sábado, 7 de enero de 2012

El convento sevillano de Santiago de la Espada y sus enterramientos

 

Fernando LÓPEZ VARGAS-MACHUCA: "El convento sevillano de Santiago de la Espada y sus enterramientos", en Actas del congreso Las Órdenes Militares en la Península Ibérica (Ciudad Real, 1996), Cuenca, 2000, vol. I, págs. 231-253.

Este texto fue la primera publicación científica sobre temática histórico-artística que presenté tras la consecución de la Suficiencia Investigadora en la Universidad de Sevilla.

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El edificio del antiguo convento hispalense de Santiago de los Caballeros, habitualmente denominado Santiago de la Espada (c/ San Vicente, 102-104), es hoy sede del Monasterio de la Asunción, de religiosas mercedarias. A pesar de resultar escasamente conocido y de haber sido poco atendido por la historiografía, presenta notable interés desde el punto de vista histórico-artístico[1]. Ha sido objeto por mi parte de un trabajo monográfico de investigación, enmarcado en la tesis doctoral que bajo el título Espacios funerarios en la arquitectura bajomedieval sevillana me dirige el profesor D. Javier Martínez de Aguirre Aldaz[2]. En él, con la ayuda de la rica información que ofrecen los libros de visita conservados en el Archivo Histórico Nacional, se ha podido clarificar la identidad primitiva de cada uno de los restos del edificio medieval, y conocer el aspecto que entonces presentaba el interior de los mismos. Veremos ahora dicha identificación, y repararemos en el carácter en gran medida funerario de los diferentes recintos, haciendo relación de diversas noticias acerca de los numerosos e importantes enterramientos que albergaron.

 

1. Apuntes sobre su historia.

Relata Morgado cómo el Convento de Santiago de los Caballeros fue fundado por el maestre Lorenzo Suárez de Figueroa, en las casas que la orden santiaguista poseía merced a la donación realizada por Fernando III tras la conquista de Sevilla, cercanas a la laguna de la Alameda[3]. Así, el conjunto se va a hallar inserto en un entramado de calles rectilíneas que responde a la urbanización cristiana de un sector de la ciudad que en el momento inmediatamente posterior a la reconquista se encontraba poco poblado, y que fue el escogido para el establecimiento de las sedes de órdenes militares y algunos conventos, a saber: órdenes de San Juan, Calatrava y Santiago, y conventos de San Clemente y Santa Clara, cuya fundación se hallaba condicionada por el favor real[4].

lorenzo suarez de figueroa. monasterio de santiago de la espada. sevilla

Nos dice este autor que el convento se fundó en 1409. Esta fecha va a ser recogida por otros diversos autores hasta el siglo XIX, incluido Gestoso. Sin embargo, Matute acepta la fecha de 1405 que presenta la lápida moderna del sepulcro del fundador, y ésta va a aparecer en toda la bibliografía reciente a partir de Montoto[5]. Sea como sea, la bula papal para la fundación data de febrero de 1409, y en ella se concede permiso para "fundare & aedificare, ac instituere"[6].

Don Lorenzo Suárez de Figueroa fue una figura ilustre. Destacado participante en diversos acontecimientos bélicos, en 1387 obtuvo la dignidad de Gran Maestre de Santiago, orden a la que devolverá por un tiempo parte de su antiguo esplendor[7]. Las fuentes le destacan no sólo como guerrero, sino también como gran edificador:

“Apenas quedó lugar principal en la Orden en que no se labrase poco, o mucho, e en todas estas obras e edificios que él fizo, o en las más dellas, paresçen oy día los escudos de sus armas, en memoria de las él aver mandado fazer, i reparar, fueron puestas por las dichas torres, i adarves, i edificios. E mandó reparar i rehedificar en la dicha Orden muchas yglesias, i las capillas dellas, en las quales dió, y puso buenos orrnamentos con que se servían, e en algunas dellas, fueron puestas por su mandado algunas ymágenes de alabastro, que oy día paresçen.”[8]

Precisamente una de sus más destacadas realizaciones fue la fundación del convento que nos ocupa. La concesión de la mencionada bula por el papa Benedicto XIII no sólo le permitió edificar un convento "cum Ecclesia, Campanili, Campanis, Claustro, Refectorio, Cimiterio, Domibus & aliis necessariis officinis", donde ya había una capilla "cum certis altaribus", sino también crear un priorato que dependerá directamente del papado hasta el reinado de los Reyes Católicos[9]. A su vez, como nos dice Zúñiga, dejó comenzada para su sepultura "su iglesia primitiva, inmediata a la moderna, hoy arruinada"[10].

El maestre fallece en 1409, en Ocaña, a la edad de 65 años, siendo trasladado a Sevilla para su enterramiento[11]. Su cuerpo fue colocado "en medio del presbiterio con su bulto de mármol, recostado en una urna que sustentan leones, y a sus pies un perro que representa uno que tuvo el Maestre (...) llamado Amadis"[12]. Hoy se encuentra depositado en el panteón de sevillanos ilustres, bajo la iglesia de la Anunciación, a donde fue trasladado en el pasado siglo.

Hemos ahora de prestar atención a la siguiente afirmación de Zúñiga:


“La iglesia primitiva padeció ruina, la moderna es moderada, e ilústrala el sepulcro del famoso Benito Arias Montano”[13].

Si tenemos en cuenta que hacía constar que hubo una "iglesia primitiva, inmediata a la moderna", arruinada cuando él escribía los Anales..., que era la que el Maestre había destinado para su entierro, hemos de concluir que existieron dos iglesias de cronología diferente, una junto a la otra. En la más antigua -según Zúñiga- se habría pensado enterrar el fundador, y en la más reciente descansarían los huesos de Benito Arias Montano y de otros personajes que más adelante veremos. La cuestión reside en identificar la arquitectura que vemos hoy con las iglesias primitiva y moderna, ya que ninguno de los otros autores que han escrito sobre el convento -salvo Madrazo, que lo hace muy de pasada- ha mencionado esta duplicidad[14]. Más abajo volveremos sobre el asunto.

