas que son propiedad intelectual suya. En segundo lugar, reproduce las partes más duras en un Manifiesto de repulsa en una página de Facebook que le pertenece llamada Jerez Andalusí, y que cuenta con más de dos mil seguidores. Dicho manifiesto reza así (los subrayados son míos).

MANIFIESTO DE REPULSA

La investigación histórica requiere, ante todo, rigor, honestidad intelectual y respeto por el trabajo de quienes han dedicado años y muchas horas a escudriñar las fuentes y a desentrañar el pasado. En el caso que nos ocupa, resulta evidente que el artículo analizado en la entrada de nuestro blog, además de contener errores de base que distorsionan la interpretación histórica de la Jerez andalusí y su mezquita mayor, presenta un grave problema de ética académica al reproducir, sin citarlas, conclusiones previamente presentadas en diversas publicaciones y conferencias de quienes trabajaron directamente en este enclave durante varios años.

La apropiación indebida de ideas ajenas, disfrazada de novedad, no solo menoscaba el esfuerzo colectivo de los investigadores que hemos dedicado tiempo y recursos a este tema, sino que también entorpece el avance de la historiografía. No se trata únicamente de una cuestión de egos o de prestigio, sino de mantener la integridad del conocimiento y la credibilidad de la comunidad científica.

Reivindicamos, pues, la importancia de citar las fuentes originales y de reconocer el trabajo previo, no como un formalismo académico, sino como un principio básico de cualquier disciplina que aspire a construir un saber sólido y respetable. Lamentamos que este artículo no haya estado a la altura de dichos principios, y esperamos que futuras aportaciones sean más respetuosas con el esfuerzo de quienes llevan años desentrañando la historia de Jerez con el rigor que merece.

Llamarme plagiador delante de dos mil personas me parece extremadamente grave, sobre todo teniendo en cuenta que quien lo hace sí que ha recurrido al plagio en su investigación en torno a la extensión en el tiempo de la revuelta mudéjar de 1264 y, por tanto, a la verdadera fecha de la conquista castellana de Jerez, ideas que en su momento planteó Joseph O’Callaghan y que Borrego presentó repetidamente como propias: en esta entrada presenté la prueba irrefutable. Obvio parece que lo que el arabista está haciendo ahora es usar la viejísima técnica del ventilador. Anoche le telefoneé para recordarle que jamás he plagiado, ni a él ni a nadie, ni en textos ni en ideas, y que espero no hacerlo jamás; que si no retiraba esas falsísimas acusaciones tendría que recurrir a la denuncia. No lo ha hecho, así que solo me queda acudir a los medios legales a mi disposición en lo que a esta circunstancia de descalificarme delante de dos mil personas se refiere.

Ahora bien, creo necesario invertir (¡otra vez, después de todo el asunto de la qubba de Santo Domingo!) no pocas horas de mi tiempo en desmontar uno por uno sus argumentos, para que el lector interesado pueda decidir en sí mismo con todas las cartas sobre la mesa. Vamos a ir viendo punto por punto lo que dice en su blog (una vez más, tienen aquí el enlace).

Primeramente, me acusa “de equivocar la fecha de entrada de los almohades en al-Andalus (no fue en 1165)”. Tiene razón. Es un evidente error de redacción por mi parte: me refería a 1145, fecha en la que los almohades fueron llamados desde la Península Ibérica. Mea culpa. Es un gazapo de esos que lees una y otra vez sin darte cuenta de que está ahí. Me puse hace una semana en contacto con la redacción pidiendo que lo corrigieran, pero hasta ahora ello no ha sido posible.

Continúa acusándome de “creer que el muro que se encontró en la intervención de Gema Jurado en 2011 perteneció a la mezquita y no, como sospecha esta investigadora, al proyecto de catedral renacentista”. En este enlace tienen ustedes el artículo de Gema Jurado. Pueden comprobar que Borrego Soto juega con las cartas marcadas, porque lo que dice realmente la arqueóloga es que esos restos pertenecen no al proyecto renacentista, sino precisamente a la obra medieval, opinión en la que sigo a la autora:

“Más concretamente tenemos la esquina de una edificación, de gran envergadura, que parece estar directamente relacionada con la Casa del Abad, y que evoluciona con dirección NE-SW; además, de otros restos murarios dispuestos en sentido contrario, cruzándose con los anteriores. Estas construcciones arrasadas a cota de cimentación podrían formar parte del conjunto primitivo.”

El siguiente párrafo del blog no tiene desperdicio:

“(…) el artículo avanza poco en la investigación y expone, sin citarlas, algunas de las conclusiones ya adelantadas hace más de diez años en el Congreso del 750 Aniversario de la Conquista de Jerez por Miguel Ángel Borrego Soto, uno de los responsables, junto a José María Gutiérrez López, de los primeros trabajos que se hicieron in situ en el lugar. En el fragmento del vídeo de aquella conferencia, adjuntado más abajo, aunque se deslizan algunos errores hoy superados, sobre todo debidos a que apenas se llevaba un año de estudio en el lugar, ya se muestra un primer estado de la cuestión y las también primeras reflexiones sobre todo aquello, incluyendo un plano de la posible planta de la mezquita sobre el que hoy en día tenemos serias dudas al saber que el recinto era más amplio.” (el último subrayado es mío).

¿Así que hoy sabemos que el recinto era más amplio? ¿Cuándo y dónde se ha demostrado semejante cosa? ¿Qué publicación científica hay al respecto? Se lo diré yo: ninguna. No son más que ideas que de vez en cuando él difundía en Facebook y en grupos de WhatsApp con las que hacernos creer que la aljama de Jerez era mucho más grande de lo que las fuentes repetidamente afirmaban. Precisamente en mi artículo, que Borrego califica como “muy desacertado”, me encargo de argumentar pausadamente en torno a esta cuestión de las dimensiones para corroborar que lo que nos habían transmitido las fuentes (¿por qué estas habrían de mentir?) era cierto. Sobre el vídeo volveré luego.

La entrada del pasado martes 7 de enero continúa así:

“También sobre el edificio de la Casa del Abad y nuestras indagaciones en el enclave, se publicó en este mismo blog, con fecha 31 de agosto de 2022, el artículo "Algunas aclaraciones sobre la mezquita aljama de Jerez", en el que se corrigen los antiguos errores y se añaden nuevas conclusiones, similares a las que leemos en el texto de Fernando López Vargas-Machuca quien, no obstante, omite la alusión a nuestro texto, así como a la citada conferencia de febrero de 2014, o a mi reciente trabajo "La ciudad andalusí de Jerez. Síntesis histórica (ss. VIII-XIII)" (2023), en el que se habla también de la mezquita mayor jerezana, concretamente en las páginas 45-46 y nota 11.”

Bueno, vamos a comprobar cuáles son esas ideas que presuntamente he robado, empezando por el artículo de la revista Ceretarum “La ciudad andalusí de Jerez”. Confieso que no había leído ese artículo cuando envié el mío. Por lo demás, estaba muy reciente: repárese en que la fecha de recepción del mismo en Trocadero fue en septiembre de 2023, y que el número de la revista arriba citada corresponde a ese mismo año. Dicho esto, vamos a ver qué es exactamente lo que en ese artículo aporta sobre la aljama jerezana.

“Con todo, Rallón nos deja valiosas descripciones de algunos de los restos de edificaciones de origen andalusí que aún quedaban en pie en la ciudad, como el alcázar, del que en diferentes pasajes habla de sus palacios, baños y mezquita, cuyo patio de abluciones compara con el de la Iglesia Mayor, hoy desaparecida, pero de la que en su tiempo se conser­vaba "la fábrica antigua de los moros de quien fue mezquita [... ] y está cerca del mismo Alcázar, en quien se conserva otro claustro semejante hecho para el mismo efecto10." Parte de este patio de la aljama jerezana, adosado junto a la to­rre tardogótica exenta de la antigua Iglesia Mayor que se alza frente a la ca­tedral actual, sigue todavía en pie y, ha­ce unos años, José María Gutiérrez Ló­pez, Gonzalo Castro Moreno y quien esto suscribe descubrimos algunos de sus elementos, junto a otros del proba­ble aljibe, usado como bodega por los cristianos, y del alminar11.”

Nota 11: Los resultados de los trabajos arqueológicos en el solar, realizados a partir del proyecto de in­tervención de los investigadores BORREGO, CAS­ TRO, GUTIÉRREZ y MARTÍNEZ (2014), que se encuentra depositado en el Obispado de la Dióce­sis de Asidonia-Jerez, los recoge Gonzalo Castro en su memoria preliminar (Cf. CASTRO, 2019).

Como ven ustedes, no dice absolutamente nada que no estuviera en cualquier historia de Jerez. A lo mejor lo que Borrego Soto quería que hubiese citado es que él participó “en el descubrimiento de numerosos elementos”. ¿Realmente hacía falta especificar en un artículo como el mío esa circunstancia de tan poca significación científica, toda vez que desde siempre todos sabíamos que bajo la cal de la Casa del Abad había restos que tenían que salir a la luz cuando se interviniera? El siempre visible arco apuntado que da al Reducto hablaba claro. Allí no había nada que descubrir, sino que destapar. No es lo mismo. Que los primeros que quitasen la cal fuesen Fulano, Mengano o Zutano no aporta nada a la investigación.

Por cierto, en su texto Borrego Soto se cuida mucho de citar los dos artículos más importantes que se han escrito sobre la aljama jerezana. El primero, el de Javier Jiménez y Pablo Pomar en las ya referidas actas de Jerez, 1264: un análisis crítico de todas las fuentes bibliográficas acompañado de un buen número de aportaciones en forma de hipótesis, interrogantes y datos documentales, estos últimos referentes –por razones obvias– a la mezquita ya cristianizada. Por otro, el de Juan Antonio Moreno Arana de 2016 titulado “La capilla de los Conte y Terán de la antigua colegial de Jerez de la Frontera (en PEREZ MULET, Fernando y AROCA VICENTI, Fernando, coord. Nuevas aportaciones sobre la Historia del Arte en Jerez de la Frontera y su entorno), precisamente el texto en el que por primera vez se demuestra que las dos pandas de la Casa del abad eran sendas crujías del patio de la mezquita. Paradójico y significativo: quien me acusa de no citar cosas que dudosamente merecen ser citadas, se escabulle a la hora de reconocer las dos principales aportaciones historiográficas sobre el tema. Mencionar en su artículo estas dos referencias es mucho más importante de cara a un lector que quiera ampliar sus conocimientos que dejar constancia, en la susodicha nota once, de que él había participado en el proyecto de intervención arqueológica. Parecen claras las prioridades de Borrego: marcar territorio.

