Ya he escrito, por activa y por pasiva, del morabito -qubba islámica que debió de servir de entierro de alguna persona relevante- que se encontraba frente a la Puerta de Sevilla de Jerez de la Frontera, reutilizado por la comunidad de frailes dominicos como cabecera de su primer templo. Dicho edículo, "en forma de fortaleza con sus almenas", se encontraba situada según el Padre Fray Esteban Rallón frente por frente a la Capilla de la Virgen de Consolación y dando al Llano de San Sebastián, lo que significa que se alzaba justo donde hoy se sitúa la puerta de la iglesia del Real Convento de Santo Domingo que da a la Alameda Cristina: las célebres vistas de Jerez dibujadas por Anton van den Wyngaerde en 1567 confirman que se alzaba justo allí, donde Rallón afirmaba. Por tanto, la qubba se encontraba vecina de la fortaleza cuyos restos aparecieron bajo la piel del gran claustro gótico ("Los claustros") del conjunto que perteneció a los Predicadores, lo que nos ha hecho plantear la posibilidad -sin seguridad alguna, sigue siendo hipótesis de trabajo- de que el conjunto de huertas y "casas para alfaquíes" del que hablaba el citado historiador pudiera ser en realidad un ribat estratégicamente situado en la puerta principal de la ciudad. En cualquier caso, la ubicación de morabitos vecinos a las murallas y puertas no es algo infrecuente en el mundo almohade, así que no debe extrañar que la ocupación cristiana de las ciudades andalusíes viniera seguida inmediatamente de la transformación de esos pequeños edificios en espacios de culto.
Queremos ahora interrogarnos acerca de la posibilidad de que algo parecido ocurriera frente a otra de las grandes puertas de lo que fue Sharis, la de Santiago, atendiendo al problema de la primera iglesia dedicada al citado apóstol y a la Capilla de la Paz que se encontraba asociada a la misma.
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| Jerez de la Frontera. Parroquia de Santiago. Actual Capilla de la Paz (probable de los Villavicencio, mediados siglo XV). |
La primera pista nos la daba en el siglo XVII el citado Rallón, haciéndonos saber que hizo el rey don Alfonso el Sabio “una capilla a nuestro apóstol y patrón Santiago, y en ella dio permisión para que se enterrasen los buenos hijuelos de Gonzalo Mateos”, y añadiendo una información de lo más sustanciosa (el subrayado es nuestro):
“El
sitio en que se edificó” (la iglesia de Santiago) era uno de los reductos que
en tiempos de moros estaban fuera de las puertas de la ciudad, y servían de
habitación de los adalides que guardaban la tierra y rondaban y guardaban de
noche la ciudad: la cual dedicó el rey para honrar en ella al apóstol Santiago,
como había dedicado el de la Puerta del Real para convento de San Francisco, y
el de la puerta de Sevilla, para el de Santo Domingo, quedó con título de
Capilla Real” (p. 140).
Nada nuevo, claro está: el texto es viejo conocido. Un
siglo más tarde completó la información Mesa Xinete haciendo referencia al privilegio
alfonsí de 1269 mediante el cual el Rey Sabio concedía dicha capilla al citado Gonzalo
Mateos y a sus hijos. Pero quien vino a complicarnos considerablemente las
cosas fue, allá por 1885, Luis de Grandallana en la primera y meritoria guía
monumental de la ciudad, afirmando que “Consta de un modo auténtico que dicho
Rey fundó y tituló de Santiago Apóstol una real Capilla que se unió al costado
de la primitiva ermita de la Paz”, de tal manera que ya en la decimocuarta
centuria “la obra del templo se comienza adosando la nueva construcción a la
Ermita o Capilla de la Paz, que estaba unida a la Real de Santiago”.
Más
adelante continuaba:
“Repetimos,
sí, que la Real Capilla de Santiago construida por D. Alonso X es tan antigua
como la reconquista de Jerez: pero bien entendido que solo la dicha Capilla a
la que se unieron las nuevas obras. De su unión a la de la Paz da prueba
patente el pilar que quedó abierto con la nueva fábrica: dicha Real Capilla que
forma hoy la Sacristía, queda incomunicada con la de la Paz”. (pp. 29-33).