Tenemos pocos datos sobre la vida conventual a lo largo del siglo XV, pero un artículo del profesor Rodríguez Blanco nos arroja luz sobre diversos aspectos de la institución[15]. Gracias a él sabemos que no era precisamente mala la situación económica. Un nada desdeñable número de propiedades inmuebles en Sevilla, Huelva y El Condado, gran parte de ellas obtenidos por donaciones y limosnas, le proporcionaba mediante arrendamiento sustanciosos ingresos. Destaca con luz propia el cuantiosísimo legado realizado por Vasco Mosquera y su mujer Doña María en la segunda mitad del XV, por el que obtuvieron el privilegio de tener una capilla en el convento[16]. Vasco de Mosquera Moscoso, sobrino-nieto del Maestre, era comendador de la orden y señor de Torralba, señorío que obtuvo a través de su esposa Doña María de Quadros, hija de Ruy Díaz de Quadros (armador mayor de las armadas del Rey y veinticuatro de Sevilla)[17]. La capilla, como veremos, podemos identificarla con lo que hoy se conoce como sacristía.

Habrá que realizar otra identificación. Sabemos que las hermandades de la Soledad y del Gran Poder (las mismas que siglos más tarde compartirían sede en la parroquia de San Lorenzo) se encontraban en la segunda mitad del XVI en el convento de Santiago de los Caballeros. La primera estaba establecida aquí antes de 1568, y se fue antes de que finalizara 1575, mientras que la segunda se trasladó en 1588[18]. Concretamente residían en la denominada "capilla del Obispo", que se hallaba en la "nave del Obispo", como podemos leer en las capitulaciones de estancia en nuestro convento:

“Que la Hermandad (del Gran Poder) adorne a su costa la capilla del Obispo, donde tengan sus bienes y celebren fiestas y misas. El convento les dará lugar donde tengan sus bienes y objetos en el apartamiento de la iglesia que disfrutaba la hermandad de la Soledad mientras residió en este templo.”

“Que la Hermandad pueda llamar y hacer sus capítulos en la nave del obispo, donde está la capilla del mismo título que se les adjudica, con tal de que no los celebren mientras los religiosos estuvieren ni en las horas ni en las misas. Y si hiciera falta se les de en esas horas sitio en el claustro.”[19]

La devota imagen de la Virgen de la Soledad, probablemente la misma que hoy procesiona cerrando el Sábado Santo, recibió allí la visita de personalidades tan ilustres como Felipe II, que acudió a venerarla durante su visita a Sevilla, en mayo de 1570[20]. Cuando se marchó esta hermandad, tal capilla pasó a ocuparla la del Gran Poder, que en 1582 terminaría también abandonando el convento, al parecer por motivos de convivencia con los frailes[21]. Después veremos que a esta capilla corresponden unos restos arquitectónicos al norte de la iglesia.

La iglesia va a ver modificada su fisonomía durante el transcurrir de los siglos. Así, diversas reformas durante la Edad Moderna ocultaron la decoración medieval de los paramentos y sustituyeron la armadura de madera que cubría el sector de los pies por una bóveda de medio cañón con lunetos, aun conservando hasta arriba los muros medievales, como ponen de manifiesto una larga inscripción -inédita- alusiva a los Reyes Católicos y un rosetón gótico hasta ahora por todos ignorado que sólo son visibles hoy accediendo al interior de las cubiertas[22].

En 1772 tuvo lugar un incendio que duró cuarenta y ocho horas y destruyó gran parte del convento, encargándose la corona de la reparación. No menos daño causó la invasión francesa: el edificio fue saqueado, se perdieron valiosas obras artísticas, y las tumbas fueron profanadas, resultando el sepulcro del Maestre seriamente deteriorado[23]. En 1835 la exclaustración hace que el inmueble sea destinado a usos ajenos a su función primitiva, y en 1844 un nuevo incendio termina de arruinar el sector residencial del convento[24].

Probablemente el edificio hubiera terminado engrosando la extensa lista de destrucciones del patrimonio artístico si no hubiera sido por la afortunada intervención de José Gestoso, que en 1893 presenta ante el arzobispo a este inmueble como el más adecuado para albergar a las religiosas mercedarias que en 1868 habían sido expulsadas de su convento de la Asunción. Las obras de restauración, supervisadas por el propio historiador, han permitido que llegue hasta nuestros días en aceptable estado de conservación. Además, la eliminación de los adornos barrocos permitió el descubrimiento de los adornos tallados en piedra que exhibía la mitad oriental del edificio en su origen, cuya morfología ha llevado a calificar al mismo de "mudéjar"[25].

En 1895 llegan por fin las mercedarias, que aquí van a residir y a crear un colegio. Se desarrolla así una etapa tranquila para el inmueble que ojalá perdure por muchos años.

 

2. Identificación de los espacios cultuales.

Sólo restan de tiempos medievales dos espacios, más los restos de un tercero, ocupando el sector septentrional de todo el conjunto. Se trata de una iglesia de una nave flanqueada por dos construcciones. Al sur, un amplio recinto abovedado mediante crucería, abierto totalmente por su flanco occidental, que hoy funciona como sacristía. Al norte, en un patio exterior, los escasos restos de otro, de dimensiones parecidas al anterior, pero de realización más tosca. A ellos hay que sumar -en principio- una estancia de planta rectangular, al este de la actual sacristía, que se abre al ábside de la iglesia y es utilizada desde hace pocas décadas como coro.

La mayor parte de la bibliografía sólo había prestado atención al cuerpo oriental de la iglesia. Sólo en una ocasión se reparó en estos otros elementos, y se realizó un intento de identificar su función primitiva[26]. El resultado, por desgracia, no fue satisfactorio. Afortunadamente, los libros de visita conservados en el Archivo Histórico Nacional nos permiten conocer su identidad. Para ello, hemos de fijarnos con atención en su relato.