Queda lo de su blog, a ver si descubrimos en él cómo “se corrigen los antiguos errores y se añaden nuevas conclusiones, similares a las que leemos en el texto de Fernando López Vargas-Machuca”. Vamos párrafo por párrafo (aquí va el texto completo).

“A mediados de febrero de 2013, y tras varias semanas de negociaciones con el entonces mayordomo de la catedral de Jerez y el Obispado, el arqueólogo José María Gutiérrez López y un servidor, obtuvimos autorización para comenzar a investigar en las ruinas de la antigua Casa del Abad y todo el edificio que ocupaba parte de la manzana que, desde la Plaza de la Encarnación, baja hacia el Arroyo. En ese edificio se sospechaba podrían hallarse los restos de la antigua mezquita aljama de la ciudad andalusí de Jerez, como ya habían advertido, a partir de las crónicas históricas del padre Rallón (s. XVII) o Bartolomé Gutiérrez y Mesa Xinete (s. XVIII), los profesores José Luis Repetto Betes y Esperanza de los Ríos Martínez en sus respectivas obras.”

Vale. Nada hasta ahí que deba ser citado.

“El documento se firmó finalmente el 3 de abril, aunque las visitas y estudios a la finca ya se habían iniciado un mes y medio atrás. En el texto, la propietaria del solar, esto es, la Diócesis de Asidonia-Jerez, ponía a nuestra disposición las llaves del mismo concretando el nombre de los componentes del equipo autorizado a trabajar allí: 

Miguel Ángel Borrego Soto, filólogo e historiador, como coordinador del grupo, José María Gutiérrez López y Virgilio Martínez Enamorado, arqueólogos, y Gonzalo Castro Moreno, antropólogo y arqueólogo, en representación de la Diócesis.” (los subrayados son del original).

Hasta ahí, tampoco. Seguimos.

“La noticia de que en el edificio se habían iniciado dichos estudios corrió como la pólvora, en buena medida por una precipitada y, por ello, desafortunada noticia, de la que me responsabilizo en su totalidad, publicada el 20 de febrero en el Diario de Jerez, y en la que, llevado por la emoción de acceder finalmente a la finca tras los muchos sinsabores y malos ratos sufridos, vertí algunos errores de bulto derivados de los escasos indicios que teníamos en ese momento, pues verdaderamente, aún no habíamos accedido al interior del lugar (nuestra primera visita se iba a producir esa misma jornada). Sobre el asunto hablé dos días después, el 22 de febrero de 2013, en mi conferencia sobre la capital de la cora de Sidonia, en el transcurso de las jornadas técnicas sobre el Castillo de Matrera de ese año, en Villamartín, repitiendo los desaciertos de la mencionada crónica periodística.”

Ahí sí que había que citar, porque el falso descubrimiento de los restos de la aljama junto a la Plaza del Arroyo alcanzó mucha difusión en la prensa a pesar de que todos los investigadores hemos sabido desde siempre que se encontraban en la Plaza de la Encarnación. Y realizo la cita, claro, pero sin hacer chanza en absoluto de la metedura de pata por parte de Borrego Soto y algunos de sus compañeros de aventura. Simplemente deseo dejar constancia del error para los lectores que puedan verse confundidos por la información en su momento presentada en Diario de Jerez.

“Con todo, aquella noticia y conferencia despertaron el interés de otros investigadores que, hasta entonces, jamás se habían preocupado por pedir los permisos pertinentes para iniciar una investigación en profundidad en aquel edificio. Eso provocó que estos historiadores, por su afinidad con la Diócesis, contactaran con el bueno de Antonio López Fernández, deán de la Catedral y párroco de San Marcos por entonces, que al parecer poseía otras llaves de acceso a la Casa del Abad, y quien a espaldas del Obispado y de los investigadores autorizados, les facilitaba la entrada a la finca cada vez que lo deseaban. Nuestras denuncias a los responsables de la Diócesis de nada sirvieron para detener tamañas interferencias en la investigación, por lo que, para nuestra desgracia, el solar se convirtió en un auténtico "coño de la Bernarda" al que accedía cualquier persona con contacto entre la curia eclesiástica, en un claro ejemplo de mala praxis académica.”

Sobre esto ya me he pronunciado anteriormente en este blog. No hoy a repetirme: lean aquí si lo desean. Pero aportación científica en el párrafo no encuentro ninguna.

“A pesar de todo, un año más tarde, el 3 de febrero de 2014, en mi conferencia "'Allāh la restituya'. Jerez, ciudad andalusí", impartida en la jornada inaugural del "Congreso sobre el 750 aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla", adelanté algunos de los avances que nuestras continuadas visitas al solar de la Casa del Abad nos habían ofrecido hasta ese momento, a falta aún de una intervención arqueológica que ya se estaba proyectando. Los minutos que dediqué al asunto en la citada charla, y en los que se corregían las hipótesis erróneas del citado texto del Diario de Jerez de febrero de 2013, pertenecen al siguiente extracto de la misma:”

A ver, no estuve en esa charla porque por entonces yo trabajaba a muchos kilómetros, pero entiendo que la aportación científica que ha de ser tenida en cuenta es la que se publica en las actas. En ellas solo he encontrado una mención a la aljama de Jerez, concretamente en la página 36:

“(…) la emergente Saris contaba por entonces con su propia Alcazaba, muralla, mezquita aljama y todos los elementos propios de una próspera ciudad musulmana.”

Ya está. Si él no quiso incluir en las actas presuntas aportaciones sobre la mezquita es cosa suya. ¿Será que no las tenía? El afirma que sí, que las realizó oralmente. El propio autor las resume en su blog. Permítanme detenerme un momento en la primera de ellas antes de enumerarlas todas.

1. “La ubicación de la aljama jerezana abarcó la actual plaza de la Encarnación y la bajada desde ésta hacia el Arroyo.”

Pues sí, claro, insisto en que la ubicación de la mezquita en la Encarnación era bien conocida desde hace siglos… excepto por Borrego Soto y José María Gutiérrez, que quisieron ubicarla en el Arroyo. La aportación, en el caso de ser aceptada, es que la mezquita estaba en toda la bajada orográfica desde un lugar hacia el otro. Pues vale, pero la mequita-mezquita, con su patio y sala de oraciones, estaba en la Encarnación. El resto pueden ser elementos de muchas épocas, y todavía hoy no hay una idea clara al respecto. Parece más que probable que haya cosas almohades, cosas góticas (el gran arco apuntado), cosas mudéjares y cosas de la Edad Moderna. La excavación debería seguir, y hacerlo mediando un buen análisis de paramentos. De momento, todo continúa estancado.

2. “Las galerías que conformaban la Casa del Abad pertenecieron a la claustra o patio de los naranjos de la Iglesia Mayor medieval y al de abluciones de la mezquita aljama anterior (los arcos de confluencia de ambas galerías eran visibles desde el fragmentado techo de escayola del antiguo despacho del padre José Luis Repetto Betes, último habitante de aquella finca y quien ya hablaba de esa posibilidad en su monografía de 1987 sobre la Jerez andalusí).”

3. “Todo el edificio y su zona posterior e inferior fueron paulatinamente modificados entre los siglos XIV y XVIII para albergar los almacenes, bodegas y contaduría de la Iglesia Mayor, amén de otros usos.”

4. “Los arcos del área más profunda, a la altura del Arroyo, podían relacionarse con el aljibe de la aljama jerezana, sobre el cual estuvo el acceso desde el arroyo a la antigua mezquita y, tal vez, a la Iglesia Mayor, en forma de gradas (que aparecen citadas, por ejemplo, en la Historia de Xerez, II, p. 248, de Bartolomé Gutiérrez).”

5. “Quedaba la duda de si estos restos se correspondían no sólo con la mezquita mayor del siglo XIII, sino también con la de época califal (s. X).”

Si les parece, mejor transcribimos lo que dijo exactamente en la conferencia:

“La mezquita aljama de Jerez debió de ocupar la manzana que se localiza en torno a la torre de la antigua Iglesia de San Salvador, que existe aún hoy en su primer cuerpo, y se extendía desde esta hacia la plaza de la Encarnación. En este mapa del siglo XIX vemos (…) lo que eran los restos de esa Iglesia Mayor y probablemente también mezquita aljama jerezana. Hoy en día se conserva esa manzana, tal cual, rodeada de un edificio de unos sillares impresionante, muy fuertes, que en el momento de ser derribada la antigua Iglesia Mayor y construir la nueva tuvo que ser difícil derribarlo, porque es un edificio de enormes proporciones, con unos muros tremendos.”

Ninguna aportación. Simplemente, recula de su errónea identificación de los restos junto a la Plaza del Arroyo y admite lo que siempre se había dicho, que estaba en la Encarnación.

“Llevamos un año José María Gutiérrez López y yo y otro equipo con Gonzalo Castro y Virgilio Martínez estudiando esta mezquita aljama intentando dar con no solo con su situación, sino también con algún elemento que nos confirme que efectivamente todavía se conserva algún resto en pie. Bueno, yo pongo cómo aparece la palabra mezquita en el libro de repartimiento, aunque no se menciona la mezquita a aljama ni la Iglesia Mayor.”

Una vez más, marcando territorio. Seguimos transcribiendo:

“Por las características de esos restos a los que me refiero que permanecen en pie de la mezquita aljama de época almohade, tal vez fue también la misma del periodo califal situada en la zona más antigua de la ciudad (…).

Por fin algo nuevo: afirma que hay restos que apuntan al siglo X. Vamos a ver si realmente lo argumenta.

“La parte que se conserva del antiguo edificio se localiza junto a la torre mudéjar exenta del siglo XV, que es uno de los testigos de la citada Iglesia Mayor medieval y se extiende por la manzana que orientada hacia el sureste (…), la misma que tenían los muros de la quibla de las mezquitas de Andalucía, baja hacia el Arroyo por el reducto bajo de la Catedral y la cuesta de la Encarnación. De ese posible edificio (…) se ven dos arcos uno de ellos túmido, es decir, de herradura, aunque acaba como los arcos ojivales (el autor quiere decir “arco de herradura apuntado”). El arco es imponente, de difícil datación. Puede ser almohade, pero también podría ser mudéjar. No está claro.”