Habida cuenta de que en la nave de la Epístola –justo a la derecha, según se entra– de la gran iglesia tardogótica que hoy sigue ejerciendo funciones parroquiales se abre una capilla cubierta con crucería con elementos mudéjares y –por ende– de cronología manifiestamente anterior, y que la referida capilla alberga una imagen renacentista precisamente bajo la advocación de Nuestra Señora de la Paz, no son pocos los historiadores que han difundido la creencia de que esta es, ni más ni menos, que la fundada por Alfonso X. Imaginen qué lío.
Para complicar más la cosa, el prestigioso
historiador del arte José María Azcárate, por algún desliz que no alcanzamos a
comprender, incluyó una foto de la bóveda gótico-mudéjar en el capítulo de lo
que él llama “arquitectura hispano-flamenca” en su altamente difundido libro sobre
Arte Gótico en España editado nada menos que en la colección de Manuales de
Arte Cátedra. Tiempo ha costado convencer al personal de que, en realidad, la
capilla que vemos es una obra de mediados del siglo XV. Muy similar a la de
Lorenzo Fernández de Villavicencio en San Lucas –remata su nave de la Epístola,
pero hoy se encuentra oculta por una bóveda barroca–, quien a ustedes se dirige
considera probable que perteneciera a este mismo linaje. No tiene que ver con
una arquitectura temprana, menos aún con lo “hispano-flamenco”, sino con el
gótico-mudéjar de los maestros que elevan la gran nave de Santo Domingo y otras
edificaciones de la ciudad.
Lo cierto es que en tiempos del Rey Sabio había una ermita de la Paz y una capilla de Santiago, esta última con espacios habilitados para enterramiento. Y que todo apunta a que la capilla dedicada al apóstol se encontraba justo al lado de lo que hoy conocemos como Capilla de la Paz, que obviamente no es la original sino un espacio funerario gótico-mudéjar construido a mediados del XV y mantenido en pie -razones había sobradas, por ser probable espacio funerario de nada menos que los Villavicencio- cuando en tiempos de los Reyes Católicos se inicia la gran iglesia nueva.
¿Cómo fueron entonces esa primitiva ermita de la Paz y Capilla de Santiago? Pensamos que, como en el caso de Santo Domingo, una simple qubba almohade del recinto del que hablaba Rallón bastaría inmediatamente después de la llegada de los castellanos para cumplir la función de ermita, y que nada más sencillo que realizar algunas adiciones a sus muros para tener a su lado una capilla dedicada a Santiago. Pudo incluso reutilizarse otro elemento del conjunto defensivo: recordemos que la concesión como enterramiento corresponde a 1269, fecha muy cercana a la de la de la definitiva conquista cristiana, así que difícilmente hubo tiempo ni medios para realizar alguna obra de cierta consideración. Por todo lo expuesto, queremos plantear la hipótesis de que en Santiago ocurriera algo parecido a lo de la Puerta de Sevilla: un conjunto defensivo con algún morabito con forma de qubba que, de manera tan improvisada como efectiva, pudiera servir a los nuevos moradores para habilitar espacios de culto.
No hace falta decir cómo se fueron desarrollando las cosas con posterioridad. Con el paso de los años, y siempre teniendo en cuenta las difíciles circunstancias del proceso repoblador, se iría generando un nuevo núcleo urbano que se vería consolidado con la fundación del Convento de la Merced. El desarrollo demográfico convertiría el arrabal en collación, y tanto ermita como capilla desaparecerían para dar paso a la actual fábrica tardogótica, pero conservando el espacio gótico-mudéjar de mediados del siglo XV que a esas primitivas construcciones se habría adicionado y que, con el paso del tiempo, recibiría en herencia el nombre de Capilla de la Paz para confusión de todos los que nos hemos dedicado a investigar en la historia de este conjunto artístico.
PD. Esto es un adelanto de un nuevo trabajo que está por llegar.

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