“Ay dos capillas en la dicha yglesia. Una, do está enterrado un obispo que fue de Badajoz, Don Lorenço Suares de Figueroa, que es a la mano yzquierda del altar mayor. A la otra parte otra capilla do está enterrado Vasco Mosquera.”[27] (1501)

“Tiene una yglesia de dos naues cubierta de madera de pino pintada y dorada en algunas partes.


Tiene más la dicha yglesia hazia el altar mayor dos capillas de bóueda sobre cruzería de piedra, con sus pinturas en ella dorada y otros colores. A estas capillas divide el cuerpo de la yglesia un arco toral en el qual está una rexa de palo pintada y encima della un crucifixo de bulto con San Juan y María. A los lados tienen estas dos capillas mayores dos capillas colaterales fechas de bóveda. La de la mano yzquierda tiene un altar y gradas de azulejos, y en medio della está un tunbo de piedra y yeso, y encima del un bulto de lo mismo, que dixeron que hera de Don Lorenço Suárez, obispo que fue de Badajoz, hijo del Maestre Don Lorenço Suárez.”[28] (1549)

“Y más adelante está otra capilla de cruzería en la qual está el altar mayor (...). Y dentro de esta capilla está una puerta por la qual se entra a la sachristía, que está a la mano derecha; y a la yzquierda está otra puerta por la qual se sube a la torre de dicha yglesia, en la cual están dos campanas” [29](1604).

De éstos sustanciosos textos se extraen las siguientes conclusiones:

-El templo tuvo dos naves paralelas independientes, claramente delimitadas, de las que hoy sólo queda una.

-Los restos al exterior del muro septentrional corresponden a la capilla en la que se enterraba el obispo de Badajoz. Se trata, por tanto, de la "capilla del Obispo" en la que, como vimos anteriormente, residieron temporalmente las hermandades de la Soledad y del Gran Poder, y que se hallaba en la "nave del Obispo". Así pues, resulta evidente que esta última era la nave desaparecida, que se encontraba al norte de la subsistente, y que tenía la capilla mencionada como cabecera[30].

-La actual sacristía, amplio recinto cubierto con crucería, era la denominada "capilla Mosquera", que como vimos correspondía al matrimonio formado por Vasco Mosquera y Doña María de Quadros.

-El espacio de planta rectangular, perpendicular al ábside, y abierto a éste por el lado de la epístola, que desde hace pocas décadas ejerce la función de coro, fue sin duda la sacristía medieval, hoy muy transformada, pues no quedan restos visibles del medievo.

Resulta difícil establecer una cronología precisa para cada una de estas construcciones medievales, pues el único dato seguro es que a finales del siglo XV se está levantando, costeado por los Reyes Católicos, el sector occidental de la actual iglesia[31]. En el trabajo de investigación ya mencionado abordé el tema con mayor detenimiento. En función del análisis morfológico y textual, señalé entonces la posibilidad de que la nave del obispo fuera en realidad la iglesia primitiva en la que se pensaría enterrar el maestre Lorenzo Suárez de Figueroa. Pocas décadas después se construiría -en un material lujoso para Sevilla: la piedra- una nueva y más grande iglesia, la que hoy se conserva, por lo que la mayoría de los sepulcros pasarían al ábside de la misma. Lo que no queda claro es quién o quiénes estarían detrás de esta nueva edificación, puesto que había de contarse con un importante caudal económico para costearla. Quizás teniendo en cuenta la finalidad en gran medida funeraria -y, por ende, de prestigio- de la iglesia y espacios adyacentes podamos acercarnos a la solución.

 

3. Enterramientos.

Vamos a ver ahora las noticias que poseemos acerca de los diversos enterramientos que se realizaron en cada uno de los espacios cultuales del convento, no sin antes realizar una breve descripción de los mismos. No nos detendremos en detallados análisis formales, ni repararemos en los ricos datos existentes acerca del ajuar y mobiliario litúrgico, pues ello rebasaría los límites de esta comunicación.

3.1. La iglesia.

En la actual iglesia, una sola nave muy alargada, pueden distinguirse dos partes. A Oriente se trata de una obra de muros pétreos, cubierta mediante crucería. A Occidente, por el contrario, nos encontramos con una nave cubierta con bóveda de medio cañón con lunetos que sustituye a una cubierta de madera. Ambos sectores presentaban una clara diferenciación, y no sólo en el material constructivo y la cubrición: ya vimos que una reja separaba el sector reservado a los frailes del de libre acceso para los fieles.

Existen dos arcos torales. En el más occidental se encontraba la reja mencionada. El más oriental divide en dos partes el sector construido en piedra. Al Oeste, un amplio espacio de planta cuadrangular cubierto por doble bóveda cuatripartita con espinazo, cuyos nervios reposan en ménsulas de mocárabes, que vamos a denominar "presbiterio". Al Este, un ábside de cinco paños cubierto de bóveda semiestrellada, también con espinazo, iluminado por seis ventanas distribuidas entre sus dos cuerpos; incluye una torrecilla construida en ladrillo, de planta cuadrangular, adosada al muro del evangelio. Pienso que toda esta estructura es el resultado de una peculiar combinación de fórmulas del gótico parroquial (el "grupo de 1356" del que hablara Angulo) y conventual sevillano, a la que se le añade una rica decoración tallada de raigambre gótica y almohade (puntas de diamante, angrelados, lacerías, arcos ciegos, piñas de mocárabes), policromada en su tiempo, que nos remite tanto a la tradición local hispalense como a los sorprendentes templos medievales de Jerez de la Frontera[32].