Con independencia de que la torre no sea mudéjar sino tardogótica, el gran arco de dovelas de piedra no parece de herradura apuntado, sino sencillamente apuntado. Hoy mismo he confirmado tal punto con el arqueólogo que ha sido responsable de la excavación hasta ahora, Gonzalo Castro, quien por cierto tuvo la oportunidad de leer mi manuscrito enviado a Trocadero y de enriquecerlo con ciertas aportaciones. Los signos de cantero que en su momento pude ver en el citado arco me resultaron familiares por mi dedicación al “gótico-mudéjar”, pero no tengo fotos ni anotaciones de ellos por la sencilla razón de que nadie me ha llamado para estudiar esa parte del edificio. Cuando entré en el inmueble lo hice en mera calidad de especialista consultado por el deán, no como investigador que iba a reclamar su parcelita. Eso se lo dejo a otros.

En cuanto a lo de la orientación de las quiblas andalusíes, el doctor Borrego Soto debería saber que esta es muy variable. Yo mismo tenía en mi artículo unos párrafos sobre el tema, pero preferí amputarlos y seguir estudiando el asunto antes de meter la pata. Aprovecho, en cualquier caso, para puntualizar que la orientación de esta presunta aljama es parecida a la de San Mateo, San Lucas y San Juan (unos 132º), mientras que difiere de San Dionisio y San Marcos (163º), iglesias todas ellas que probablemente se alzaron en el emplazamiento de antiguas mezquitas. Seguimos.

“Y hay otro arco también que tiene toda la apariencia de ser un arco de herradura. El primero se encuentra en la fachada este, que está anejada anexa la torre que baja hacia el Arroyo; el segundo se aprecia en una de las paredes de la cara oeste en la cuesta de la Encarnación.”

 

Pues no. El arco del lado occidental que da a la cuesta de la Encarnación tampoco no es de herradura, sino de medio punto. El propio Borrego Soto lo pone en duda un poco más abajo, no sin antes afirmar que los dos arcos referidos podrían corresponder al patio de abluciones:

“Ambos arcos parecen remitir a antiguos accesos al patio de abluciones o de los naranjos que se levantaba en la zona norte de la actual plaza de la Encarnación y que menciona Fray Esteban Rallón en su historia diciendo que era muy similar, pero más grande, al patio de los naranjos del Alcázar de Jerez. Se eleva en parte sobre el barranco que sube hacia la plaza de la Encarnación, y en parte sobre unos arcos situados al fondo del edificio, que ahora veremos que parecen remitir al aljibe. Las similitudes con otros aljibes almohades son (…) impresionantes. Aquí vemos el arco. (…) Creo que se ve en la foto. (…) el arco probable de herradura, que no sabemos todavía si es de herradura… (…) Hay todavía hay que hacer muchísimo trabajo. Está pendiente todo esto de una intervención arqueológica.”

Total, arcos de herradura por todas partes, pero que a lo mejor no lo son… y que finalmente han resultado no serlo. Las referencias a otros aljibes almohades aún las estamos esperando. Seguidamente el doctor Borrego Soto proyecta a los asistentes el gran arco que siempre se había intuido en la cara oriental junto a la torre, mirando hacia el Reducto.

“Este es el otro arco. Aquí en esta otra foto se ve incluso mejor, con la sombra que le da el sol de agosto. (…) Por dentro este es el arco, cómo va cayendo hacia el fondo. Tiene una luz de 4 metros y una altura de unos 7, parecido al arco (de la Puerta) del Perdón de la mezquita de Sevilla o la de Córdoba. (…) La rosca se va cerrando como arco túmido o de herradura. Y esta sería la parte superior vista desde el interior.”

Las referencias a Sevilla o Córdoba apuntan al verdadero subtexto de su interpretación: como él ha demostrado que Jerez fue una ciudad con numerosos ulemas en época anterior a la almohade, la ciudad debió de albergar en época temprana a bastante más habitantes de los que hasta ahora se había pensado, y por ende debió de contar con una aljama de considerable extensión. Ínfulas de grandeza, en definitiva, aunque no sé si grandeza de la patria chica o grandeza investigadora. Continuemos nuestro recorrido.

“En la zona digamos que hemos llamado “del aljibe”, entre comillas -todo esto son hipótesis, por supuesto- aparece este pilar con este capitel que remite directamente a otras mezquitas em irales y califales como la de Almonaster la Real, por ejemplo, o la propia de al-Qanatir, en el Puerto de Santa María. Fue una mezquita califal que se reaprovechó como mezquita almohade situándose por encima de ella, y luego la Iglesia Mayor (eso está por ver todavía, es muy pronto para concluir).

Bueno, por fin hemos llegado a la columna de marras, que en realidad son dos. La vieron él y sus amigos. La vi yo con otro equipo de historiadores. Todos estamos de acuerdo en que su cronología podría ser relativamente temprana, sin que se pueda especificar más. Pensar en Almonaster es algo inmediato para quienes conocemos bien aquella mezquita –yo la visité por primera vez cuando estudiaba la carrera–, aunque esa es solo una referencia más entre las posibles. La columna la proyectó Borrego en esta ponencia, y un día más tarde la proyectaron Javier Jiménez y Pablo Pomar en el mismo congreso. ¿A qué está jugando el arabista, al “yo la vi primero”? Miren ustedes, cualquiera que sepa un poquito de arte andalusí intuye que esas columnas son tempranas. No es ninguna interpretación relevante que otorgue mérito a quien la lance en primer lugar. Otra cosa es que nuestro arabista, siempre proclive a los “grandes descubrimientos”, quiera ver en ellas soportes de la primitiva sala de oraciones que demuestren la antigüedad del inmueble. Personalmente, prefiero hacer caso a Groucho Marx: “Mejor quedarse callado y parecer idiota que abrir la boca y confirmarlo”. Por eso mismo en mi artículo escribí simplemente esto:

“En el interior de la Casa del Abad, bastante por debajo del nivel del suelo de la Plaza de la Encarnación, se han localizado dos columnas de capitel geométrico muy sobrio que, reutilizadas ya en las obras de la Edad Moderna, parecen apuntar a un momento relativamente temprano del mundo andalusí. Por mucho que resulte tentador pensar que pudieran ser piezas de la antigua sala de oración, hay que dejar espacio para la duda, sobre todo cuando se trata de tan solo dos piezas (¿dónde estarían todas las demás?) fuera de su emplazamiento original.”

¿Qué quería Borrego? ¿Que añadiese en el texto que él vio la columna antes que nadie y proyectó públicamente una foto de ella un día antes de que lo hicieran otros compañeros? Me parece ridículo. No, él no ha descubierto nada. Más bien se arriesga en exceso lanzando hipótesis tan vistosas como resbaladizas. Eso sí, es la única presunta prueba que tiene para afirmar que allí hubo una mezquita califal. Los restos del patio, como explico en mi artículo, más bien parecen ser almohades. Venga, seguimos con la transcripción de su ponencia.

“Los restos del posible aljibe son estos. Son varios arcos ahí debajo, en una zona del edificio que está casi enterrada (…) Y sobre estos arcos aparece una doble arcada de origen mudéjar, probablemente, que probablemente también perteneció al claustro de la Iglesia Mayor que fue antes el patio de abluciones. La doble arcada se conserva en parte; son visibles pilastras inferiores y los arcos superiores. (…) Los arcos superiores están imbuidos ahí también el caserío en ese esa manzana, y las escayola, que afortunadamente también estaban rotas, nos dejaron ver estos arcos superiores. Probablemente, una entrada un acceso hacia el claustro de la Iglesia Mayor.

Esas arquerías, efectivamente, a mí también me parecieron mudéjares cuando las vi. O al menos de tradición mudéjar, porque me dio la impresión de que eran relativamente tardías. Jamás he escrito de ellas, siguiendo una vez más la máxima marxista. ¿Para qué arriesgarse a meter la pata, cuando además dichos arcos no tienen nada que ver con la mezquita propiamente dicha? Por cierto, mucha atención al rótulo de la diapositiva, que copio directamente de YouTube:

“Sobre el posible aljibe, se levanta una doble arcada mudéjar perteneciente al claustro de la Iglesia Mayor, antes patio de abluciones. Esta doble arcada se conserva en parte, pues son visibles sus pilastras inferiores y arcos superiores.”

El texto mueve a la confusión: aquí Borrego Soto parece afirmar que el patio de abluciones no está en la Encarnación, sino bastante más abajo, en dirección hacia el Arroyo. Sí, han leído bien: un patio de abluciones muchos metros por debajo del suelo de la sala de oraciones. Seguimos.

“Ese solar conservado probable de la mezquita Iglesia Mayor de San Salvador se cierra por la Casa del Abad (…), que parece albergar las galerías noroeste y oeste de ese mencionado patio. Es significativo que durante una intervención, la que hizo Gema Jurado, arqueóloga, en el exterior de la puerta de la epístola de la catedral actual, se localizaron muros y cimentaciones que hacían evidentes que un edificio de gran tamaño e importancia que se proyectaba desde la fachada de la Casa del Abad hacia la plaza de la Encarnación; seguramente, la antigua mezquita Alhama posterior Iglesia Mayor.”

Vaya, hombre, ahora resulta que las dos crujías de la Casa del Abad sí que delimitaban el patio. Justo lo que demostrará poco más tarde documentalmente Moreno Arana. Por eso cito a este último. Lo más gracioso es que ese año 2014 Miguel Ángel Borrego sí que acudía a Gema Jurado para aseverar que esos restos eran de la mezquita: como vimos arriba, en 2025 pone en boca de la arqueóloga otra cosa bien distinta. Y se queda tan ancho.

Continúa Borrego proyectando un dibujo que propone una reconstrucción de la planta primitiva:

“Es una hipótesis (…) de la planta posible, que es ahora mismo una cosa extraoficial (…), pero ahí vemos cómo el edificio que se conserva actualmente pudo ser no solamente parte del patio de abluciones, patio de los naranjos, claustro de la Iglesia Mayor, sino (también) el acceso que desde el arroyo permitía la entrada a la mezquita a los fieles. La Iglesia Mayor se construye aprovechando el haram (…), la sala de oración. (…) Esto es un pequeño patio que parece que es una entrada, lo que pasa que está con este edificio aquí anexado (…) y no deja ver en perspectiva si hay algún resto más de posible entrada a la iglesia o mezquita. La Iglesia Mayor se construye aprovechando el haram. No sabemos si en el siglo XIV, cuando hay constancia documental de que hay una obra en la Iglesia Mayor, se derriba el haram y se construye una nueva. Pero lo que sí dice Bartolomé Gutiérrez en el siglo XVIII es que el ábside orientado al este (toda esta manzana está al sureste, como una mezquita que fue) (…), el ábside que estaría aquí, de la antigua iglesia mayor, estaba sobre lo que hoy es la capilla bautismal de la iglesia nueva, que era esta (…). Aquí está la capilla bautismal, y aquí se encontraron restos de enterramientos de los nobles de aquella época, del siglo XIII-XIV, que se enterraron allí.”