Tumba de don Lorenzo Suárez de Figueroa

Tenemos diversos testimonios sobre los enterramientos que la iglesia albergó. Sin duda el conjunto giraba en torno al sepulcro de Don Lorenzo Suárez de Figueroa, el único que hoy se conserva, si bien sólo el yacente, y muy deteriorado. La figura, de volumetría cilíndrica, se caracteriza por unas formas suaves y estilizadas. El rostro es de facciones redondeadas, cubriéndose la cabeza con un bonete adornado con una pequeña concha santiaguista. En la túnica -de largos y amplios pliegues paralelos- y en el manto aparece la cruz de Santiago. Porta una espada de gran longitud. A los pies aparece el perro, Amadís, con un ancho collar y un colgante circular en los que se repite el escudo de las cinco hojas de parra, emblema de los Figueroa. En el lateral de su izquierda velan por el difunto dos figurillas muy deterioradas (una de ellas parece un ángel), en las que hasta ahora nadie había reparado. Estilísticamente no desentona de las realizaciones propias del primer tercio del XV[33]. La documentación nos indica el lugar exacto donde estaba colocado:

“Y en el medio de la dicha capilla mayor, junto a las gradas del dicho altar mayor, está un tunbo fecho de alavastro, y sobre él una figura de lo mismo, y en el dicho tunbo lo dizen questá enterrado Don Lorenço Suárez, maestre que fue de la dicha horden.”[34]

Sin duda, para la comunidad del convento fue un honor albergar el sepulcro de quien fue no sólo su fundador, sino también una de las personalidades más destacadas de la historia de la Orden de Santiago.

Gestoso, durante las labores de restauración del edificio, se encontró con importantes vestigios de enterramientos:

“En el muro del lado de la epístola, divisorio de la espaciosa pieza que hoy sirve de sacristía, y en el grueso del muro que hubo que recalzar, encontróse un sepulcro adornado de tracerías y molduras de yeso, del cual hicimos sacar un vaciado que, conjuntamente con los antiguos escudos repetidos del apellido Saavedra, pueden verse en el Museo Arqueológico Municipal. En el muro del opuesto lado encontramos también restos de pinturas murales con imágenes de santos, que parece que decoraban el muro de fondo de otro sepulcro”[35].


He intentado localizar los restos que depositó en el Museo Municipal, al que por entonces el erudito se hallaba vinculado. Parece ser que, después de diversos avatares, la mayor parte de los fondos de éste pasaron al Museo Arqueológico, siendo destinado el resto a una pobre ubicación en el patio del Convento de Santa Clara. Doña Carmen Martín, ayudante y bibliotecaria del museo, ha tenido la gentileza de buscar el registro de las piezas que me interesaban, pero no le ha sido posible encontrarlo: posiblemente nunca fuera realizado. A su vez, el sr. director del museo, D. Fernando Fernández, me condujo hasta un trozo de escayola que resultó ser un fragmento de un vaciado de un arco polilobulado que presentaba decoración floral estilizada, de tradición hispano-musulmana, en las enjutas[36]. Estos restos, que no presentan ningún tipo de indicación de procedencia ni cronología, pudieran tal vez pertenecer al vaciado de la decoración del sepulcro del que nos habla Gestoso.

En el propio edificio parece no quedar vestigio alguno de los hallazgos funerarios del erudito. Sin embargo, la madre Mª Luz Cid, superiora del monasterio, descubrió hace ya varios años, en el muro oriental del intradós de la hoy cegada puerta de comunicación entre la capilla del Obispo y el presbiterio, un arco apuntado tallado en la piedra. Por su forma parece ser un arcosolio funerario. Es posible que se trate del sepulcro que según Gestoso apareció en el muro del evangelio, que presentaba el fondo decorado con pinturas murales de imágenes de santos. Hoy día el arco se halla descubierto en su mayor parte (es visible desde el patio), siendo utilizado a manera de gruta artificial para una pequeña imagen de la Virgen.

Las fuentes documentales no suelen ser generosas frente al estudioso del arte medieval hispalense, pero, como estamos comprobando, han hecho una excepción con el convento de los santiaguistas. Así, el libro de visitas de 1498 ofrece sustanciosas noticias sobre las tumbas que se podían hallar en el ábside:

“Está delante el altar un bulto dalauastro, donde se dise que está el maestre Don Lorenço Suares de Figueroa, que fue de la dicha orden, el qual está bien fecho. Ay otras dos tunbas bien fechas, la una dorada, e ay otra sepoltura donde se dize que está el comendador mayor sobrino del dicho maestre, que está debaxo de un arco labrado de jesería muy bien obrado e dorado, con un mocárabes ençima muy bien fecho, e de dentro deste arco está una puerta pequenna por do subir a lo alto de la capilla, e junto esta (?) sepultura está otra sepoltura bien fecha.”[37]

¿Quién es el "comendador mayor sobrino del dicho maestre"? Seguramente se trata de otro personaje también llamado Lorenzo Suárez de Figueroa, que era comendador mayor de León cuando su tío estaba al frente de la orden[38]. Pero lo que más nos interesa es el carácter inequívocamente mudéjar de la sepultura. No se trata de aquella de la que Gestoso realizó un vaciado, pues ésta se encuentra en el lado del evangelio, y aquella en el de la epístola, pero posiblemente no presentaran una estética muy dispar. Especial interés reviste el "mocárabes ençima". Recordemos que en Toledo tenemos varios sepulcros adosados al muro que presentan un friso de mocárabes en la parte superior. Entre ellos, el del infante Fernán Pérez (H1242) en el convento de Santa Fe, el de Fernando Gudiel (H1278) en la catedral, o el de Lupus Fernandi (H1312) en el claustro del convento de la Concepción Francisca[39]. También dentro del mundo funerario, pero sin salirnos de Andalucía, se conservan frisos de mocárabes en la capilla real de Córdoba o en la capilla de la Aurora (antigua de la Piedad) de la iglesia sevillana de Santa Marina. Hemos de suponer que existieron muchos ejemplares más, destruidos sin remedio con el paso de los siglos.

De las otras tres tumbas que se mencionan, posiblemente dos de ellas pertenecían a sendos personajes de los que nos consta que se enterraron en la iglesia de este convento: Arias de Mosquera Moscoso y su hija Isabel de Mosquera, respectivamente padre y hermana del ya mencionado Vasco Mosquera. Como ha señalado el profesor Sánchez Saus, el linaje Moscoso-Mosquera, de ascendencia gallega, se había establecido en Sevilla a la sombra del poderío del Maestre. Así, Suer Vázquez de Moscoso, casado con la hermana de éste, fue comendador de la orden y veinticuatro de Sevilla. Su hijo, Arias de Mosquera, también comendador, y los hijos de éste, Vasco e Isabel de Mosquera, fueron los que se enterraron en el convento que nos ocupa. Cuando ésta (que fue esposa de Enrique de Guzmán, II Conde de Niebla), presa de una enfermedad, hizo testamento en 1431, solicitó ser enterrada en Santiago de la Espada, junto a su padre, vestida en hábito de dominica[40]. A su hermano, como veremos, no le bastó con un lugar en el ábside, y decidió construirse una capilla propia. En cuanto a la tercera tumba que se encontraba en el ábside, de momento no podemos afirmar nada.

Es el momento de reparar en la existencia, en 1501, de "un lienço azul guardapolvo con un cordero pintado en él, y las armas del conde de Feria" en el altar mayor[41]. Por libros de visita muy posteriores, sabemos que se trata del segundo conde, Gómez Suárez de Figueroa y Manuel (H1505), que fundó una capellania en nuestro convento[42]. Este personaje, bisnieto del Maestre, fue gobernador de Castilla y León, y concentró en sus manos abundante poder[43]. Por otra parte, sabemos que en 1509 se gastan 6.093 maravedíes "en complimiento del ánima de Doña Leonor de Figueroa, que dexó a la casa çiertos bienes"[44]. Ignoramos si ella llegó a enterrarse en el convento. Lo que sí sabemos es que fue hermana del segundo conde de Feria, y por tanto también bisnieta del Maestre. Además, estaba casada con Pedro Ponce de León, primo tercero suyo, igualmente bisnieto del fundador de Santiago de la Espada[45]. A su vez, nos habla Rodríguez de la limosna entregada por el tercer conde de Feria en 1514[46]. Sumemos a todo esto la repetida aparición del escudo de los Figueroa: hoy lo vemos esculpido en los canecillos de la cornisa del sector oriental de la iglesia, pero antiguamente también lo encontrábamos pintado en la cara interna de la plementería, como nos relata el libro de la visita de 1549[47].

Resulta pues evidente que existió un vínculo especial entre los condes de Feria y los Mosquera-Moscoso con el convento santiaguista hispalense. Lo que, de momento, no podemos aún calibrar es hasta qué punto esta vinculación fue uno de los motores del desarrollo de las obras constructivas a lo largo del siglo XV.

Por otra parte, los enlaces matrimoniales de los Figueroa permitieron que se enterraran en el templo otras familias (Guzmanes, Añascos)[48]. También lo hizo algún prior del convento, como el humanista Benito Arias Montano. Fallecido en 1598, el mismo año que el rey al que sirvió, Felipe II, fue sepultado en 1605 en el lado de la epístola de la capilla mayor[49]. El sepulcro, realizado en 1605, presenta algunos arcaísmos que se han explicado en función de la voluntad de hacer juego con el del Maestre[50]. Como aquél, también se encuentra hoy depositado en el panteón de sevillanos ilustres.

Sin duda, a lo largo de la Edad Moderna se realizaron otros enterramientos en el templo. Pero de ellos apenas tenemos constancia, y no parece que determinen de manera fundamental la comprensión del edificio.

3.2. La capilla del Obispo.

De ella hoy día sólo nos resta un lienzo mural con un par de rehundimientos, al que se adosa un pilar de sección cuadrangular rodeado en sus tres lados exentos por una línea de imposta, de la cual parte el arranque de un nervio pétreo apoyado en una ménsula que presenta una tosca decoración vegetal. Al llegar a cierta altura, el pilar se transforma en un grueso arco de sección rectangular que en origen debía de ser fajón, posiblemente el arco toral. El nervio es de base no muy amplia, escaso molduraje en la zona intermedia, y bocel ligeramente apuntado que presenta un delgado filete en la punta. Esto nos delata una indudable cronología anterior a la de la iglesia hoy conservada, que presenta unos nervios de base ancha y amplias molduraciones, propios del gótico tardío. La comunicación con la iglesia se realizaría a través del vano hoy cegado ya anteriormente mencionado, actualmente enmarcado por una portada gótica de cantería posiblemente trasladada desde otro lugar del edificio.

Los libros de visita nos permiten conocer cómo era el interior de este recinto:

“Ay otra capilla que se dize del obispo hijo del dicho maestre, el qual está de bulto dalauastro muy bien hecho, e un altar bien ornado. E es la capilla de bóveda e bien solada de ladrillo con sus azulejos, e está ocupada de madera.”[51] (1498)

“La (capilla) de la mano yzquierda tiene un altar y gradas de azulejos, y en medio della está un tunbo de piedra y yeso, y encima del un bulto de lo mismo, que dixeron que hera de Don Lorenço Suárez, obispo que fue de Badajoz, hijo del Maestre Don Lorenço Suárez.”[52] (1549)

“Y bolviendo a la dicha yglesia, en la otra nave que tiene otra puerta al setemptrión, y en entrando por ella a la mano yzquierda está otra capilla de cruzería, y en ella un altar. Y en el arco toral della está una reja de hastas de plata, digo de palo. Y dentro de esta capilla está un bulto labrado de un entierro que se haze relazión en la visita pasada, del obispo de Badajoz hijo del maestre Don Lorenzo Suárez de Figueroa, maestre que fue de la Orden de Santiago, que fue de este conbento.”[53] (1604)

Sabemos que el segundo hijo del maestre, llamado también Lorenzo Suárez de Figueroa, fue obispo de Badajoz entre 1444 y 1461, aproximadamente[54]. No es posible precisar los motivos exactos por los que este personaje vino a enterrarse a un punto tan alejado de su diócesis, pero es de suponer que entre ellos estaría el deseo de yacer junto a su prestigioso padre. Las fuentes son contradictorias acerca del material en el que estaba realizado: en el libro de 1498 se dice que era de alabastro, como el de su padre, mientras que en el de 1549 se afirma que era "de piedra y yeso".