Hombre, pues sí. Tiene toda la razón. De hecho, toda esa información estaba a mano de los investigadores, había sido utilizada por el Padre Repetto y es la que en las actas del mismo congreso revisaron de manera crítica y muy pormenorizadamente Javier Jiménez y Pablo Pomar. A ellos y a Bartolomé Gutiérrez les cito para realizar mi propia revisión. Borrego Soto no está diciendo nada nuevo ahí. Tampoco publica este repaso sobre la aljama en las actas, entre otras cosas porque ese no era el tema de su ponencia. Más bien se diría que añadió la morcilla de la mezquita para adelantarse a lo que Javier Jiménez y Pablo Pomar pudieran decir más tarde en su ponencia titulada La colegiata medieval de San Salvador de Jerez de la Frontera. Una vez más, “yo lo vi primero”. Sea como fuere, Jiménez y Pomar son quienes deben ser aquí citados, amén de Bartolomé Gutiérrez de manera directa. Justo de este último me he servido para realizar consideraciones sobre las dimensiones de la mezquita.

“(…) Lo que hoy conservamos es el edificio de la casa de la Paz, el solar abandonado que tiene a su espalda, que son los posibles accesos al patio de la Iglesia Mayor, y la propia plaza de la Encarnación, que está enmarcada por esos dos edificios. Este extraño saliente que siempre ha estado ahí, que nunca se ha sabido por qué ese edifico era así. Aquí hay una puerta cegada, probablemente de acceso al haram o a la Iglesia Mayor, o a otra dependencia del patio de abluciones. Todo ese edificio sí sabemos que se utilizó como almacenes, como bodegas de la Iglesia Mayor, durante toda la historia del edificio, desde la época medieval hasta la moderna”.

No se entiende muy bien lo que el conferenciante afirma debido a la mala calidad visual de la filmación.

“Esto es una de las habitaciones de la casa de la Abad, donde parece que confluyen los laterales de ese patio al que me referí. Todo esto son hipótesis y pendientes de estudio, pero de nuevo en Anton van den Wyngaerde vemos como el edificio que se conserva hoy día parece aún estar en pie en el siglo XVI. A la izquierda de la imagen el ábside de la Iglesia Mayor, y justo al lado otra capilla auxiliar que podría ser una de las capillas grandes que tuvo el patio de los naranjos, también llamado patio de los álamos. En la vista de Hoefnagel no se ve nada más que lo que fue la torre de la iglesia de San Salvador.”

Esos restos que dibujó Antonio de las Viñas en 1567 han supuesto y siguen suponiendo muchos quebraderos de cabeza para los investigadores. También para mí. La primera persona que llamó la atención sobre ellos fue Esperanza de los Ríos. De momento nadie ha resuelto el puzzle. Tampoco lo hace el conferenciante. Y ya está, ahí termina el vídeo que él mismo ha puesto en su blog.

Resumamos.

Primero. Miguel Ángel Borrego no tiene ninguna publicación científica ni divulgativa sobre la aljama de Jerez, salvando dos menciones muy de pasada arriba referidas.

Segundo. El único texto de este señor sobre la mezquita es el de su blog, que a su vez se basa en la conferencia que impartió en el congreso de 2014. Las aportaciones que él mismo enumera son las siguientes:

1. “La ubicación de la aljama jerezana abarcó la actual plaza de la Encarnación y la bajada desde ésta hacia el Arroyo.”

Parcialmente falso. La bajada son dependencias de diferentes épocas, medievales o modernas, de las cuales solo el presunto aljibe debió de estar directamente relacionada con la funcionalidad de la mezquita. El resto debe de tener que ver más bien con las necesidades de la Colegiata cristiana. La parte cierta de su presunta aportación, la ubicación de la sala de oraciones, era cosa bien sabida y no supone sino un “reculamiento” del autor después de haber afirmado que estaba en el arroyo.

2. “Las galerías que conformaban la Casa del Abad pertenecieron a la claustra o patio de los naranjos de la Iglesia Mayor medieval y al de abluciones de la mezquita aljama anterior (los arcos de confluencia de ambas galerías eran visibles desde el fragmentado techo de escayola del antiguo despacho del padre José Luis Repetto Betes, último habitante de aquella finca y quien ya hablaba de esa posibilidad en su monografía de 1987 sobre la Jerez andalusí).”

Los “arcos de confluencia” son la única aportación del autor, que en la misma conferencia ubicaba de manera muy contradictoria el patio en un lugar metros más abajo en dirección al Arroyo. El artículo de Juan Antonio Moreno es el que me corresponde citar si seguimos el método científico, y eso es lo que hago.

3. “Todo el edificio y su zona posterior e inferior fueron paulatinamente modificados entre los siglos XIV y XVIII para albergar los almacenes, bodegas y contaduría de la Iglesia Mayor, amén de otros usos.”

Eso ya lo han explicado otros autores, pero en cualquier caso nada de esto abordo yo en mi trabajo. Nada de ello digo, y por ende no hay apropiación intelectual alguna.

4. “Los arcos del área más profunda, a la altura del Arroyo, podían relacionarse con el aljibe de la aljama jerezana, sobre el cual estuvo el acceso desde el arroyo a la antigua mezquita y, tal vez, a la Iglesia Mayor, en forma de gradas (que aparecen citadas, por ejemplo, en la Historia de Xerez, II, p. 248, de Bartolomé Gutiérrez).”

Lo del aljibe sí que es una aportación de Borrego Soto, pero de nuevo nada sobre él digo en mi texto. Todo demasiado resbaladizo. Lo que sí hago es realizar una observación sobre el gran arco apuntado de piedra que él considera acceso al patio de abluciones: “la interpretación que en este momento realiza el equipo de arqueólogos es que nos encontramos ante una estructura pensada para levantar la gran torre tardogótica en un emplazamiento sumamente problemático, al encontrarse en pendiente y al querer respetar el trazado viario original de época musulmana, permitiendo el acceso desde la zona del actual reducto hasta la estrecha calle Cazorla Baja.”

5. “Quedaba la duda de si estos restos se correspondían no sólo con la mezquita mayor del siglo XIII, sino también con la de época califal (s. X).”

Pues claro. Él dudaba y quien a ustedes se dirige también lo hace. Lo que ocurre es que él no ofrecía argumentos formales que apoyasen una hipótesis u otra, salvando la muy resbaladiza y problemática existencia de dos columnas que parecen anteriores a los tiempos almohades. Yo sí que presento análisis morfológicos que podrían contribuir en el futuro para que alguien avanzase en la investigación.

Tercero. Como se ha visto a lo largo de esta entrada, Borrego Soto ha aportado muy pocas cosas sobre la aljama de Jerez. No me he apropiado de la menor aportación intelectual suya, ni de la de nadie más. He citado a quien me correspondía citar, y los que me han ofrecido ayuda han recibido siempre el correspondiente agradecimiento en el artículo. Miente el señor doctor, pues, como también lo hace cuando afirma que contiene “errores de base que distorsionan la interpretación histórica de la Jerez andalusí y su mezquita mayor” (salvo que se refiera a la errata de los almohades: si eso es distorsionar la interpretación, apaga y vámonos).

Cuarto. En lo que se refiere al “grave problema de ética académica” del que me acusa, sorprende escuchar semejante reproche viniendo de alguien caracterizado por no citar a otros colegas. Sin ir más lejos, durante años ha estado sin mencionar en ni una sola de sus publicaciones científicas el que fuera el más importante trabajo existente hasta fechas cercanas sobre el Jerez andalusí, esto es, el del Padre Repetto de 1987; solo lo hace en su reciente artículo de Ceretarum, y para ponerlo a caer de un burro. En este último, como ya dije antes, se cuida muy mucho de no citar a Moreno Arana ni a Jiménez-Pomar. Y nada dice tampoco de las aportaciones de Jesús Caballero Ragel sobre el primitivo emplazamiento de la ciudad, que yo sí utilizo. ¿Y se atreve Borrego Soto a darme lecciones de ética científica?

Volvemos al principio. Borrego escribía que “el artículo avanza poco en la investigación y expone, sin citarlas, algunas de las conclusiones ya adelantadas hace más de diez años en el Congreso del 750 Aniversario de la Conquista de Jerez”. Lo primero es algo que tendrá que decidir el lector. Lo segundo es una sucia e inaceptable mentira que, salvo marcha atrás por parte de quien la difunde, me conduce a tomar las medidas legales oportunas. 

martes, 7 de enero de 2025

Profesores de secundaria investigando, año 2025: rivalidad y mal ambiente

Hace años me dijo un catedrático de Historia del Arte -Universidad de Valladolid, no se piensen que es un andaluz- que los profesores de secundaria no teníamos "derecho a quejarnos por las dificultades que encontramos para investigar" (sic). Que a nosotros se nos paga "para dar clases a alumnos de secundaria, y punto" (sic). Supongo que en aquel momento debería haberle replicado con la fuerza que se merece una afirmación de semejante clasismo. Al menos, le podría haber recordado que en muchas ocasiones intentamos recorrer aquellos territorios a los que los que trabajan para alguna universidad no han considerado oportuno acercarse. En Jerez de la Frontera, sin ir más lejos, recuerdo un buen número de personas procedentes del profesorado de secundaria que han aportado muchas cosas, a veces cosas importantísimas, en el conocimiento de la historia y el arte de nuestra ciudad. No digo nombres para que las posibles omisiones no abran heridas: probablemente ustedes ya tienen en mente la larga lista en la que estoy pensando. Sin todas ellas, y pesar de algunos grandes catedráticos que sí han hecho mucho por nosotros -tampoco es necesario citar nombres-, hoy seríamos una ciudad muy "de provincias" que apenas contaría en el mapa.