Por lo demás, se evidencia a las claras que la capilla del Obispo era un espacio cubierto con crucería que ejercía de cabecera de una nave cubierta de madera, sin duda una iglesia cronológicamente anterior a la que hoy se conserva. Aunque podría pensarse que se trata de la capilla allí existente anterior a la fundación, si aceptamos lo que nos decía Zúñiga hay que concluir que nos encontramos ante la iglesia que el Maestre dejó comenzada a principios del XV para su enterramiento: cuando se trasladan los sepulcros a la nueva, el del obispo se quedaría en dicha capilla, que a partir de entonces pasaría a ser nombrada por el enterramiento que albergaba.

¿Cuándo desapareció esta construcción? Si en el libro de visita de 1604 se afirma que la iglesia tiene dos naves, y que existe la capilla del Obispo, y en el de 1721 sólo hay una y no existe tal capilla -al menos no se la menciona-, resulta evidente que la desaparición tuvo lugar en un momento indeterminado del siglo XVII, tal vez en su primera mitad[55].

3.3. La capilla Mosquera.

Ocupa en planta un rectángulo adosado al muro meridional del sector que hemos denominado presbiterio, resultando algo menos ancho que éste, pero casi tan largo, ya que ocupa todo su lateral sur. Se abre completamente a occidente mediante un gran arco de piedra apuntado, cuya embocadura alcanza toda la altura y casi toda la anchura de la capilla. Una bóveda de crucería simple, con espinazo, precede a una cabecera de planta rectangular que se transforma en pentagonal en la parte superior mediante un par de trompas de arista viva. La prolongación del espinazo termina en seis nervios radiales que descansan en una línea de impostas. En conjunto, se trata de una réplica simplificada, a menor tamaño, del sector oriental de la iglesia. Ello pone de manifiesto la indudable búsqueda de prestigio por parte del matrimonio Mosquera, que no sólo levanta una capilla propia, sino que lo hace a imitación del lugar donde se enterraban sus familiares, entre ellos el Maestre.

Las fuentes ofrecen interesantes datos. Por ejemplo, el libro de la visita de 1498:

*E está la capilla bien solada de ladrillo, e en medio un bulto que pareçe de madera, cubierto con un panno de lienço negro e çiertas armas a la redonda.+[56]

El sepulcro mencionado ha de pertenecer con toda probabilidad a Vasco Mosquera. El que no presentara yacente, sino tan sólo una decoración heráldica, demuestra la pervivencia de antiguas y arraigadas tradiciones[57].

Extrañamente, desde 1604 los libros de visita no mencionan la existencia de esta capilla. Tal vez se perdió el culto en ella, lo que puede ser comprensible si tenemos en cuenta que Vasco Mosquera y María de Quadros no tuvieron descendencia que se ocupara de mantenerlo.

 

4. Conclusiones.

Hemos visto cómo el templo del convento hispalense de Santiago de la Espada funciona como espacio funerario de su fundador, el Maestre Lorenzo Suárez de Figueroa, y de diferentes miembros de su familia vinculados con la orden de Santiago, fundamentalmente de la línea que había enlazado con los Mosquera. Así, podemos identificar los restos que se conservan al norte del conjunto con la capilla donde se enterró su hijo, obispo de Badajoz, y la actual sacristía como aquella que levantara para su enterramiento Vasco Mosquera, su sobrino-nieto. Igualmente hemos advertido la vinculación de los Condes de Feria, descendientes directos del fundador, con este convento. También se ha señalado la posibilidad de que la iglesia que hoy vemos sea en realidad no la que construyera el Maestre, sino una nueva, grande y costosa, levantada en la segunda mitad del siglo por promotores hasta ahora no totalmente definidos.

Por ello, a la hora de realizar un análisis histórico-artístico del edificio ha de tenerse en cuenta la importancia del patronato y de las costumbres funerarias, siendo necesario profundizar en la relación de estos elementos con la construcción de la iglesia nueva y de la capilla Mosquera. Ello tal vez pudiera aclararnos el desarrollo arquitectónico y algunas de las particularidades constructivas del mismo.

 


[1]Las aportaciones principales son las siguientes: J. GESTOSO Y PÉREZ: Sevilla monumental y artística, Sevilla, 1889-1892, reed. Sevilla 1894, tomo III, págs. 5-6 y 518-521. E. VALDIVIESO, y A. MORALES: Sevilla oculta, Sevilla, 1980, págs. 227-230. M. C. GUTIÉRREZ LLAMAS: "Estudio histórico-artístico del monasterio de la Asunción de Sevilla, de reverendas madres mercedarias", en Archivo Hispalense n1 202, tomo LXVI (1983), págs. 156-163.

[2]La iglesia del antiguo convento de Santiago de los Caballeros de Sevilla: una aproximación para su estudio histórico-artístico. Trabajo de investigación evaluado en el Departamento de Historia del Arte de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla, el día 13 de febrero de 1996.

[3]A. de MORGADO: Historia de Sevilla, 1587, reed. Sevilla, 1981, pág. 383.

[4]J. GONZÁLEZ Y GONZÁLEZ: Repartimiento de Sevilla, tomo I, Madrid, 1951, pág. 552. F. COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ: Sevilla en la Baja Edad Media, Sevilla, 1984, págs. 68 y ss.

[5]J. MATUTE Y GAVIRIA: Anales eclesiásticos y seculares de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, metrópoli de la Andalucía, continuación de los que formó D. Diego Ortiz de Zúñiga, t. II, Sevilla, 1987, pág. 244-245. S. MONTOTO DE SEDAS: Esquinas y conventos de Sevilla, Sevilla, 1983, pág. 159.