En el caso concreto del terreno en el que yo me he movido, eso que llamamos "arquitectura gótico- mudéjar", solo recuerdo a tres profesores procedentes del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla que se hayan acercado a ella. Primero, Diego Angulo con su grandísimo trabajo de 1932 que, aun siendo el capítulo dedicado a Jerez el menos afortunado de su trabajo, puso en valor lo que en esta ciudad había. Segundo, Rafael Cómez Ramos y su libro de 1979 dedicado a Alfonso X. Se equivocó en las tres obras jerezanas que trató: consideró mudéjar la qubba de Santa María del Alcázar -es islámica-, adjudicó a tiempos del Rey Sabio el mudéjar del interior de San Dionisio -solo es de esa época la cabecera de la nave del Evangelio, el resto es del XV- y también llevó al mundo alfonsí todo San Lucas -asimismo del Cuatrocientos: solo la parte poligonal de la capilla mayor y la portada principal parecen de mayor antigüedad-. Tres, José Fernández López en un trabajo divulgativo de 1992 en el que se limitaba a resumir a Angulo y a Manuel Esteve pasando por encima de las aportaciones más importantes, las de Hipólito Sancho de Sopranis -que no estuvo nunca en la universidad-, y llegando al punto de realizar descripciones erróneas por copiar estas de los trabajos antes citados sin ver los edificios en su estado actual. No me olvido de la aún reciente tesis doctoral de José María Guerrero Vega, de la Facultad de Arquitectura, pero él no cuenta en la lista de lo que estoy repasando: profesores del Departamento de Historia del Arte que, ya con su plaza, decidieron investigar sobre la arquitectura cristiana en Jerez anterior al gótico tardío.

Total, un panorama bastante magro. A mí no me pagan por investigar, pero en lugar de dedicar el tiempo libre solo a actividades más o menos lúdicas decidí invertir parte de él en avanzar en la investigación. Comparen lo de Fernández López con mi texto igualmente divulgativo El mudéjar en Jerez y verán la diferencia después los treinta y nueve años que los separan: no se parecen absolutamente en nada.

Lo más triste para mí, en cualquier caso, no es que algunos profesores de la universidad nos miren por encima del hombro. Es el ambiente marcado por la competencia mal entendida, la rivalidad e incluso el desprecio, que actualmente se vive entre ese profesorado de secundaria que nos dedicamos a investigar. A mí me acaban de llegar dos bofetadas. Una me viene del arabista Miguel Ángel Borrego Soto. Cumplo la promesa realizada en este mismo blog de no volver a leer sus provocaciones, en este caso la que acaba de publicar acerca de mi artículo de la revista Trocadero -Universidad de Cádiz- sobre la mezquita aljama de Jerez. Quienes lo han leído me dicen que es más de lo mismo: la mezquita es suya, los demás somos unos entrometidos que no aportamos nada. Perdí mucho tiempo con él en el tema de la qubba del Real Convento de Santo Domingo, morabito que él quiso interpretar como molino de aceite a partir de una descarada manipulación de los datos. Demostrado que no se puede dialogar con quien juega con las cartas marcadas, cierro por completo cualquier posibilidad de discusión. Eso sí, aprovecho para recordarle a este señor que la mayor parte de la labor investigadora no se hace con "grandes revoluciones" del tipo "he descubierto la verdadera fecha de la reconquista", sino trabajando muchísimo, dándole muchas vueltas a las cosas y planteando las preguntas adecuadas en los momentos adecuados. Muchas veces se avanza no respondiendo, sino preguntando lo que otros no han querido o sabido preguntar. Y tampoco está de más viajar por ahí y ver, por ejemplo, los muchos morabitos que hay en Marruecos: muchísimos más que molinos de agua, aunque tengan formas parecidas. 

El otro golpe llega de un antiguo amigo, David Caramazana Malía. Alguien con muy mala leche le hizo llegar información falsa -nunca jamás hablé mal de él, siempre le tuve en estima y en todo momento me tuvo para ayudarle en la investigación- que le hizo cortar todavía de comunicación conmigo. En lo académico comenzó a hacer como si ninguna de mis publicaciones existiera. Así fue, al menos, en sus dos anteriores artículos. En el que ha publicado en la revista Trocadero, justo al lado del mío, la cosa va a más: presenta como propias algunas ideas que un servidor lleva defendiendo y publicando desde hace años, incluso décadas. Y eso ya es demasiado. 

Fue Caramazana quien me dijo que mi artículo de 1997 era "una puta mierda" (sic). En este mismo blog hice un repaso muy pormenorizado del mismo (leer aquí) en el que emprendí la autocrítica señalando aciertos, errores e insuficiencias. Al final, él mismo me terminó reconociendo que el artículo estaba bien y que había sigo un paso adelante sin el cual todo lo que llegó después no podría haberse conseguido. ¿Por qué entonces esa primera opinión tan negativa? Obviamente, porque esa era la sentencia de un historiador del arte que él adora y al que cree absolutamente en todo, a pesar de caracterizarse por actitudes muy bizarras que le han acarreado una justa mala fama. Pues bien, igual que fui minucioso conmigo mismo, ahora me toca a mí repasar con lupa todas y cada una de las líneas del nuevo artículo de Caramazana. Porque hay ahí muchas cosas que decir. Lo haré, eso sí, cuando vaya cumpliendo con mis obligaciones del principio de la segunda evaluación: no olvido que me pagan por dar clases de secundaria. Felizmente, eso es algo que también me encanta.

viernes, 12 de julio de 2024

La AI no es tan inteligente

El siguiente texto ha sido generado por Chat GPT, respondiendo a la pregunta "Explícame en qué consiste la arquitectura mudéjar de Jerez de la Frontera". La utilidad de esta herramienta es enorme, pero sus limitaciones quedan claras: la cantidad de errores de bulto es muy considerable. No, la Inteligencia Artificial no es tan inteligente.

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TEXTO GENERADO POR INTELIGENCIA ARTIFICIAL

La arquitectura mudéjar en Jerez de la Frontera es una manifestación artística que refleja la confluencia de estilos y técnicas islámicas y cristianas durante la época medieval en España. Este estilo se desarrolló en la Península Ibérica entre los siglos XII y XVI, durante el periodo de convivencia de musulmanes y cristianos, y es particularmente notable en Jerez de la Frontera debido a su rica historia y posición estratégica en Andalucía.

## Contexto Histórico del Mudéjar en Jerez de la Frontera

Jerez de la Frontera es una ciudad situada en la provincia de Cádiz, en la región de Andalucía, al suroeste de España. Su historia se remonta a la época romana, pero fue durante la dominación musulmana, a partir del siglo VIII, cuando Jerez empezó a florecer cultural y económicamente. La ciudad fue reconquistada por las fuerzas cristianas en 1264, bajo el reinado de Alfonso X el Sabio, quien permitió que la población musulmana, conocida como mudéjar, permaneciera en la ciudad y continuara practicando su religión y sus costumbres.

Este contexto de convivencia permitió que los mudéjares contribuyeran significativamente al desarrollo arquitectónico de Jerez. La influencia mudéjar se puede observar en varios edificios de la ciudad, donde se integran elementos decorativos y constructivos propios de la tradición islámica con las estructuras y necesidades funcionales de la arquitectura cristiana.

## Características de la Arquitectura Mudéjar

La arquitectura mudéjar se caracteriza por una serie de elementos distintivos que combinan técnicas y estilos de construcción islámicos con los materiales y formas del arte cristiano. Entre las características más notables se encuentran:

### Materiales Utilizados

1. **Ladrillo:** El uso del ladrillo es una de las características más distintivas del estilo mudéjar. Se emplea tanto en la construcción de muros como en elementos decorativos.
2. **Yeso:** Utilizado para elaborar complejos diseños geométricos y florales en frisos, arcos y techos.
3. **Madera:** Principalmente en techumbres artesonadas, donde se combinan técnicas islámicas de carpintería con motivos decorativos cristianos.

### Elementos Decorativos

1. **Azulejos:** Los zócalos de azulejos con motivos geométricos y colores vibrantes son comunes en la arquitectura mudéjar.
2. **Arcos:** Los arcos de herradura y los arcos polilobulados son típicos en puertas y ventanas.
3. **Motivos Geométricos y Florales:** Se utilizan tanto en la cerámica como en los trabajos de yesería y carpintería, reflejando la influencia islámica en la ornamentación.

### Tipología de Edificios

La arquitectura mudéjar en Jerez de la Frontera se manifiesta principalmente en edificios religiosos, pero también se encuentra en palacios y casas señoriales. A continuación, se detallan algunos ejemplos representativos:

## Ejemplos de Arquitectura Mudéjar en Jerez de la Frontera

### Iglesia de San Dionisio

La Iglesia de San Dionisio es uno de los ejemplos más significativos de la arquitectura mudéjar en Jerez de la Frontera. Construida en el siglo XIII, presenta una mezcla de elementos góticos y mudéjares. Destaca su torre, que originalmente era un alminar musulmán adaptado posteriormente a campanario cristiano. La estructura de la iglesia incluye arcos apuntados y de herradura, y una rica decoración en yeserías.

### Iglesia de San Mateo

Esta iglesia del siglo XIV es otro ejemplo destacado. Su construcción muestra una fusión de estilos gótico y mudéjar. El interior de la iglesia presenta una magnífica techumbre de madera artesonada, decorada con motivos geométricos y florales característicos del mudéjar.

### Alcázar de Jerez

El Alcázar de Jerez es una fortaleza de origen islámico que fue ampliada y modificada tras la Reconquista. Aunque su arquitectura principal es de origen musulmán, algunas de sus estructuras, como la Torre del Homenaje y la Puerta del Campo, presentan intervenciones mudéjares que integran elementos decorativos y constructivos islámicos con las necesidades defensivas cristianas.

### Palacio de Villavicencio

Situado dentro del Alcázar, el Palacio de Villavicencio es un edificio barroco con influencias mudéjares visibles en la decoración de sus interiores. Las techumbres artesonadas y los detalles en yeso y azulejos muestran la persistencia de la tradición mudéjar en la arquitectura residencial de Jerez.

## Impacto y Legado de la Arquitectura Mudéjar en Jerez

La arquitectura mudéjar en Jerez de la Frontera no solo representa un capítulo importante en la historia de la ciudad, sino que también refleja el rico patrimonio cultural de Andalucía. Este estilo arquitectónico es un testimonio de la convivencia y la fusión de culturas que caracterizó la región durante siglos. La conservación de estos edificios permite apreciar la diversidad y el intercambio cultural que definieron la identidad de Jerez.

Además, el mudéjar influenció otros estilos arquitectónicos que surgieron posteriormente en España, como el Renacimiento y el Barroco, integrando elementos decorativos y constructivos de la tradición islámica en las nuevas corrientes estilísticas. En Jerez, esta influencia es evidente en la continuidad de técnicas y motivos decorativos mudéjares en edificaciones posteriores.

### Restauración y Conservación

La conservación de la arquitectura mudéjar en Jerez ha sido un desafío debido a los siglos de desgaste y a las intervenciones humanas. Sin embargo, esfuerzos recientes de restauración han permitido preservar y poner en valor este patrimonio. Proyectos de restauración en edificios como la Iglesia de San Dionisio y el Alcázar han sido fundamentales para mantener viva la tradición mudéjar en la ciudad.