[6]Bullarium equestris ordinis S. Iacobi de Spatha..., Madrid, 1719, pág. 371. Es posible que el convento se fundara extraoficialmente en 1405 y la bula no se obtuviera hasta cuatro años más tarde. Pero no podemos descartar que Matute se hubiera confundido, y que promulgación de la bula, fundación y fallecimiento tuvieran lugar todos en 1409.

[7]Véanse datos biográficos en: P. de OROZCO y J. de la PARRA: Primera historia de la Orden de Santiago (manuscrito de la Real Academia de la Historia), Badajoz, 1978, págs. 382-386. F. de RADES Y ANDRADA: Crónica de las tres órdenes de Santiago, Calatrava y Alcántara, Barcelona, 1980, fols. 53-55. V. CARDEDERA Y SOLANO: Iconografía española, Madrid, 1855 y 1864, t. I, est. XXXVII. A. y A. GARCÍA CARRAFA: Diccionario heráldico y genealógico de apellidos españoles y americanos, Salamanca, 1939, t. 33, pág. 25. A. de FIGUEROA Y MELGAR: Estudio histórico sobre algunas familias españolas, Madrid, 1965, t. I, págs. 86 y ss.

[8]OROZCO y PARRA: ob. cit, pág. 384.

[9]Bullarium...: pág. 371. MORGADO: ob. cit., pág. 383.

[10]D. ORTIZ DE ZÚÑIGA: Anales eclesiásticos y seculares de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla. Ilustrados y corregidos por D. Antonio María Espinosa y Cárcel, ed. facsímil, Sevilla, 1988, tomo II, pág. 320.

[11]Pedro de Orozco y Juan de la Parra afirman que falleció en Alhambra en 1410, pero parece que se trata de un error: ob. cit., pág. 450.

[12]Ibídem. Sin embargo, se confunde parcialmente Zúñiga al afirmar que en el collar del perro "se ven grabadas letras Amad Amadis: palabras con que su dueño solía halagarlo", pues en realidad lo que se lee es el nombre del animal por duplicado: Amadís, Amadís.

[13]ORTIZ DE ZÚÑIGA: ob. cit., t. V, pág. 40. La fecha de 1599 es un lapsus del autor, pues en su momento dio la correcta, 1598.

[14]P. de MADRAZO: Sevilla y Cádiz, Barcelona, 1884, pág. 610. Posiblemente conoce la existencia de una iglesia anterior a la actual gracias a Zúñiga.

[15]D. RODRÍGUEZ BLANCO: "El monasterio de Santiago de la Espada de Sevilla", en Historia, Instituciones, Documentos, n1 6, Sevilla, 1979, págs. 11-13. Agradezco a D. Daniel Rodríguez la ayuda que me ha prestado durante la realización de este trabajo, sobre todo en relación a la consulta de los fondos documentales del Archivo Histórico Nacional.

[16]Ibídem, pág. 16. En los libros de visita se habla de dicho legado, pero no se especifica su fecha. Véase también M. A. LADERO QUESADA: "La orden de Santiago en Andalucía. Bienes, rentas y vasallos a finales del siglo XV", en H. I. D. nº 2, Sevilla, 1975, págs. 335-336.

[17]Sólo contamos con dos fechas seguras en la vida de Vasco Mosquera: en 1431, según el testamento de su hermana (que falleció joven), era menor de edad, y en 1477 los Reyes Católicos le amparan, junto a su esposa, en la posesión de Torralba. También aparece este nombre en un documento de 1446. GARCÍA CARRAFFA: ob. cit., t. 59, pág. 184. R. SÁNCHEZ SAUS: Linajes sevillanos medievales, Sevilla, 1991, 2 vols., págs. 207 y 394.

[18]J. CARRERO RODRÍGUEZ: Anales de las cofradías sevillanas, Sevilla, 1984, págs. 396-397. R. CAÑIZARES JAPÓN: "Sobre el origen de la Soledad" en Soledad n1 62, Sevilla, 1995, págs. 18-19.

[19]CARRERO: ob. cit., págs. 396-397. El claustro mencionado no es el clasicista que hoy centra la clausura de las mercedarias, sino uno de morfología mudéjar actualmente desaparecido.

[20]A. PASTOR TORRES: "La Soledad y Felipe II", en ABC de Sevilla, 14 de Marzo de 1994, pág. 56. A. PASTOR TORRES y R. CAÑIZARES JAPÓN: "El primer palio de la Soledad", en ABC de Sevilla, 5 de Abril de 1996, pág. 38. Agradezco D. Alvaro Pastor, compañero de estudios universitarios, la información que me ha facilitado acerca de la estancia de la hermandad de la Soledad en el convento santiaguista.

[21]CARRERO: ob. cit., págs. 396-397.

[22]En próximas publicaciones se abordarán estos elementos con mayor detenimiento.

[23]MATUTE: ob. cit., págs. 244-247.

[24]MONTOTO: ob. cit., pág. 160. GESTOSO: ob. cit., t. III, pág. 6. J. GONZÁLEZ DE LEÓN: Noticia artística de todos los edificios públicos de esta muy noble ciudad de Sevilla, Sevilla, 1844 (reimpresión, 1973), pág. 242.

[25]GESTOSO: ob. cit., t, III, págs. 518-521. No parece oportuno razonar ahora si es conveniente aplicar el término "mudéjar" a este edificio.

[26]GUTIÉRREZ: ob. cit., págs. 156-162.

[27]Los libros de visita se encuentran en el Archivo Histórico Nacional, sección Órdenes Militares, entre los libros manuscritos. Por ello, en las notas sólo indicaré la signatura del volumen correspondiente y la numeración de página. En este caso se trata del 1105-C, pág. 305.

[28]Libro 1111-C, pág. 157.

[29]Libro 1467-C, sin numerar.

[30]M0 del Carmen Gutiérrez afirmó, remitiéndose a modelos cistercienses, que estos restos debían de corresponder a la sala capitular. Tal hipótesis queda descartada. Curiosamente, planteó "otra posibilidad, muy remota, y es que fuesen los comienzos, nunca acabados, de una iglesia o capilla paralela, similar al ejemplo que nos ofrece San Isidoro del Campo -Santiponce- (Sevilla)". GUTIÉRREZ: ob. cit., págs. 158-159. Como vemos, no resultaba tan remota, si bien no se trata de los comienzos, sino de los restos, de una nave paralela.

[31]Libro 1107-C, págs. 1088-1090.

[32]D. ANGULO IÑÍGUEZ: Arquitectura mudéjar sevillana de los siglos XIII, XIV y XV, reed. Sevilla, 1983, págs. 48 y ss., y 123. GUTIÉRREZ: ob. cit., págs. 156-163. Estos aspectos los he desarrollado en el trabajo de investigación ya citado, e irán siendo presentando en próximas publicaciones.

[33]CARDEDERA: ob. cit., sin numerar. J. BERNALES BALLESTEROS: "Retablos y esculturas", en Universidad de Sevilla. Patrimonio Monumental y artístico, Sevilla, 1986, págs. 84-88.

[34]Libro 1111-C, pág. 157.

[35]GESTOSO: ob. cit., t. III, págs. 520-521.

[36]La altura máxima de esta pieza es de 68 cms, y su anchura máxima de 50 cms. El diámetro de cada lóbulo es de 10 cms. Agradezco al sr. director y la sra. ayudante del museo su amable ayuda.

[37]Libro 1102-C, pág. 268.

[38]GARCÍA CARRAFA: ob. cit., t. 33, pág. 23. RADES: ob. cit., fol. 55.

[39]B. MARTÍNEZ CAVIRO: Mudéjar toledano. Palacios y conventos, Madrid, 1980, págs. 52-57. J. M. AZCÁRATE RISTORI: Arte gótico en España, Madrid, 1990, págs. 81-83.

[40]*...mando que sea enterrado mi cuerpo en la iglesia del Monasterio de Santiago de los freyles de Santiago del espada (...) en la sepoltura donde está enterrado el dicho mi padre+. Real Academia de la Historia, Salazar, M-1, fol. 63 ver. Murió siendo aún joven, pues por entonces su madre aún vivía, y su hermano Vasco era menor de edad. SÁNCHEZ: ob. cit., págs. 207-209.

[41]Libro 1105-C, pág. 305.

[42]Libro 1470-C, págs. 372 y ss.

[43]GARCÍA CARRAFA: ob. cit., t. 33, págs. 26 y 27.

[44]Libro 1108-C, pág. 1416.

[45]GARCÍA CARRAFA: ob. cit., t. 33, pág. 27.

[46]RODRÍGUEZ: ob. cit., cuadro n1 3.

[47]Libro 1111-C, pág. 160.

[48]ORTIZ DE ZÚÑIGA: ob. cit., t. V, pág. 40. Libro 1470-C, págs. 372-387.

[49]Libro 1468-C, fol. 7 anv.

[50]BERNALES: ob. cit., págs. 88-91. No nos detenemos más en esta obra porque resulta ajena a la época medieval en la que nos estamos moviendo.

[51]Libro 1102-C, pág. 268.

[52]Libro 1111-C, pág. 157.

[53]Libro 1467-C, sin numerar.

[54]GARCÍA CARRAFA: ob. cit., t. 33, págs. 25 y 26. Dicionario de historia eclesiástica de España, Madrid, 1972, t. I, pág. 176. Solano de Figueroa afirmó que el obispo Fernando, que vistió la mitra de Badajoz durante las dos últimas décadas del siglo XIV, fue también hijo del Maestre y que se enterró en Santiago de la Espada. J. SOLANO DE FIGUEROA Y ALTAMIRANO: Historia eclesiástica de la ciudad y obispado de Badajoz (manuscrito del siglo XVI), primera parte, Badajoz, 1929, t. IV, págs. 84 y ss. Sin embargo, este personaje no aparece en el Diccionario... ni en la obra de García Carrafa. Es posible que Solano de Figueroa confundiera la lápida y el nombre del obispo Lorenzo Suárez de Figueroa con los del misterioso obispo Fernando que al parecer desempeñaba este cargo a finales del XIV, y que murió antes de que se fundara el convento hispalense. Por otra parte, hemos de señalar que un nieto del Maestre, Gómez Suárez de Figueroa, fue también obispo de Badajoz, ya en el último tercio del XV.

[55]En 1667, fecha en la que se edita la obra de Zúñiga, la iglesia primitiva se hallaba arruinada, aunque no sabemos si el analista se refería sólo a la nave, o también lo estaba su cabecera.

[56]Libro 1102-C, pág. 268.

[57]J. MARTÍNEZ DE AGUIRRE ALDAZ: "La primera escultura funeraria gótica en Sevilla: la Capilla Real y el sepulcro de Guzmán el Bueno (1248-1320)", en Archivo Español de Arte, n1 270 (1995), págs. 111-129.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho el artículo, que terminare y volvere de nuevo a leer. Gracias por publicarlo y darlo a los demas.
    Aparte:
    De tan insignificante me da hasta verguenza hacerlo
    Entre las llamadas 32 y 33 "escudo de las cinco hojas de parra, emblema de los Figueroa".
    Creo que son hojas de higuera ¿no?.

    Te vuelvo a dar las gracias ¡Que buen artículo!

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  2. Jajajajaja, ¡tiene usted toda la razón! Higueras de Figueroa, por descontado. ¿Cómo diablos se me ha pasado por alto un lapsus tan tonto y evidente durante todos estos años? Quizá porque me tire mi tierra, Jerez, que es la del vino y las hojas de parra. Gracias mil por señalar mi estúpido error y por leerme. Un afectuoso saludo.

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