### El Mudéjar en el Contexto Turístico y Cultural

Hoy en día, la arquitectura mudéjar de Jerez de la Frontera es un atractivo turístico importante. La ciudad recibe numerosos visitantes interesados en su patrimonio histórico y arquitectónico. Las rutas turísticas que incluyen visitas a los principales ejemplos de arquitectura mudéjar permiten a los turistas y a los residentes locales apreciar la riqueza cultural de Jerez.

Además, la arquitectura mudéjar ha inspirado diversas actividades culturales, como exposiciones, conferencias y talleres, que promueven el conocimiento y la valoración de este estilo único. Estas iniciativas contribuyen a la educación patrimonial y a la sensibilización sobre la importancia de conservar el legado mudéjar para las futuras generaciones.

### Conclusión

La arquitectura mudéjar en Jerez de la Frontera es un testimonio vivo de la convivencia y el intercambio cultural que marcaron la historia de Andalucía. A través de sus materiales, técnicas y elementos decorativos, el estilo mudéjar refleja la influencia islámica en un contexto cristiano, creando una estética única y distintiva.

Los ejemplos de arquitectura mudéjar en Jerez, como la Iglesia de San Dionisio, la Iglesia de San Mateo y el Alcázar, entre otros, son fundamentales para entender la evolución arquitectónica y cultural de la ciudad. Estos edificios no solo representan un legado histórico, sino que también continúan siendo una fuente de inspiración y orgullo para los habitantes de Jerez.

La preservación y valorización de la arquitectura mudéjar es esencial para mantener viva la memoria de este periodo de la historia y para seguir promoviendo el entendimiento y la apreciación de la diversidad cultural que caracteriza a Andalucía y a España en su conjunto.

miércoles, 19 de junio de 2024

Denuncia de acoso

Pipo Lobo, Pipa Loba, Flora Loles, Juni de Juan, Bruni Carla, Manuela MacRoury... El último, de hoy mismo, es "La doctora con bigote". Son los seudónimos que utiliza la persona que lleva años acosándonos a través de las redes a varios historiadores e historiadores del arte en Jerez. El perfil ya ha sido borrado, pero he guardado estas imágenes no solo como denuncia pública, sino también para que sirvan de testimonio ante la denuncia que mañana por la mañana voy a poner en la Policía Nacional. Esto se acabó. 

 

 



 


PS: la denuncia ya está puesta.



martes, 12 de diciembre de 2023

Gótico y Mudéjar en Jerez de la Frontera (1264-1464)

Esta comunicación la presenté, a través de streaming, en el XV Simposio Internacional de Mudejarismo, que se desarrolló en Teruel los días 7 y 8 de octubre de 2021. Acaba de ver la luz en las actas, publicadas por el Centro de Estudios Mudéjares del Instituto de Estudios Turolenses (pp. 285.294).

Aunque su carácter es el de mera síntesis de lo que en los últimos años se ha avanzado sobre el tema en cuestión, me siento particularmente satisfecho de haber realizado esta contribución toda vez que, al aparecer dentro de este marco científico, contribuye a "poner en el mapa" del mudéjar a las realizaciones del medievo jerezano, hasta ahora sistemáticamente ignoradas a nivel nacional y solo parcialmente atendidas en sus síntesis por algunos investigadores andaluces. Excepción sería la Torre de la Atalaya de San Dionisio, quizá por haber recibido en su momento un epígrafe propio en la formidable y todavía hoy referencial Arquitectura mudéjar sevillana de los siglos XIII, XIV y XV de Diego Angulo Íñiguez.

A nivel personal, esta comunicación tiene otro significado: ser consecuencia directa, a manera de respuesta, a aquella visita que en 1992 tuve la ocasión de realizar a algunas iglesias de Jerez acompañando a mi admiradísimo D. Gonzalo Borrás Gualís (1940-2019), precisamente el homenajeado en esta edición del Simposio. Quien de una manera u otra ha sido maestro de todos en este tema fascinante, se marchó diciendo –recuerdo a la perfección sus palabras en el taxi– que en esta ciudad no había mudéjar. Creo que se equivocaba.

Dos avisos. Uno, que el número muy limitado de imágenes que me admitían me condujo a seleccionar aquellas que me parecían significativas dentro de las menos divulgadas por la bibliografía: eso es lo que me ha hecho prescindir de San Dionisio. Las tres primeras fotografías son obra de José Luis Lozano y han sido publicadas con su autoría y permiso. Segundo, que no nos pasaron prueba de imprenta alguna. De haber ocurrido lo contrario, hubiera corregido un grave error gramatical cometido por mi parte al hacer, en la entrega del manuscrito, un cambio a ultima hora.

Puntualizar, finalmente, la seriedad que he procurado mantener en una bibliografía en la que están representadas todas las aportaciones científicas que sobre la arquitectura religiosa medieval jerezana se han ido realizando durante las últimas décadas, citando a todos y cada uno de los investigadores que han dedicado su tiempo y esfuerzo a este tema. Y lo he hecho haciendo caso omiso de la circunstancia de que alguno de ellos, probablemente aconsejado por algún otro colega, ha decidido no hacer lo mismo con mis propias investigaciones. Me refiero concretamente a David Caramazana Malía, que en sus dos últimas publicaciones científicas omite por completo mis publicaciones aun siendo consciente de que es imperativo en el método científico hacer explícita al lector la existencia de investigaciones recientes que son paralelas a las que uno esta presentando, bien sea complementándolas, bien sea contradiciéndolas –en este caso es lo primero, no hay entre nosotros enfrentamiento interpretativo alguno–. Siempre es necesario ponerle al lector todas las cartas sobre la mesa y permitir que este contraste las diferentes aportaciones, enriquezca sus conocimientos y tenga noticias de otras vías de investigación. Hacer lo contrario demuestra, además de nulo respeto por lo que hacen otros compañeros, muy escaso rigor en el método y poco nivel de autoexigencia.

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En marzo de 1992 tuvimos el honor de ser uno de los alumnos que acompañaron a D. Gonzalo M. Borrás Gualis en un recorrido por algunas de las iglesias medievales de Jerez de la Frontera (Cádiz). “Aquí no hay mudéjar, salvo quizás en San Dionisio. Lo que abunda es gótico del XVI”, terminó dictaminando. Si nuestro admirado especialista hubiera podido realizar una visita más extensa, conocer los resultados de las aportaciones de estos últimos años y contemplar los restos pictóricos que han ido apareciendo en fechas muy recientes, quizá se hubiera replanteado una afirmación que, en aquel momento y a modo de desafío, sirvió para estimular nuestros propios intereses en el campo de la investigación. El profesor Borrás valoró con acierto la gran explosión de tardogótico que se conoce en la zona gracias a la irradiación de las formas de la catedral de Sevilla a partir de los años sesenta del siglo XV, pero hay testimonios de una importante actividad constructiva anterior en la que determinados modelos del gótico del siglo XIII en la Corona de Castilla, que se mantienen de manera inercial mientras se van incorporando novedades como los terceletes y –con ellos– las bóvedas estrelladas, se entremezclan con no pocos componentes de raigambre andalusí.

San Juan de los Caballeros. Capilla de la Jura.

Hablamos de templos, ábsides, capillas, portadas, torres y elementos dispersos a los que, aun siendo conscientes de la polémica que genera tan resbaladiza etiqueta, hemos querido agrupar bajo la denominación de “gótico-mudéjar”. Pronto nos topamos con las insuficiencias de la historiografía a la hora de establecer una periodización, de encontrar referentes y de realizar interpretaciones. El estudio parcial realizado por Diego Angulo[1], el esquema general esbozado por Manuel Esteve[2] y las aportaciones puntuales de Rafael Cómez[3] y Basilio Pavón[4] no terminaban de encajar entre sí, mientras que la tesis doctoral de Carlos García Peña apenas presentaba ideas novedosas[5]. Por ello mismo lanzamos hace ya más de dos décadas propuestas que invitaban a realizar un replanteamiento de la arquitectura religiosa jerezana en los dos siglos posteriores la conquista[6], al tiempo que recuperábamos aportaciones tan imprescindibles como la Introducción al estudio de la arquitectura en Jerez de Hipólito Sancho de Sopranis[7]. Decisivos hallazgos documentales terminaron de abrir un camino que varios investigadores hemos seguido hasta configurar una visión renovada de este núcleo arquitectónico. Una visión que, desde un punto de vista distinto al de la Historia del Arte, ha sido validada y ampliada por la tesis doctoral del arquitecto José María Guerrero Vega[8].

Para avanzar por este sendero lo primero que hemos tenido que hacer es enfrentarnos a un “nudo gordiano” en el que se habían enredado todas las argumentaciones en torno a la cronología de las edificaciones y a los vínculos entre ellas. Había elementos que parecían apuntar hacia fechas tempranas, y no era infrecuente entre la historiografía local –incluyendo al propio Hipólito Sancho– que se escribiera sobre la existencia de románico en Jerez. Otros correspondían ya al mundo tardogótico, pese a aparecer entremezclados con lo que hemos llamado gótico-mudéjar; es el caso de la portada occidental de Nuestra Señora de la O de Sanlúcar de Barrameda, que con acierto Diego Angulo vinculó a la Torre de la Atalaya jerezana[9] y más tarde un confundido Sancho quiso interpretar proponiendo dos fases en su realización que nunca fueron tal[10]. Lo que más desconcertaba era la presencia de terceletes para generar –en capillas y en cabeceras de iglesias– bóvedas estrelladas. El mismo Borrás nos insistía en que a todas ellas les correspondía una fecha avanzada pese a aparecer asociadas a dientes de sierra, puntas de diamante –“el Maestro de las Puntas de Diamante”, llegó a bromear–, columnillas suspendidas a media altura y otras fórmulas que nos llevaban un par de siglos hacia atrás. El “nudo” fue roto gracias a un documento que demostraba que la Capilla de la Jura de San Juan de los Caballeros estaba conociendo su finalización en 1404[11]. Los estudios paramentales realizados a raíz de su restauración han confirmado que su bóveda estrellada es la original[12] y que, por ende, los maestros que trabajan en esta ciudad y su entorno utilizan la fórmula del tercelete mucho antes de que esta se difunda por el Valle del Guadalquivir. El enredo no partía sino de la suposición de que en un centro presuntamente menor como Jerez de la Frontera no podían aparecer esas fórmulas u otras –por ejemplo, los arcos conopiales– antes que en la capital de la archidiócesis. Superado ese prejuicio, las piezas del puzle empezaron a ir encajando hasta conformar el panorama que en las siguientes líneas vamos a intentar esbozar.

El estado actual de la investigación descarta la existencia de grandes realizaciones en tiempos del Rey Sabio. La conquista –1264 según la tradición, 1266 o 1267 tras las últimas investigaciones[13]– y el posterior proceso de repartimiento vaciaron la antigua Sharis de toda su población musulmana y la volvieron a poblar con personas llegadas de Castilla (54% del total), de León (30%), de Aragón (7%), de Navarra, de Portugal y hasta de allende los Pirineos, incluyendo una judería de mediano tamaño y una cierta cantidad –veinticinco, uno de ellos albañil– de “moros del rey”. Seis collaciones se crearon para articular social y religiosamente la urbe: la Colegiata de San Salvador, San Dionisio y una parroquia dedicada a cada uno de los cuatro evangelistas[14]. Muy probablemente los primeros templos no fueron sino edificios islámicos reutilizados, como sabemos que se hizo en los conventos de Santo Domingo y San Francisco cuando los frailes mendicantes se instalaron frente a sendas puertas de la muralla almohade[15]. La vinculación que señalara Rafael Cómez de las iglesias de San Dionisio y San Lucas con el mundo alfonsí[16] solo se puede mantener para algunos ábsides y portadas, en modo alguno para la globalidad de los templos ni para sus elementos mudéjares. Su atribución al monarca de las Cantigas de la bóveda esquifada del oratorio islámico del alcázar ya fue descartada por Alfonso Jiménez[17], autor al que le hemos leído la –a nuestro entender– más certera definición de la arquitectura de la zona gaditana en tiempos de Alfonso X: “mediocres arreglos y adaptaciones de edificios anteriores”[18]. Un análisis minucioso del ábside del lado del Evangelio de San Dionisio, certeramente relacionado por Cómez con la parroquia trianera de Santa Ana[19], deja en evidencia semejante circunstancia[20]. Los lienzos murales de la primitiva capilla mayor de San Marcos que se conservan embutidos dentro de la obra tardogótica enlazan –por el diseño decorativo de sus ventanas– con el maestro del primer San Dionisio, y suponen otro testimonio de ese gótico jerezano en su etapa inicial[21].

La precariedad de la repoblación, condicionada por la cercanía de la frontera y por las razias musulmanas, limitaría toda actividad constructiva en Jerez. Los arranques de algunos proyectos de cierta envergadura –una sola nave abovedada para San Marcos– se ven frustrados[22], y las mezquitas se mantienen en pie más tiempo de lo previsto: nada que ver con el importante conjunto de templos parroquiales que se levantan en Córdoba y Sevilla. Se empieza a hacer uso, eso sí, de la fórmula qubba para las capillas funerarias: es el caso de la de los Villacreces en San Mateo[23].

La Batalla del Salado y la conquista de Algeciras, en 1340 y 1344 respectivamente, alejarían la amenaza de los meriníes, mientras que con el reinado de Pedro I de Castilla comenzaba una etapa de relaciones relativamente pacíficas con el sultanato de Granada. Es el momento en el que Jerez puede asentar de manera definitiva su población y conocer la consolidación de un patriciado urbano. Todo ello implica la necesidad de renovar los viejos oratorios islámicos reutilizados como iglesias, así como de erigir espacios privilegiados que materialicen la idea que la oligarquía quiere para sí misma. Una oligarquía que, como la propia corona castellana, considera las formas artísticas mudéjares por completo apropiadas para la externalización del prestigio social, sin por ello dejar de estar atenta a las novedades que se van conociendo en otras latitudes.

En este sentido, resulta revelador el testimonio de Don Lorenzo Fernández de Villavicencio. En su testamento dictado en 1433, el caballero jerezano manda colocar “en la frontera delante del altar maior” de la iglesia de San Juan de los Caballeros, para dar lustre al espacio que acogería su propia sepultura, una “obra e labor de azulejos”, obvia referencia a un zócalo de alicatados como el que hoy se conserva en la capilla mayor de San Marcos; de estos últimos escribe Basilio Pavón que “pueden compararse por su vistosidad y lo original de sus tramas geométricas con los más selectos de la Alhambra y del Alcázar de Sevilla”[24]. Al mismo tiempo, las dos laudas sepulcrales que en San Juan se conservan, una para Don Lorenzo y su esposa Juana Fernández Zacarías "la Dueña" y otra para el hijo de ambos, el malogrado Giraldo Gil Zacarías, son obras importadas desde Flandes[25], lo que pone de manifiesto tanto el desprejuiciado bilingüismo artístico en que se movían las élites locales como la capacidad económica para disponer de obras de calidad llegadas tanto desde el otro lado de la frontera como de allende los mares.

Aunque no debemos desdeñar el peso de la tradición local ni –menos aún­– el papel desempeñado por la probable llegada de alarifes y artesanos desde el sultanato nazarí, pensamos que el protagonismo en este gran impulso arquitectónico que se va a extender hasta los años sesenta del siglo XV, el que calificamos bajo la etiqueta de gótico-mudéjar, lo van a ejercer un taller llegado desde Córdoba. Pero no hablamos del “maestro de 1248” –presuntamente formado en Las Huelgas y Burgos– del que hablaba Rafael Cómez[26], sino de personas experimentadas en el corte de la piedra –escasa en Sevilla, abundante en Jerez merced a la calcarenita de la vecina Sierra de San Cristóbal– que conocía y había participado en la evolución del gótico en aquella ciudad. Una evolución que conducía desde la relativa ortodoxia de las primeras realizaciones –gótico castellano del XIII adaptado a las necesidades y circunstancias locales– hacia una sintaxis heterodoxa de un vocabulario en el que los antiguos dientes de sierra –evolución de una simple moldura en zigzag– y las no menos clásicas puntas de diamante –transformación castellana de los dog teeth del Early English[27]– van a combinarse de manera creativa con angrelados –cintas lobuladas entrecruzadas–, alfices de entrelazo que llegan a ocupar las albanegas, racimos de mocárabes y otras formas llegadas desde el mundo granadino a partir de las intervenciones de Enrique II en la mezquita-catedral –Capilla Real, Puerta del Perdón–[28].

La primera obra conservada de este taller es la monumental capilla mayor de San Juan de los Caballeros. Independientemente de que podamos algún día confirmar nuestra hipótesis de que esta fue un encargo del anteriormente citado Lorenzo Fernández de Villavicencio, las concomitancias con la capilla mayor de la Real Colegiata de San Hipólito de Córdoba –cubierta en algún momento indeterminado de la segunda mitad del siglo XIV– son evidentes: en los dos casos se hace algo tan insólito como es ornar la totalidad de los nervios con dientes de sierra[29].

Poco después de la finalización de esta empresa, se aprovechan dos de sus estribos para edificar la Capilla de los Tocino, vulgo “de la Jura”, que el maestro Fernán García y su sobrino Diego Fernández estaban finalizando en 1404. El recinto posee planta cuadrada, se levanta en cantería y se cubre con una bóveda estrellada cuyos plementos son de ladrillo y se encuentran revestidos de una decoración pictórica de ataurique recientemente recuperada. Los nervios descansan sobre seis columnillas suspendidas con capiteles fitomorfos. El arcosolio que se abre a Oriente se enmarca por un alfiz quebrado trazado con unas lacerías que se extienden para rodear todo el arco. En las esquinas, cuatro trompas de arista viva de tradición islámica terminan de evidenciar no solo el equilibrio entre los componentes cristianos y andalusíes, sino también que este recinto puede interpretarse como el primer ejemplo documentado de esa fusión entre la forma qubba y la bóveda estrellada que, estudiada por el profesor Ruiz Souza[30], se produce en la Corona de Castilla al final del medievo.

Real Convento de Santo Domingo. Capilla Mayor.


El uso de los terceletes para generar formas estrelladas en esta capilla de San Juan de los Caballeros resulta, por otra parte, anterior a los ejemplos que conocemos en Sevilla: la sacristía de la Cartuja de las Cuevas es algo posterior a esta obra[31], como también la capilla mayor del Convento de Santiago de la Espada. En uno y otro cenobio hay elementos suficientes como para verificar la presencia de maestros procedentes de Jerez: dado que en la capital de la archidiócesis la tradición arquitectónica se había interrumpido, y toda vez que Isambaert y Carlín no habían hecho todavía acto de presencia para el proyecto de la Magna Hispalensis, si se quería levantar obras de cierto empaque había que acudir allí donde había talleres en plena actividad. Recientemente David Caramazana ha estudiado cómo Diego Fernández trabaja durante un tiempo en Sevilla, donde llegará tomar contacto con Isambaert, y con ello ha propuesto la existencia de “una única personalidad creativa trabajando para la élite civil y eclesiástica de ambas ciudades (Jerez y Sevilla) entre 1386 y 1437”[32]. Coincidiendo con esta interpretación, no nos parece disparatado ver su mano en las obras hispalenses citadas.

Alonso Benítez es otro sobrino de Fernán García, a quien sustituyó en la alcaldía del alarifazgo jerezano en 1433[33]. Continuó desempeñando el cargo hasta 1464, y a él nos atrevemos a atribuirle las grandes reformas de las parroquias de San Dionisio y San Lucas –todavía enmascarada por yesos barrocos la segunda, discutiblemente intervenida la primera–, así como Nuestra Señora de la O de Sanlúcar de Barrameda, todas ellas iglesias de tres naves que, de manera por completo inusual en tierras andaluzas, se deciden por ornamentar la rosca de los formeros. Lo hacen con angrelados, trilóbulos y puntas de diamante respectivamente, evidenciando el triple vínculo de este taller jerezano: con el mundo andalusí, con las novedades del tardogótico y con la antigua tradición castellana. En San Dionisio la creatividad se desbordará a la hora de ornamentar: los pilares con gruesos baquetones entrelazados, los capiteles con mocárabes y diversas lacerías. El conjunto se completa con la culminación a mediados de siglo de la Torre de la Atalaya con vistas a ubicar en ella el primer reloj mecánico de ciudad[34]. Aunque sea iniciativa municipal, la identidad de sus formas con las del templo salta a la vista. También lo hace la diversidad de su vocabulario: netamente mudéjar –y de apreciable exuberancia en uso del entrelazo– para el cuerpo inferior, tardogótico –arcos conopiales, cardinas, trilóbulos– para el superior. Elementos todos ellos entremezclados en la portada de la citada iglesia sanluqueña, en la que la adición de paños de sebka, canecillos y emblemas heráldicos vuelve a dejar claro tanto el carácter creativo de los maestros como la desprejuiciada sensibilidad –desde los resabios del románico hasta las formas flamígeras, pasando por la herencia andalusí– de los comitentes.

La originalidad de estos maestros queda igualmente de manifiesto en la capilla bautismal de San Marcos, una qubba cubierta por una cúpula gallonada que remite a las que hay en la Alhambra, dos en la Puerta de las Armas –primitivo acceso desde la ciudad– y otra en la conocida como puerta de la Rauda, pero que pudiera quizá contar con algún referente más cercano; la ubicación de un merlón escalonado en el interior de cada uno de los gallones no conoce paralelo alguno.

San Marcos. Zócalo de alicatado.

A partir de los años treinta del Cuatrocientos se comienza a levantar la nueva gran nave del Real Convento de Santo Domingo, en la que se imponen visualmente los dientes de sierra revistiendo todas las nervaduras y el largo espinazo –lejana herencia burgalesa– que va uniendo las claves. Columnillas suspendidas para que descansen los nervios, largas hileras de puntas de diamante uniendo sus capiteles, mocárabes colgando de las claves, angrelados en los arcos formaletes, terceletes para trazar un diseño estrellado en la cabecera y trompas de arista viva en los ángulos conforman una particular sintaxis que se va a repetir en diferentes capillas jerezanas: la de los Suárez de Toledo y la bautismal de San Mateo, la de Lorenzo Fernández de Villavicencio hijo en San Lucas, la de los Zarzana en San Juan –rehecha a finales del siglo XIX– la de la Paz en Santiago. Todas ellas debieron de levantarse en las décadas centrales de la centuria[35], lo mismo que la capilla mayor de la parroquia del Divino Salvador de Vejer de la Frontera, obra jerezana que rivaliza en la complejidad de sus bóvedas con el presbiterio de Santo Domingo[36].

A lo largo de los últimos años se han ido descubriendo una serie de restos pictóricos tanto en bóvedas –capilla bautismal en San Mateo, Villavicencio en San Lucas y de la Jura en San Juan, presbiterio de la iglesia vejeriega– como en zócalos –detrás del retablo mayor de San Marcos– que se corresponden con lo que Carmen Rallo Gruss denomina “pintura mudéjar” o “de lo morisco”[37], pero combinados con retablos pictóricos de corte italianizante como el que aún se conserva en Santa María de Arcos de la Frontera, cuya fábrica tardogótica reaprovecha los paños de una capilla mayor que había sido levantada por los maestros que habían trabajado en Santo Domingo. Tanto en San Marcos de Jerez como en Nuestra Señora de la O de Sanlúcar de Barrameda se han conservado fragmentos de nimbos que delatan la existencia de retablos similares[38].

 

Sanlúcar de Barrameda. Nuestra Señora de la O. Portada Occidental.


La utilización de yeserías con diseños mudéjares y epigrafia no exenta de errores ortográficos[39] completa un panorama en el que formas arcaizantes y formas renovadoras, tradiciones del mundo cristiano y herencias del mundo andalusí, nos hablan de un taller cuyo eclecticismo va acompañado de una gran habilidad a la hora de combinar los modelos a su disposición. Un taller que va a dinamizar el panorama arquitectónico del Bajo Guadalquivir en un periodo en el que la tradición local se encuentra estancada, y que llega incluso a adelantarse con respecto al resto del territorio andaluz a la hora de jugar con elementos como son las formas flamígeras y, sobre todo, el diseño de bóvedas con terceletes. Pero la erección de la Magna Hispalensis no tardará en hacerse notar: en los años sesenta del siglo XV, la llegada a la alcaldía del alarifazgo de Alonso Rodríguez “el viejo” y el arranque de las obras de la Cartuja de la Defensión y la parroquia de San Miguel borrará toda huella mudéjar de la arquitectura religiosa –no así de la civil– y supondrá el triunfo rotundo, incuestionable y duradero del tardogótico.

 

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[1] D. ANGULO ÍÑIGUEZ, Arquitectura mudéjar sevillana de los siglos XII, XIV y XV, Sevilla, 1932.

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[8] J.M. GUERRERO VEGA, Espacio y construcción en la arquitectura religiosa medieval de Jerez de la Frontera (s. XIII-XV), Universidad de Sevilla, 2019.

[9] D. Angulo, op. cit., pp. 160-162.

[10] H. Sancho de Sopranis, «Un monumento mudéjar poco conocido de la Baja Andalucía: Santa María de la O de Sanlúcar de Barrameda», Mauritania, 184, 1943, pp. 75-79.

[11] J. Jácome González y J. Antón Portillo, «La Capilla ‘de la Jura’, de San Juan de los Caballeros, de Jerez de la Frontera: entre la épica y la realidad histórica», Revista de Historia de Jerez, 13, 2007, pp. 183-212.

[12] J.M. Guerrero Vega, op. cit., pp. 274 y ss.

[13] J.E. O’Callaghan, El rey Sabio, El Reinado de Alfonso X de Castilla, Sevilla, Universidad de Sevilla, 1996, pp. 225 y ss. M.A. Borrego Soto, La revuelta mudéjar y la conquista cristiana de Jerez (1261-1267), Jerez de la Frontera, PeripeciasLibros, 2016.

[14] Para todo lo referente a las circunstancias de la repoblación, M. González Jiménez y M. González Gómez, El libro del Repartimiento de Jerez de la Frontera, estudio y edición, Cádiz, Instituto de Estudios Gaditanos, Diputación Provincial de Cádiz, 1980.

[15] F. López Vargas-Machuca, «Un ejemplo de reutilización y asimilación de la arquitectura almohade: la iglesia del Convento de Santo Domingo de Jerez de la Frontera», El Mediterráneo y el Arte Español. Actas del XI congreso del CEHA (Valencia. Septiembre 1996), Valencia, 1998, pp. 27-30.

[16] R. Cómez, op. cit., pp. 113 y ss.

[17] A. Jiménez Martín, «Arquitectura gaditana de época alfonsí», en Cádiz en el siglo XIII, Jornadas conmemorativas del VIII centenario de la muerte de Alfonso X el Sabio, Cádiz, Universidad de Cádiz-Diputación Provincial de Cádiz, 1983, pp. 135-159.

[18] Ibidem.

[19] R. Cómez, op. cit., p. 117.

[20] F. López Vargas-Machuca, «En torno a la arquitectura gótica andaluza en el siglo XIII: el caso de Jerez de la Frontera», en M. González Jiménez (coord.), Sevilla 1248. Actas del Congreso Internacional Conmemorativo del 750 Aniversario de la Conquista de la Ciudad de Sevilla por Fernando III, Rey de Castilla y León (Sevilla, 1998), Sevilla, Centro de Estudios Ramón Areces, 2000, pp. 949-960.

[21] F. López Vargas-Machuca, «Una dovela de la primitiva capilla mayor de San Dionisio», Revista de Historia de Jerez, 20-21, 2017-2018, pp. 243-250.

[22] J.M. Guerrero, op. cit., pp. 84 y ss.

[23] J.M. Guerrero, op. cit., pp. 206 y ss.

[24] B. Pavón, op. cit., pp. 21 y 22.

[25] D. Caramazana Malia y M. Romero Bejarano, «Nuevos datos de la escultura funeraria en Jerez de la Frontera durante la Baja Edad Media. Las laudas flamencas de San Juan de los Caballeros», Estudios sobre patrimonio, cultura y ciencias medievales, 8, 2016, pp. 195-218.

[26] R. Cómez, op. cit., pp. 92 y ss.

[27] F. López, “Una dovela…”, op. cit.

[28] F. López Vargas-Machuca, «Reflexiones sobre la llegada del gótico a Jerez y sus vínculos con Córdoba», Revista de Historia de Jerez, 18, 2016, pp. 41-82.

[29] Ibidem.

[30] J.C. Ruiz Souza, «La planta centralizada en la Castilla bajomedieval: entre la tradición martirial y la qubba islámica. Un nuevo capítulo de particularismo hispano», Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte, 13, 2001, pp. 9-36.

[31] A.J. Morales Martínez, «Proceso histórico y desarrollo arquitectónico de la Cartuja de Santa María de las Cuevas», en Historia de la Cartuja de Sevilla, Sevilla, Turner, 1989, pp. 161-177.

[32] D. Caramazana Malia, «Diego Fernández y Jehan Ysambart en el origen de la catedral gótica de Sevilla (1433-1434)», Boletín de Arte, 41, 2020, pp. 265-268.

[33] M. Romero Bejarano, y R. Romero Medina, «Un lugar llamado Jerez. El maestro Alonso Rodríguez y sus vínculos familiares y profesionales en el contexto de la arquitectura del tardogótico de Jerez de la Frontera», en Jiménez Martín, A. (ed.) La Catedral después de Carlín, XVII edición del Aula Hernán Ruiz, Sevilla, Catedral de Sevilla, 2010, pp. 174-288.

[34] M. Romero Bejarano, La arquitectura militar en Jerez durante el siglo XVI, Jerez de la Frontera, Ayuntamiento de Jerez de la Frontera, 2008.

[35] F. López Vargas-Machuca, «San Mateo en la Edad Media: propuestas interpretativas», en Jiménez López de Eguileta, J. (ed.), La parroquia de San Mateo de Jerez de la Frontera. Historia, Arte y Arquitectura, Murcia, Universidad de Murcia, 2017, pp. 193-241.

[36] F. López Vargas-Machuca, «La irradiación del gótico-mudéjar jerezano: el Divino Salvador de Vejer de la Frontera», en F. Pérez Mulet, (dir.) y F. Aroca Vicenti, (coord.), Nuevas aportaciones a la Historia del Arte en Jerez de la Frontera y su entorno, Actas Historia y Arte, Cádiz, Editorial UCA, 2016, pp. 17-48.

[37] C. Rallo Gruss, Aportaciones a la técnica y estilística de la pintura mural en Castilla a final de la Edad Media. Tradición e influencia islámica, Madrid, Fundación Universitaria Española, 2002.

[38] F. López Vargas-Machuca, «Fragmento de pintura mural gótico-mudéjar», La Pieza del Mes, septiembre de 2019, Museo Arqueológico Municipal de Jerez / Asociación de Amigos del Museo, https://www.jerez.es/fileadmin/Image_Archive/Museo/Pintura_Mural_Gotico_Mudejar.pdf

[39] M. A. Borrego Soto, «Dintel o jamba decorada, Iglesia de San Dionisio», La Pieza del Mes, mayo de 2021, Museo Arqueológico Municipal de Jerez / Asociación de Amigos del Museo, https://www.jerez.es/fileadmin/Image_Archive/Museo/Jamba_o_Dintel_San_Dionisio_1.pdf